La Constitución, sin demora     
 
 Arriba.    13/07/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA CONSTITUCION, SIN DEMORA

NOS proponemos dedicar comentarios editoriales a las líneas de mayor entidad que conforman el

programa de actuación del Gobierno, claramente agrupabies en cuatro grandes marcos:

políticoconstitucionales, de orden económico fiscal, de organización administrativa y de carácter

Internacional. En un orden lógiconormativo parece que el primer tema —por su posición, magnitud y

trascendencia— es el que se refiere a la elaboración, discusión y aproba ción de la Constitución de la

Monarquía española. La Constitución, por el mero hecho de existir, consolida al nuevo sistema político.

No gobierna a la vida real al detalle, pero supone un marco para la seguridad jurídica y se constituye en

orden de referencia para el pensamiento político al que puede reconducirse la actividad de las grandes

fuerzas políticas. El comunicado del Gobierno en relación con su declaración de Intenciones, hace

referencia a la próxima elaboración y remisión a las Cortes de un texto breve a manera de proyecto de

Constitución.

Todo aconseja que la elaboración de la Constitución se comience sin demora, y que su textura sea lo

suficientemente breve y abierta como para satisfacer convenientemente a las corrientes ideológicas

significativas del país y puede albergar la dinámica política y social del nuevo régimen. Una tesis

extendida y largamente acariciada por algunos grupos políticos antes de las elecciones, pretendía que las´

Cortes a constituir, a pesar de que el mandato legislativo se establece por una duración de cuatro años,

habrían de considerarse constituyentes y provisorias hasta la aprobación por el pueblo español de lo

Constitución de la Monarquía.

Nosotros sostuvimos en su tiempo que esas Cortes vendrían a ser un Parlamento rigurosamente

constituido, aunque a la naturaleza de su actividad y a las materias a regular le conviniera el carácter de

constituyentes. Si se logra con la colaboración de todos un acuerdo básico sobre los contenidos y formas

del ordenamiento jurídico-polítlco, no se ve razón de que por el solo hecho de haberse elaborado y

aprobado una Constitución, necesariamente hayan de convocarse elecciones n tan corta distancia de las

recientemente celebradas.

Sólo en el impensable caso de un desacuerdo pugnaz y sostenido entre los grandes partidos políticos

podría esa independencia provocar la necesidad de un pronunciamiento popular seguido de elecciones

generales. Si no es así, ha de entenderse que la colaboración entre ideologías políticas de tan variado

signo como los que alberga el Parlamento, acredita la vigencia de las elecciones generales celebradas el

pasado 15 de junio, y la suposición política de hecho robustece la previsión legal respecto a la duración de

la legislatura. Ocurre Igualmente que el fenómeno político y vital más importante que se avecina es la

estructuración de un sistema de autonomías siendo la autonomía primaria la que conviene a los países

españoles de una fuerte personalidad diferencial. Es urgente que el estatuto, acomodable a cada región, se

encuentre Incardinado en la Constitución. Este es un tema vertebral para la nación y no puede discurrir

mucho tiempo en régimen de provlsionalidad. Finalmente, no puede perderse de vista que nos

encontramos en alguna medida en una situación fundacional del Estado, del régimen político y, por

consiguiente, ha de generarse un ordenamiento jurídico coherente con el nuevo sistema. Es harto

Improbable que, sin la inspiración y fijeza de una norma constitucional puedan regularse los derechos

individuales y sociales con la estabilidad que precisan y que las relaciones sociales encuentren un marco

sólido. Por todo ello pensamos que la Constitución es lo primero.

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