Autor: Antequera, Luis. 
   Homologación     
 
 El Alcázar.    17/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

HOMOGOLACIÓN

Hace ya varias dios decía en un rograma de Televisión Joaquin Garrigues Walker, qne estuvo en s

Estados Unidos dorante el viaje ti presidente Suárez, qne d conse-jo qne fes repetían lo americanos a

todos los niveles era: "Por favor, no imiten a Italia, por favor no imiten Francia, por favor, no imiten a

Inglaterra". Y es qne los Estadas Unidas ¡tan preocupados con el giro qne m tomando las democracias

enrolas. El continuo deterioro de b economia, del orden público, de los sistemas monetarios, de los

valores morales, la proliferación del terro-ismo, el desgaste de las derechas y auge de las izquierdas con la

aparición de la nueva versión europeista" del comunismo, son motivos qne dan qne pensar en

Washington. Mientras tanto, en España vivimos una absurda manía de imitación, de "homologación".

Nada nuestro es bueno si no está homolo-gado con el resto de Europa, no importa qne sea bueno o malo.

Nuestra capacidad de homologación tanto mayor cnanto peor es el patrón europeo a imitar. Así ocurre en

b contaminación atmosférica, en la pornografia; con d número horas de trabajó perdidas, con el Turismo.

En todos estos casos mas superado b homolagatión tiendo los recors europeos. Veste complejo de

inferioridad podia sustraerse b Politica. Te-imos debute nuestra un mosaico de democracias; conocíamos

sus ventajas e inconvenientes. Temamos toda nuestra propia experiencia de los últimos ciento cincuenta

aftas; sabíamos en lo qne habíamos errado y en lo qne se podía acertar. Conocíamos todos los

inconvenientes del pluripartidismo que llega a hacer ingobernable a un país. Sabíamos lo nefasto qne

resulta para b democracia d marxismo y lo sufrimos en nuestra propia carne. Todo esto lo sabíamos. Pero

a b hora de hacer nuestra democracia, no se nos ocurre otra cosa que "homologarnos´´. Así pues, ya tene-

mos más de ciento cincuenta partidas políticos con eurocomunismo incluido; ya tenemos los sindicatos

politizadas y entregados a las izquierdas. Ya tenemos un Centro amorfo sin otra unidad qne b

circunstancial del momento electoral. El Centro, nos ha dicho en TV uno de sus líderes, "no es una opción

de gobierno sino una opción electoral". No hay que ser un unce para prever que pasadas las elecciones se

disolverá como un azucarillo en un vaso de agua. Ya tenemos bs huelgas violentas y los piquetes que bs

hacen posible. Ya tenemos las amenazas de ciertos líderes de izquierdas, bs mismas de Largo Caballero,

Prieto, la Pasionaria, en tiempos de b República. Ya tenemos nuestra economía por los suelos y d rencor y

d revanchismo en b calle. Ni en un punto, ni en una coma, hemos corregido ni nuestra experiencia ni los

moldes europeos. Parece como si buscáramos b piedra para tropezar con ella por segunda vez.

Ah ¡si los franceses o los italianos pudieran ahora arrancar como nosotros desde el principio! ¡Cuantas

cosas cambiarían, cuantas no volverían a repetir! Ya nos lo dijo Montanelli en televisión al pedirle d

locutor un consejo para nuestra incipiente democracia: "Estudien bien, analicen bien el sistema italiano y

hagan Vds. todo lo contrario". Este afán de homologación desenfrenado, que impide ver nuestros logros,

nuestros aciertas, está además, haciendo d juego a los grupos separatistas que pretenden liquidar todo d

legado dd Régimen anterior, sin querer comprender y admitir que hay mucho aprovechable en la herencia

que nos deparó la más torga era de paz que jamás conoció España, qne levantó al país de b pobreza y dd

subdesarrollo más profundo hasta colocarlo en b décima potencia industrial del mundo; qne cambió al

trabajador el hambre por el bienestar, bs alpargatas por d automóvil. No querer reconocer esta evidencia

seria d acto más suicida de la generación actual. Sepamos discernir lo bueno de lo malo.

Homologuémosnos con Europa en lo bueno qne tiene y conservemos lo mucho bueno que tenemos en

España, sin complejas. No es comprensible que un pueblo orgulloso e independiente qne descubrió

y colonizó todo un continente, qne creó con los Reyes Católicos el primer Estado de Europa y formó d

Imperio más grande de b Historia, que brilló en bs Letras y en bs Artes, en d Derecho y en b Teología,

caiga de repente en un complejo de "homologación´´. Sacudámosnos esta fiebre. Para eflo bastara con

sustituir d afán de homologa-dón por d de superación. Superarnos siempre, en lo nuestro y en lo ajeno. Y

así sm perder ni nuestra personalidad ni nuestra ideosincra-tia, seguiremos creando una España mejor.

Luis A. ANTEQUERA

 

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