López de Letona, en RTVE. 
 Nuestro déficit exterior, el mayor de Europa     
 
 Arriba.    13/07/1977.  Página: 8-9. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

López de Letona, en RTVE:

NUESTRO DEFICIT EXTER

«Lo importante de las medidas adoptadas por el Gobierno no es tanto la aceptación de la

devaluación de la peseta como el programa económico diseñado para combatir la inflación»

«No nos hemos esforzado por adaptarnos a las nuevas circunstancias de la economía mundial

y reducir fas tasas de inflación»

«Un cambio sobrevaluado castiga las exportaciones y estimula las importaciones»

MADRID. (De nuestra Redacción.)—Don José María López de Letona, gobernador del Banco

de España, pronunció anoche ante les cámaras de Radiotelevisión Española el siguiente

discurso:

•El Gobierno, al estudiar las líneas generales de su proyecto de actuación económica, se ha

encontrado con la realidad de una peseta claramente sobrevaluada, tanto en las estimaciones

interiores como en la apreciación generalizada de todos los mercados exteriores.

Ante esta situación, el Gobierno se ha visto en la necesidad de permitir que la peseta encuentre

un tipo de cambio mes realista, mediante su flotación en el mercado de divisas, como paso

previo e Inexcusable a todo su plan de actuación posterior.

Frente a esta medida de indudable trascendencia es natural que la opinión pública se pregunte

sobre las consecuencias de la misma. Mi Intervención de esta noche tiene por objeto —dentro

del compromiso de claridad y transparencia Informativa que desde el primer momento está

decidido a asumir el Gobierno— facilitar unos datos que expilquen la medida y las razones que

han llevado al Gobierno a considerarla inevitable.

El cambio, reflejo de la situación

El tipo de cambio de una moneda es simple reflejo de la situación de la economía. A medio

plazo, su evolución viene determinada, de un modo aproxima* do, por el comportamiento del

saldo de las compras y ventas de bienes y servicios det país al resto del mundo. SI ese saldo

es negativo y grande y aumenta continuamente, se puede estar seguro de que la moneda del

país Irá perdiendo valor en los mercados de cambios. Pero la evolución de ese saldo viene

determinada, a su vez, en buena medida, por la relación entre la tasa de Inflación padecida por

et país y el ritmo de Inflación registrado por los demás. De modo que sí los precios y fos costes

de una economía aumentan a mayor ritmo det que lo hacen en los países competidores, el

saldo de sus compras y ventas de bienes y servicios al resto del mundo tenderá a empeorar de

modo persistente y el ttpo de cambio de su moneda frente a las demás se depreciará.

Esto es, dicho en pocas palabras, lo que ha venido sucediendo en la economía española

durante los últimos años. El alza del precio del petróleo fl finales de 1973 supuso para España

un golpe muy duro, pues, como todos ustedes saben, nuestro pafs tiene escasos recursos

energéticos propios, y depende, en gran medida, de las Importaciones de petróleo. Nuestra

cuenta de petróleo aumentó muy rápidamente en unos 3.000 millones de dólares anuales, de

modo que el saído resultante de las operaciones en bienes y servicios con el extranjero, más

las remesas de emigrantes —es decir, lo que suele denominarse el saldo de la balanza de

pagos por cuenta corriente— pasó de registrar un superávit de «nos 550 millones de dólares en

1973 a mostrar un déficit de 3.230 millones de dólares en 1974. Pero lo más grave es que este

déficit no ha hecho sino aumentar desde entonces, alcanzando los 3.550 millones de dólares

en 1975 y los 4.250 millones de dólares en 1976, y no hay duda ninguna de que este año,

dadas Jas cifras registradas en el primer semestre, hubiera superado con creces los 5.000

millones de dólares

.

No basta con financiar el déficit, hay que corregirlo

Sin embargo, ya, a primera vista, parece que podríamos aspirar e financiar una parte

Importante del déficit del petróleo con empréstitos exteriores durante bastantes años. El

endeudamiento exterior de España — que se sitúa en algo más de 12.000 millones de

dólares— no es aún grave ni por su volumen ni por su estructura, y tenemos todavía márgenes

importantes da toma de préstamos en los mercados financieros Internacionales. Pero ni esa

capacidad de endeudamiento es Ilimitada ni es posible pensar que nuestros prestamistas

potenciales puedan contemplar sin recelos cómo aumenta nuestro voluminoso déficit exterior

por cuenta corriente año tras año. No basta con financiar e) déficit, hay que corregirlo, porque si

no lo corregimos acabaremos sin poder siquiera financiarlo. Hay que insistir en que nuestro

déficit es hoy e! mayor de todas I e s economías europeas, y que ha llegado a representar un

10 por 100 del déficit total del mundo con los países exportadores de petróleo.

¿Y por qué otros países tan duramente afectados como nosotros por la crisis del petróleo, que

tenían hace tres años un déficit exterior mucho mayor que el nuestro, han conseguido reducirlo,

mientras nosotros lo aumentábamos? Pues muy sencillo: por que esos países han hecho un

gran esfuerzo por adaptarse a las nuevas circunstancies de le economía mundial y reducir sus

tasas de Inflación, y nosotros no lo hemos hecho. Y, en consecuencia, nuestra tasa de Inflación

ha seguido aumentando con creciente Intensidad. Desde el año 1973, los precios de los países

industrializados han aumentado un 44 por 100, pero nuestros precios se han Incrementado un

88 por 100 en ese mismo período. En los últimos tres años, la gran mayoría de los países

Industriales han conseguido reducir a la mitad su tasa de Inflación, pero nosotros la hemos

doblado. Esta es la razón última de que nuestro déficit exterior haya aumentado de modo

continuo. La subida acelerada de nuestros costes y precios perjudica ía capacidad de

competencia de nuestros bienes y servicios, y la brecha de las cuentas exteriores, en vez de

cerrarse, se amplia. Esta es también la razón última de la tendencia a la depreciación de

nuestra moneda en ios mercados de cambios.

Un cambio sobrevaluado castiga las exportaciones y estimula las importaciones Claro está que

un tipo de cambio artificial y sobrevaluado puede mantenerse durante algún tiempo trente a la

opinión generalizada de los mercados, aunque ello Implica crear una demanda artificial de la

moneda nacional y aceptar pérdidas importantes en las reservas exteriores del pafs. Y de

hecho esto es lo que ha ocurrido en nuestro mercado en los últimos tiempos. En lo que va de

año hemos perdido más de 1.800 millones de dólares —de ellos, más de 1.000 millones en las

seis últimas s e martas—, para mantener un tipo d« cambio evidentemente sobrevaluado, pero

éste es un camino por el que no se puede avanzar Indefinidamente, y que no lleva a ninguna

parte. Un cambio sobrevaluado castiga las exportaciones y estimula las importaciones, y

cuando los mercados llegan al convencimiento unánime de que la situación es Insostenible ni

siquiera llegan ai país las divisas generadas por sus exportaciones. Piensen ustedes, por

ejemplo, en el caso del turismo durante los cinco primeros meses de este año ;el número de

turistas llegados a España ha aumentado un 14 por 100 en este

lOR, EL MAYOR DE EUROPA

El de la balanza de pagos está dificultando la superación del problema del desempleo»

período. Teniendo en cuenta el aumento de nuestros precios, esa mayor afluencia de turistas

hubiera debido proporcionar un Incremento en los Ingresos de divisas por ese concepto

superior el 20 por 100, pero la realidad es que el aumento de dichos Ingresos ha sido sólo del 5

por 100. En definitiva, el mantenimiento de un tipo de cambio artificial sólo conduciría, en breve

plazo, e una crisis del sector exterior que obligaría a la economía a una detención brusca, con

gravísimos costes sociales, y que Impediría la creación de nuevos puestos de trabajo.

Consecuencias de un cambio realista

Así, pues, el Gobierno, al permitir que la peseta pueda encontrar su nivel realista de mercado e

través de la flotación, se ha limitado a constatar una situación. Ha adoptado una decisión

inevitable, cuyo retraso sólo hubiera generado graves costes y dificultado el ajusto que la

economía está exigiendo imperiosamente. Un cambio realista estimulará las exportaciones,

eliminará el obstáculo qje viene Impidiendo la entrada de divisas y conseguirá la llegada de las

ya generadas —y, sin embargo, no recibidas— durante los últimos meses; facilitará la

necesaria reorlentaclón de los recursos hacia el sector exterior y hará posible la mejora del

déficit de la balanza de pagos por cuenta corriente que está amenazando gravemente la

continuidad del crecimiento de la economía española y dificultando decisivamente la

superación del problema del desempleo.

Es claro, sin embargo, que si la depreciación de la pesetas es simple reflejo de nuestro Intenso

proceso Inflacionista, este es el problema básico que hay que atacar en profundidad. Si se

mantuvieran los ritmos de Inflación actuales, la economía española no podría´ realizar los

ajustes necesarios y urgentes, y la balanza de pagos continuaría sometida a las presiones

desequilibradoras. Por ello, ío importante de (as medidas adoptadas por el Gobierno no es

tanto la aceptación de la devaluación de la peseta como el programa económico diseñado para

combatir la Inflación. Mientras mantengamos las actuales tasas de Inflación no podremos

corregir nuestros desequilibrios, y mientras no los corrijamos no lograremos despejar el futuro

da la economía y la sociedad española. A ese esfuerzo general y solidario ha convocado el

Gobierno mediante un programa amplio, profundo y enérgico, que no oculta la realidad de los

sacrificios necesarios, pero trata de ordenarlos con eficacia y distribuirlos con Justicia. El éxito

de ese programa depende de la colaboreción de todos los grupos sociales. Pero podemos

estar seguros de que, si esa colaboración se da, nuestro país conseguirá ´resultados análogos

a los de otros países que, teniendo hace poco tiempo tasas de inflación y déficit exteriores

análogos o superiores a los nuestros, han conseguido mejorar unas y otros enfrentando los

problemas con realismo y aceptando los ajustes necesarios a la nueva situación de la

economía mundial.»

Miércoles 13 julio 1977

 

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