Autor: Narvión, Pilar (CASANDRA). 
   Los senadores del Rey     
 
 Pueblo.    17/06/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Los senadores del Rey

Creo que no existe ninguna obra humana que sea completamente mala, ni la democracia orgánica, aunque

esta afirmación mía pueda escandalizar a algún despistado. Becuérdo el día que juró su cargo como

procurador el; profesor" Vían, rector magníf i c o de la Complutense. Había vestido Jas severas galas del

chaqué, no olvidó ni los guantes grises y los zapatos de. charol que ;ha-bía olvidado .todo el mundo,

incluidos sus compañeros de jura, que fueron de paisano a la ceremonia. Yo Ib observaba desde la tribuna

de Prensa y sentía un inmenso ^respeto por ese hombre tan respetuoso co» las formas, y viéndole jurar me

entró´ una grave preocupación. Hombres conio el réctor, ¿se presentar i a na las próximas elecciones de la

España democrática e inorgánica? ¿Era deseable enviar a la lucha electoral-a personalidades que deben

estar por encima de este tipo de zafarranchos y a las que debemos todos un mínimo de res-^ peto? ¿Es

bueno para unas Cortes que se prescinda de grande^ figuras nacionales que por sus méritos y sus saberes

son deseables en ellas, pero que no imaginamos lanzados a la lucha electoral? ¿No es mejor que este tipp

de personalidades se mañr tengan al margen de los partidos para que puedan ser respetados por todos y

todos admitan su autoridad y su consejo? Yo no podía imaginar a don Carlos Ollero corriendo por los

mítines, ai a la severa imagen de iba Valentín Silva Melera pegada por las paredes" dé la ciudad con la

mejor de sus sonrisas publicitarias, ni a don Julián Marías bajando de sus pedestales de intelectual

admirado y respetado, para mudar la conferencia por la sofla^ ma. ni a.1 insigne catalanista don Maucio

Serra-hima lanzado. a la caz a de votos por su, Cataluña, natal. Poniendo muy eri juego la imaginación

podía pensar: en Camilo Jose Cela haciendo; una campana electoral que no po-, día pareceré® a ninguna

:otra campaña electo r a 1; pero yo no encontraba ninguna satisfacción en la idea de que Celase echase

otra vez al campo, a la manera que él juvenil Oe-Ja se echó al campo para escribir el «Viaje a la Al-j c

arria», el «Viaje al Pirineo d« Lérida», el «Viaje andaluz», los «Apuntes carpetovetónicos» os u s

«Judíos, moros y cristianos», que Cela sé vaya a patear la geografía, de nuestros mayores cuando quiera,

pero no para cazar votos, que parece hasta impropio de un académico de la Española. Idéntico recelo me

amargaba mi ánimo ai pensar en Garvia Sabell, Sánchez Agesta o en Diez Alegría, o en José Luis

Sampedró, apuntándose a un partido y corriendo de coinicio en comicío. Ellos están para otras misiones,

otros estiles y diferentes responsabilidades. Este escape de los se-´ nador.es; del Bey es, a mi entender,

una feliz invención que permite al Monarca aplicar el correctivo necesario al Senado, nombrando él

mismo ía estos hombres que los españoles ´sabemos q«e´ son totalmente necesarios para la tarea del buen

gobierno de las Cortes del país; pero que los españoles ni imaginamos ni queremos lanzados a la lucha

electoral ea la que ellos: no deben dejar ninguna pluma. Bien venidD sea este correctivo real que tra» al

Senado ´tan formidable refuerzo de prestigio, serenidad, -sabiduría y prudencia, Ño puedo terminar estas

lineas sin apuntar, no obstante, un amargor que nos queda a las mujeres de España, «asi un 53 por 100 d´el

cuerpo electoral. Ya sabemos que la mujer no es muy propicia a la lucha electoral; ya sabemos que, en

general, los partidos las presentan en lugares de las listas donde hacen exclusivamente oficio :d´e- r e nt a

bles compañeras de campaña, miel para la pesca del voto f e m e n ino,. sin el «riesgo» de -que repré-

sente^ realmente en las Cortes a las mujeres del país. Yo esperaba que en este aspecto también los

senadores del Bey hiciesen justísima obra de elemento correctivo. Las dos mujeres que apare-cen en las

listas son dos´grandes aciertos. Pero me temo que el Rey se ha quedado un fpoco corto, jr que rer forzando

un poco más la voz femenina en él Senado hubiese gana do un tanto muy importante entre los millones de

mujeres ´de/éste país, que llevamos años pidiendo, bastante fútilmente, la participación normal de la

mayoría de la población —que es la femenina— en las responsabilidades políticas de España.

Pilar NARVION

 

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