Autor: Paso Gil, Alfonso. 
   Desmitificación de la izquierda     
 
 El Alcázar.    17/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

"digo yo que..."

DESMITIFICACION DI IA IZQUIERDA

URGE ya que nos propongamos seriamente la des-mitificación de la izquierda. De la misma manera que

la "gauche divine" ha procurado molestar todo lo posible y vetar, en el terreno de la cultura, a las

llamadas fuerzas derechistas, a mí se me plantea la necesidad de contar las verdades del barquero a esto

que se llama nebulosamente izquierda y que goza de un prestigio inmerecido. El Partido Comunista

afirma que no puede haber nada mas a la izquierda que él puesto que él es la izquierda por definición;

pero nosotros sabemos de sobra que el Partido Comunista no es nunca la izquierda. La hija de un viejo

militante me djjo como había escuchado de su padre una sentencia que por otra parte repitió Lenin

incansablemente: "Los intelectuales son la peste del comunismo". Y en efecto, lo son porque obran a su

antojo, son poco propicios a la disciplina y no admiten el pensamiento masificado que preconiza el

comunismo. Todo lo que se pueda decir sobre el comunismo está ya dicho y repetido. Y sobre la farsa del

eurocomunismo está más que ratificado.

Pero vayamos con eso que se llama la izquierda. ¿Por qué, insensiblemente, gran parte de la gente

identifica a la izquierda con el progreso, con la libertad y con el orden nuevo? Se trata de un tabú que es

necesario eliminar. Tenemos ejemplos muy a la mano y muy expresivos. No hablemos de Alemania

puesto que lo que ha levantado en realidad al pueblo alemán de su terrible crisis ha sido un capital

manejado inteligentemente y un sindicalismo perfectamente entendido. Concretémonos, por ejemplo a la

Francia de antes del treinta y nueve con su pujante Frente Popular y su verdadera debacle moral e

institucional. Quien levanta a pulso a Francia y quien logra por unos instantes que Francia sea el arbitro

de Europa es Charles De Gaulle, que calificaba a los izquierdistas como "esos niños de la m...". En

Inglaterra el mayor poderío y al propio tiempo los intentos de justicia social más concretos a partir de

1945 se deben a los "tories" ya que, tradicionalmente, el Partido Laborista se ha enfrentado con los

mineros de Gales y con los pescadores escoceses hasta puntos increíbles.

Son los gobiernos que traen orden y progreso aquellos en los que la izquierda tiene menor representación.

La izquierda está vinculada o al desorden o a la adoración mítica de la urna y el sufragio universal. Para

ella la libertad no consiste en el diálogo, sino en la discusión. Y todos mis lectores saben que de la

discusión nunca sale la luz y que hay cosas para las cuales no sirven de nada las urnas. La izquierda es,

por definición, siempre fragmentaria y disipadora. Soy de los que opinan que ambos conceptos, derecha e

izquierda han sido en nuestro tiempo gloriosamente superados. Un gran líder árabe, Moamar El Ghadaffi

ha escrito uno de los libros más interesantes que en materia política se pueden escribir. Su acusación a las

democracias europeas es devastadora y su falta de contemplaciones con la izquierda y la derecha, precisa

y exacta. Hay momentos en que uno piensa que El Ghadaffi ha leído a José Antonio o ha apoyado sus

razonamientos en muchas de las teorías políticas del fundador de la Falange.

La izquierda no significa nunca mayor progreso puesto que el progreso se consigue siempre con la paz, la

unidad y el esfuerzo común. La izquierda no significa nunca mayor libertad puesto que en medio de la

confusión toda libertad auténtica —las formales importan menos— perece inevitablemente. La izquierda

no ha significado nunca ni la estabilidad ni el orden necesario para conseguir una auténtica política social.

Las políticas sociales, aquellas que van en beneficio precisamente de los menos afortunados, exigen

responsabilidades máximas y no pueden estar expuestas a los dogmatismos de las opiniones encontradas,

o a cosa tan estúpida y tan pasada de moda que se llama la expresión Ubre. ¿Quie´n es Ubre de expresarlo

todo?. Expresándolo todo, incluso aquello que sintamos más sinceramente, podemos ocasionar verdaderas

catástrofes que ya no serán sociales desde el punto de vista que derrumban a los más débiles de la

sociedad.

Me gusta poner el ejemplo de la Revolución Francesa porque es palpable y está relativamente cercano. La

Revolución trae como consecuencia el terror. Se dirá también que trae como consecuencia los Derechos

Humanos, que por cierto no le fueron aplicados a ninguno de los condenados a la guillotina. En medio del

desbarajuste liberal solo un nombre enérgico, Napoleón, condensa las doctrinas revolucionarias y exporta

al mundo desde el sistema métrico decimal a los planes de urbanización, e incluso el formulismo de la

votación por sufragio universal. La derecha y la izquierda son un pataleo inútil, pero no olvidemos nunca

que la izquierda también lo es y que gran parte de los genios cocidos en la salsa de la "gauche divine" son

unos majaderos a los que cualquier crítico inteligente puede despachar con dos palabras. Suponiendo,

naturalmente, que el crítico no sea de izquierdas.

 

< Volver