Autor: Caparrós, Luis. 
 Galicia. 
 Sorpresas electorales     
 
 Arriba.    19/06/1977.  Página: 24-25. Páginas: 2. Párrafos: 5. 

GALICIA

Sorpresas electorales

Cuando escribimos esta crónica, aún con cierta anticipación al conocimiento de datos definitivos, que aún

tardarán algún tiempo en confirmarse, los resultados electorales en (Galicia parecen establecer como una

cierta paradógica coincidencia en síntomas contrarios que han sorprendido a! muchos y acaso deberá

obligar, a otros, a someterse a una cierta cura de modestia, ante la previa obstentación dé fuerzas que se

decían precisamente democráticas y que ahora las urnas se han encargado de desmentir en su

representatívidad.

Las coincidencias paradógicas anteriormente aludidas están, por una parte, en que siendo Galicia, una vez

más, una de las regiones españolas donde el índice de abstencionismo electoral acusó más´ elevado

porcentaje, este hecho, que parece tan exclusivamente conservador, se sincroniza con éi propio resultado

de Jas elecciones, en una región donde, pese a Han poco entusiasta participación numérica, el voto ha

sido clamorosamente mayoritario hacia lo que podríamos llamar moderación del centro, desviándose así

de la tendencia más ´bien contraria de otras reglones cuya problemática ante cuestiones cómo la

autonomía, federalismo y demás afanes descentralizadores se concreta en la últimamente usada expresión

de antisucursalismo.

Podría esperarse que estas Inclinaciones más o menos radicalizadas hada la autogestión tuvieran un cierto

exponente en las urnas, a juzgar y deducir por las actuaciones últimas que, al amparo de la tolerancia

nueva de una libertad durante tantos años reprimida, han tenido movimientos y oposiclones-protesta o

incluso violencia frente a una autoridad central a la que se ponía como protagonista de todas las carencias,

todos los atrasos y todo el evidente subdesarrollo del país. Y se identificaba todo ello con iun

enfrentamiento a los esfuerzos de transformación industrial, sobre el supuesto de que nacían de fina

voracidad capitalista, ajena a los propios Intereses del país gallego, al que se presentaba como víctima de

unos monopolios que, en busca de su exclusivo dividendo, pretendían hacer de Galicia algo así como el

basurero de España.., Sobre esta argumentación, tan claramente discutible en una geografía cuyos

habitantes han necesitado recurrir a «sos otros basureros de Europa, que son sus ciudades más

industrializadas y prósperas, desde Bruselas a Zurich y desde Barcelona a Hamburgo, incidentes como el

de As Enerabas y la plaza de Baldayo, ia marcha de oposición a la central nuclear de Chove y la larga

campaña contra la instalación de fábricas de celulosa, han parecido definir una actitud consecuente a una

fuerza numérica de gallegos que ahora, que es cuando «o povo xa salou», según ellos reclamaban en

legítima impaciencia por la democracia, se han encontrado desasistidos del indispensable calor popular

como para conseguir llevar a la (Cámara de Diputados o al Senado a algunos de lo* candidatos que

representaban los partidos o coaliciones que protagonizaban estas tendencias y actitudes.

Hay quien, por el contrario, estima que ha sido precisamente esta contumacia obstruccionista, que ha

llegado a hacer posible, incluso, la paralización de una obra tan perentoria como Ja autopista en

construcción para enlazar el mal comunicado sur con el norte de la región, 4o que ha movilizado el

masivo voto contrario, de unas gentes aburridas de ver pasar todos los trenes del desarrollo industrial sin

que ninguno llegue a detenerse por el partidismo más o menos sectario, contraproducente e Incluso

suicida de algunos grupos políticos que argumentaban que nada podía o debería hacerse en Galicia en este

aspecto de desarrollo y promoción industrial si antes no surgía una coyuntura regionalista que planificara

las inversiones y los planes de acuerdo con su propia programación a! respecto.

Es decir, que detrás de todo este ruido habla tan escaso personal como ei que acaban de demostrar las

urnas y que el mismo, acaso, tan sólo ha servido para colmar la paciencia de la gente, a la espera de que

se logren cosas en una tierra donde «asi todo está por hacer y donde todo es posible que se haga. La

abstención inicialmente aludida hay que cargarla en otro haber que en el de la tópica apatía gallega. En el

haber, por ejemplo, de la dispersión geográfica, de la lejanía de aldeas y lugares y también de la

desconfianza natural en unas gentes con ilusiones muy empachadas por las frustraciones.

El caso es que Galicia, mostrándose conservadora, aunque no inmovilista, ha sido una sorpresa electoral

para algunos, que creían que el ruido era un síntoma de cantidad e incluso de calidad, que ahora los votos

se han encargado de desmentir en forma muy auténtica y significativa.

Luís CAPARROS

(La Coruña.)

Domingo 19 junio 1977

 

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