Autor: Gibello García, Antonio (ALEXANDROS - NU). 
   ¿y ahora, qué?     
 
 El Alcázar.    17/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

¿Y AHORA, QUE?

AUNQUE "dificultades técnicas" surgidas ayer en la tabulación de los datos aconsejaron al Ministerio de

la Gobernación a suspender los trabajos de transmisión de resultados electorales, no cabe duda de que la

información recibida permite enjuiciar, con suficiente aproximación, el desenlace sufragista. El previsto

triunfo gubernamental se ha consumado. La presencia de Suárez al frente ´de la coalición de Unión de

Centro Democrático Verdadero pastel de liebre, sin liebre, elaborado desde la cumbre del Poder, venia a

constituir una garantía triunfal, difícilmente esquivable. De hecho, ha funcionado el artilugio que se

montó, meses atrás, mediante un pacto entre el Poder y la oposición. El resultado está a la vista. Todos

han ganado. El Poder, porque en él se mantiene Suárez. Y la oposición, porque con su acceso a. las Cá-

maras se aproxima a las áreas de decisión política en condiciones tan favorables que, con toda probabi-

lidad, el próximo Gabinete ministerial—que habrá de formarse, necesariamente, de manera inmediata —

contará entre sus huestes a los figurines más exquisitos de la intelectualidad socialista. De alguna manera,

la emoción del triunfo nubló por un momento la normal cautela del rivaj estético de Suárez hasta el punto

de declarar que, si el pueblo español lo decidía, estaba dispuesto a asumir la Presidencia del Gobierno.

Esta declaración de Felipe González —-cuyo "glamour" hético tiene más "charme" entre las mujeres que

la estudiada languidez del líder de Cebreros— habría inquietado a Suárez si en los resultados no hubiera

influido, de alguna forma, el previo pacto establecido. En cualquier caso, una valoración objetiva de los

datos permite enjuiciar asi los hechos. El triunfo de la Unión del Centro Democrático, apenas resulta

significativo. Que gane el Gobierno, cuando el Gobierno ha ^volcado todo su empeño en la operación

electoral, no tiene mérito alguno. Al fin y al cabo, seguramente resultarla de interés que se contara a los

españoles en qué grado de intensidad, con qué presión y eficacia han funcionado los cuadros burocrático-

administrativos del fenecido Movimiento Nacional, asimilados al gobierno en esa transmutación político

administrativa que cambió la denominación de Secretaria General del Movimiento por la de Secretaria

General del Gobierno. Ya; ya sabemos que el organismo de Alcalá 44 pasó a mejor vida —especialmente

sus titulares— transformándose en subsecretarías y direcciones generales de muy reciente creación. Pero

sus funciones son muy semejantes. Han cambiado de patrono, pero no de habito ni función. ¿O acaso no

siguen funcionando como "subgobernadores" los teóricamente desaparecidos "subjefes provinciales del

Movimiento"? Todo esto son menudencias. Por más que sean significativas. Lo verdaderamente im-

portante es que, después de estas elecciones, tan democráticas que algunos califican de históricas, el nue-

vo artificio parlamentario ya tiene cuerpo. ¿Y qué sustancia política va a nutrir en forma principal ese

cuerpo? Digo sustancia política, no accidente electoral. La respuesta es clara: el Centro carece de sustan-

cia.. Es una amalgama de difícil coexión. No ocurre lo mismo con los socialistas. En sus congresos

últimos, los socialistas fueron claros. Por boca de Felipe González, proclamaron que su partido era

"marxista, revolucionario y de clase". Esa es su sustancia. Añadieron algo más: que en cuestión de forma

de gobierno, eran partidarios decididos de la República. El triunfo electoral pone en sus manos la

iniciativa. Cualquiera que sea ésta, encontrara-rá el apoyo de sus fraternales correligionarios marxistas,

cuya proclamación de republicano no es dudosa. Esa va a ser la sustancia política con que se va a nutrir el

Parlamento en una etapa anunciada como constituyente. ¿Y qué se opone, como freno a esa tensión

marxista y republicana? La modesta presencia minoritaria de los hombres de Alianza Popular, cuya

espectacular derrota acaso traiga arrepentimiento a .la soberbia de algunos de sus líderes, a quienes es

atribuible, en plenitud histórica, la apertura del proceso rupturis-ta. ¿O no fueron ellos quienes abrieron el

portillo con el apoyo prestado en las suicidas Cortes del Franquismo a la ley para la Reforma Política?.

Que conste que entendemos lealmente que no es esta una hora para reproches. Pero, sin duda, los

arrepentimientos tardíos, si son sinceros, deben de asumir la parte de penitencia que les corresponde.

En este ^panorama nada halagüeño hay otros aspectos dignos de tener en cuenta. Ya hay Cortes

Constituyentes. Pronto habrá nuevo Gobierno. ¿Habrá igualmente solución para los múltiples problemas

reales que aquejan la vida nacional? Hay un enfermo crónico en estado de gran postración, en trance

critico, casi legal. La economía española alcanza unos índices ya intolerables de inflación, superiores al

treinta por ciento y, según prestigiosos economistas, tres veces superiores al promedio comunitario. Con

tal perspectiva económica, el prometido ingreso en la CEE quedará nuevamente aplazado y la demagogia

política que encerraba la promesa, se desbarata por si misma. Luego está el alto índice de endeudamiento

exterior, los déficits de las balanzas comercial y de pagos, y un largo etcétera que no enumero para no

resultar prolijo. Habrá que preguntar a los nuevos magos del próximo gobierno, con un cierto desgarro

madrileño: "¿Y ahora, qué?". Y a los nuevos magos, que tantas bienaventuranzas han prometido, que

tantos defectos e injusticias han atribuido a la oprobiosa dictadura dé Franco, no les cabrá el recurso

chulesco de contestar: "Ahora, na". Porque al pueblo español no se le puede engañar impunemente. Y ni

siquiera se lo merece, por más que haya quienes duden a la vista de los resultados electorales. Como en

las corridas serias, a los políticos de salón y propaganda, les ha llegado la hora de la verdad. En la arena

está un morlaco difícil y resabiado. Lleva los pitones de la economía astillados peligrosamente por los

encontronazos con las tablas. De vez en cuando, derrota a izquierda, por sorpresa. Vamos a ver que es lo

que hacen los que hasta ayer gritaban en los graderíos. El toro de la política es mucho toro. Y no es lo

mismo distraerlo a capotazos, como ha hecho desde hace casi un año el gobierno Suárez, que conducirlo

entero a la suerte suprema… Con el agravante de que aquí no cabe decir que "Dios reparta suerte", porque

los nuevos peones no creen en Dios y borrarán Su Nombre de la constitución.

Antonio GIBELLO

 

< Volver