Reforma, política y burocracia     
 
 Pueblo.    17/06/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

REFORMA, POLÍTICA Y BUROCRACIA

TRAS el resultado de las elecciones nuestro país se dispone a iniciar una nueva singladura que todos

deseamos fecunda y próspera, y la cual exige, a todas luces, una sobre-dosis de esfuerzo común, Las

nuevas Cortes sellarán ia formación de un nuevo Gobierno y, con él, la pesada máquina político -

administrativa se-pondrá en acción con hombres distintos e ideas renovadoras. Ocurre, no obstante, que

el país sigue su marcha sin detenerse, y no puede privársele de un aparato estatal que también funcione, al

margen de celebraciones políticas, de euforias o de tristezas. Nos referimos, muy concretamente, al

problema de la Administración, en plena ebullición de cambio después de los escrutinios. Siempre ha

tenido el país la inveterada costumbre de espantar cualq u i e r atisbo de .racionalidad ad-m i n istrativista

—cuando se estaba en ello— porque cambiaba el ministro de turno, o un subsecretario, y «el nuevo»

equipo experimentaba entre nove-d a d e s, compromisos y lealtades. Nuestra España de-mocrática va a

necesitar, y muy a la cabeza, una organización auténticamente profesio nal en la coordinación de las

tarreas de gobierno, esas tareas que no se circunscriben al lucimiento ante la galería, sino que se for--j añ

´en la difícil ecuación trabajo .-. prpfesionalidad. Se ha dicho que la llegada del ´Parlamento biCÉímeráí

debe´ traer uña "clarificación de funciones; es decir, que los políticos hagan su política en el hemiciclo, y

la Administración quede en manos de pro fesionales habitualeSj o sea de los funcionarios de carrera.

Quizá sea verdad. De todos modos, lo cierto es que la nación no saldrá de sus problemas con simples

apelaciones. Hay que ^ponerse a traba-? jar, y para ello es menester nacerlo organizadamente y sin perder

energías. La máquina oficialista es necesaria. La burocracia que pretenda escapar de la claridad y ¿a

veracidad hace temblar. Estos suelen ser días abonados a un cierto deseó ntrol de misiones. Quienes

saben que dejan sus puestos directivos se preocupan más del dónde irán a parar que de solu-c i o n a r los

problemas nuestros de cada día. Ingrata sensación, pues, la que se causa a los ciudadanos, que se

enfrentan a c o n f lictos cotidianos, al margen de que estén en el Poder unos u otros. El «impasse» que ha

comenzado debe regularse por los propios interesados, en. nuestra opinión, merced a un llamamiento a la

ética de la responsabilidad. La mejor manera de trasladarse el relevo es aguantando cada palo su vela, sin

regalar herencias penosas ni —extremo contrario— poner parches de urgencia sobre lo que requiera

reflexión. El cambio dura pocos días. Pero suficientes, de todos modos, para dejar semipa-ralizada la vida

de nuestra Administración pública, salvo que el buen hacer ´se .Imponga sobre la pasión: y- -el

abandonismo; Con "la reforma ha llegado la h o r a , de que ios políticos estén en las Cámaras, y la buro-

cracia, encargándose da sus específicas funcione^, sin que las crisis sean una rebatiña de direcciones

generales, de subdireccio-nes, de jefaturas de sección o de delegados provinciales. Así funcionará España,

cumpliendo cada cual las funciones que le corresponden y por las cuales ha optado. Política y burocracia

deben vivir juntas, pero en esferas separadas. El reinado de los interinos Q «nombrados a dedo» ha de

darse por concluido cuanto antes.

 

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