Autor: Narbona, Francisco. 
 Andalucía. 
 Los socialistas optaron por el voto útil     
 
 Arriba.    19/06/1977.  Página: 24-25. Páginas: 2. Párrafos: 5. 

Los socialistas optaron por el voto útil

Como suele decirse en el mundo del teatro, «el éxito ha sorprendido a Ja propia empresa». Me refiero al

huracán socialista de Andalucía. Al menos se alzó con el santo y la peana, tratando de tú a la Unión del

Centro Democrático. No voy a dar cifras, porque son bien conocidas, pero sí sólo recordar que hace tres

meses señalé —y lo repetí en mi última crónica— que entre socialistas de diversas tendencias y

comunistas, la región andaluza iba a enviar a ías próximas Cortes más de 20 parlamentarios. Me quedé

corto. Ambos contendientes empataron a puestos en lo que al Congreso se refiere (28 por barba), mientras

en t& Senado se señaló una ligera ventaja para e* Centro, aunque habré que ver cómo se definen algunos

de los senadores independientes elegidos antes de saber cuál «s eí número exacto de los socialistas

andaluces en el Senado. Me han contado que los socialistas sevillanos hubieran hecho otra candidatura de

haber sospechado que Iban a lograr seis puestos. Pensaron que, cuando más, conseguírian tres o cuatro.

Contra los pronósticos que daban al Partido Comunista un alto porcentaje, la verdad es que sólo cobró

poco más de doscientos cincuenta mil votos. Bastante menos obtuvo Afianza Popular, que ai final se

quedó sin gente. Triunfó ía teoría del voto útil, y ios presuntos sufragios aliancistas emigraron en

masa al Centro. Es curioso, pero sumando los votos obtenidos por la Unión y Alianza dan una cifra

proporcional a ¡a que consiguió el 16 de febrero de 1936 la candidatura del Frente Nacional (que en 4a

provincia de SevilIa fue unido al centro portelista). Y lo mismo podría decirse de lo reunido por las

candidaturas de Izquierdas. Siempre teniendo en cuenta el aumento del censo en los cuarenta y un arios

transcurridos.

De los partidos andalucitas sólo han visto triunfar a sus peones, el Social Liberal, de Clavero Arévalo, y el

Demócrata Andaluz, integrantes ambos, con otras formaciones más endebles, de la Unión de Centro. Es

decir, que la opción andalucista iba ciertamente bastante diluida, aunque los diputados y senadores de

ambos partidos sientan honradamente la necesidad de servir a la región sin reservas centralistas. Del total

de ios 28 diputados de ía Unión del Centro elegidos en Andalucía —siempre se incluyen Ceuta y

Mejilla—, el Partido Social Liberal se apunta seis, y tres senadores; el Demócrata Andaluz, cinco

diputados y un senador. Los restantes se dividen en populistas de Pío Cabanillas, Socialdemó-cratas,

Democristianos de Alvarez Miranda e Independientes seguidores ó simpatizantes del Presidente Suárez.

El Partido Socialista de Andalucía, integrado en Unidad Socialista con el Partido Socialista Popular de

Tierno Galvan, se ha quedado compuesto y sin novio. Incomprensiblemente, porque en sus mítines y

festejos consiguió auténticas ´movilizaciones de masa. Se contaba, además,, con el prestigio indudable de

sus líderes Rojas Marcos, Uruñuela, Arredonda... Este partido era en realidad el único que se había

identificado con el ideal andaluz, tal como fue expuesto por Blas Infante precisamente en un de sus

últimos actos públicos organizados en Ronda en recuerdo de la Asamblea andalucísta promovida hace

casi sesenta años por aquél. Allí se entonó con emoción el himno de Andalucía, y Rojas Marcos declaró

que no era una quimera, ni mucho menos, soñar con un poder andaluz, capaz de defender a ultranza a 4a

ragión. Pero a la hora de la verdad, entre los socialistas andaluces predominó —también por aquella del

voto útil— 4a tendencia de votar a favor de Felipe González.

Queda que hablar del más solemne de los naufragados: la Democracia Cristiana. Tampoco pescó en aguas

andaluzas, a pesar de la sugestiva propaganda de «los hombres honestos». Pero con treinta mil votantes

en potencía en toda la región —en Sevilla, donde consiguieron la más alta cota ;los democristianos de Gil

Robles, sumaron seis mil quinientos sufragios— poco podían hacer. A nivel regional se produjo el fracaso

nacional. La soberbia en te política es también un pecado capital. El paseíllo final de los líderes

democristianos italianos —Aldo Moro, Rumor, Zaganini...— sirvió de poco. Para tales viajeros sobraban

las tres alforjas de la Democracia Cristiana Italiana. Oigamos, en fin, que el pueblo andaluz se comportó

admirablemente. Yo diría que votó con gran sentido de la oportunidad. Contra el estribillo de una famosa

canción mejicana, yo quiero recordar una frase de José Antonio que cito de memoria: «En política no

basta con llegar; hay que llegar a tiempo.»

Francisco NARBONA

(Sevilla)

 

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