Autor: Alonso Nadales, José Ramón. 
   El triunfo de Suárez     
 
 Pueblo.    17/06/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EL TRIUNFO DE SUAREZ

SE ha escrito que el PSOE es el «vencedor moral» de las .elecciones de ayer, y esto es posible; pero no lo

es menos que el vencedor material y absoluto ha sido Adolfo Suárez, que con el partido que encabezaba

ha logrado 168 puestos en el Congreso y más de un centenar en el Senado, acercándose a esa mayoría

absoluta —en el Senado la supera— que hace posible la labor de gobierno con las propias fuerzas, sin

necesidad de otro apoyo parlamentario. Se dice también que dentro de las antiguas y ahora clásicas

formas de gobernar en las naciones democráticas, el presidente llevará al Rey la dimisión protocolaria del

actual Gabinete, y que dentro de los mismos usos podría recibir de nuevo la regia confianza, continuando

así la brillante etapa de reforma que dio comienzo en julio del año pasado. Pocas veces, y esto hay que

decirlo sin triunfalismo vano, pero con verdad, el éxito de un político ha sido más arrollador y completo

en ,un plazo más apretado. Suárez ha acometido la reforma política? logró en las viejas Cortes la ley para

la Reforma; venció en el referéndum del pasado diciembre, y ahora, en las Cortes nuevas, su partido es

mayoritario. Cánovas preparó algo como todo esto desde la caída de la I República hastfc, la Constitución

de 1876, o sea, en tres años, y Suárez ha logrado algo mucho más difícil en sólo once meses y quince

días, batiendo todo los récords de celeridad y eficacia. Con los votos del pueblo español, cuyo

comportamiento ha -sido ejemplar y digno de un pueblo que ha aprendido mucho desde las amarguras del

pasado, la Unión de Centro Democrático aparece como arbitro de la nueva política, al tiempo que

asciende vertiginosamente una izquierda marginada a lo largo de cuatro décadas, y la derecha queda

catastróficamente desarbolada. Otro día habrá que analizar las complejas causas por las cuales hombre de

tanta valía y preparación como Fraga ha sufrido este descalabro, porque el gran ascenso del socialismo

tiene razones mucho más evidentes y claras. De no haber sido por la Unión de Centro, eso que según

acerbos críticos fue «invento» de Adolfo Suárez, esta España hubiera experimentado otra vez uno de sus

grandes movimientos pendulares, como los que desde 1814 han venido haciéndola áspera y casi

ingobernable. El «invento» sirvió para evitar ese gran salto en el vacío, y deja un plazo para que, como

sucedió con Sagasta en 1881, la izquierda moderada logre un día el Poder, cuando todos estemos

preparados para tal cambio. Pero ahora es la UCD la que tiene la fuerza parlamentaria, con una izquierda

poderosa y una derecha reventada. DEL triunfo de Suárez podrán sus crítieos cercenar cuanto les venga

en gana, pero la- futura Historia habrá de reconocer que el joven gobernante de Cebreros no es sólo un

táctico ni un maniobrero, sino un hombre de Estado que reforma leyes, modifica costumbres, rompe con

rutinas y logra mayorías, sabiendo captar la voluntad del pueblo en extraordinarias y complejas

circunstancias. Donde todos los viejos leones del próximo pasado habían ido fracasando desde el «espíritu

del 12 de febrero», el «espíritu de julio» triunfó en forma innegable, y Suárez adivinó los deseos del

pueblo y sirvió a la Corona, mientras otros dormitaban en el pasado, y se negaban a que el aire nuevo de

la reforma y de la democracia penetrasen en España. Se le ha llamado «joven» —¡como si ser foven

pudiera ser ofensa!—, inexperto, precipitado, impetuoso, imprudente..., y ha sido más experto y más

prudente que nadie. Conocedor de todos los gastados entresijos de la vieja política, ,1a nueva no ha tenido

para éí ni misterios ni trampas. Se las pusieron todas, y no pisó ni una, al tiempo que se asomaba al

mundo como portavoz de otra España. Un Rey de cuarenta años ha encontrado en este gobernante de su

generación al hombre necesario. La-España del presente sería invia-ble o inexplicable sin Adolfo Suárez.

En la verdad ´no hay halago. AL mismo tiempo es notorio la profunda voluntad de cambio, de bien

entendida socialización, de nueva forma de vida, que ha expresado nuestro pueblo en las elecciones

generales, donde ha venido a darse casi ese «fifty-fifty», o cincuenta-cincuenta, que parte en dos a la

pública opinión en todas las naciones occidentales, desde Suecia hasta el estuario del Tajo. El Centro

Democrático que ha triunfado parece mucho más próximo a las ideas jóvenes que a las viejas y clásicas

normas que nos han regido en el último medio siglo, y acaso entre socialización y libre mercado habrá de

buscarse el equilibrio necesario, acentuando cuanto sirve a la sociedad para que ésta se sienta bien

interpretada desde un socialismo acaso más sociológico que partidario.. Por ahí habrá de caminar sin duda

el nuevo´ equipo de Gobierno, tras uña reforma que no será sólo política, sino_también administrativa, sin

lenidades ni aplazamientos ni vaguedades. Hasta ahora sólo con la confianza regia, desde hoy con 275

parlamentarios elegidos por el pueblo, Suárez está en condiciones de gobernar, si así lo desea, con esa

gran fuerza que el pueblo le ha dado. Vencedor en la reforma, lo ha sido también en el logro democrático.

En la política de los pueblos siempre puede haber sorpresas, pero todo hace prever qué, expresándose en

vulgares términos, hay Centro Democrático para rato. Detrás, el nuevo socialismo, como aguijón y

acicate del cambio.

 

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