Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   La generalidad como preocupación     
 
 ABC.    02/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC. DOMINGO. 2 DE OCTUBRE DE 1977.

APUNTE POLÍTICO

La Generalidad como preocupación

Por José María RUIZ GALLARDON

Nada me dolería tanto, como español que ama a Cataluña, que cualquier catalán pudiera ver en las líneas

que siguen algún tipo de reticencia —no digamos de animadversión— hacia el hecho catalán, la

personalidad histórica de Cataluña y la conveniencia del reconocimiento de la misma. Pero, precisamente

porque en esta materia a lo largo de la Historia, han sido los equívocos los causantes de gravísimos

problemas nacionales, me veo en la necesidad de intentar aclarar, críticamente, cuales pueden ser las

objeciones a los reales decretos leyes que restablecen la Generalidad de Cataluña. Críticamente, por las

siguientes razones:

1. Porque el tema es de índole constitucional sin que quepa, ni aún de forma provisional, sustraerlo de la

competencia de las Cortes. Se dice que es tema urgente. Voy a admitirlo, aunque no deje de producirme

cierta sorpresa que esa urgencia sea tanta que ni siquiera pueda compatibilizarse con un tratamiento

adecuado hecho por las mismas Cortes que, por trámites de urgencia, van a discutir la ley de relaciones

entre ellas mismas y el Gobierno.

2. Pero es que, además, esa urgencia, al parecer se limita al simple hecho del restablecimiento de la

Generalidad sin entrar en el tema del fondo: qué competencias estatales van a ser transferidas al renacido

organismo. Y este tema —el de las competencias— no es susceptible de ser tratado de espaldas a todo el

resto de la nación. Porque esas competencias forman parte —o pueden formar parte— de la soberanía del

Estado español en el que nos integramos todos: los catalanes, los andaluces y los demás.

Los textos legales hay que leerlos con mucho detenimiento. Máxime si, como ocurre con los dos decretos

por los que se restablece la Generalidad catalana, han sido negociados minuciosísimamente. Ante esa

nueva legalidad, las preguntas claves, a mi entender, y de las que dependerá el juicio que merezca la

restablecida institución, son estas dos:

3. ¿Quién va a gobernar en Cataluña? Nos lo dice el artículo tercero del primero de los reales decretos: el

presidente y el Consejo ejecutivo. Todos sabemos quién es o quién va a ser el presidente. Pero, ¿y el

Consejo ejecutivo? Pues, según el artículo quinto, se compondrá de «un máximo de doce miembros —

nombrados por el presidente— y un representante por cada una de las Diputaciones de las provincias

catalanas». Total, dieciséis. ¿De qué partidos? ¿De qué ideologías? Es de suponer que de los partidos

triunfantes el 15 de junio. ¿Recuerdan ustedes los resultados de las elecciones en Cataluña? Fue un claro

triunfo de la izquierda. Luego todo hace sospechar que el Consejo ejecutivo será claramente de

izquierdas... o no sería representativo. Incluso es muy probable que cuente con representación

eurocomunista y aún de Esquerra «Republicana», como sagazmente apuntaba en A B C Pedro J. Ramírez.

Por este lado no he de ocultar el desagrado que debe producir a quien no sea de izquierdas un tal Consell

ejecutivo. Y aún a quien fuere independiente. ¿Pues no hay cierto contrasentido en que siendo la mayoría

de los españoles de centro y derecha, en Cataluña se establezca «otro» gobierno con signo marcadamente

distinto? ¿Qué imprevisibles roces no son de esperar? Y eso, así, ¿es bueno?

4. La siguiente cuestión batallona es la relativa a las funciones y competencias de la Generalidad. Serán

las más importantes aquellas que delegue el Gobierno —o que le transfiera, Que es el verbo utilizado por

el segundo decreto. ¿Y cuáles son éstas? Pues las que decidan treinta señores, quince designados por el

Gobierno y quince por la Generalidad. Hoy no las conocemos, pero se adivinan ya profundas

discrepancias y veremos cómo tendrá que transar el Gobierno. ¿Qué ocurrirá si éste no se decide a dar

todo lo que le pidan los miembros designados por la Generalidad?

Me temo —y con eso termino por hoy— que más que crear un órgano de concordia se ha dado vida a un

semillero de disgustos. Eso, vistos los textos legales y las ideologías imperantes en los parlamentarios, es

lo que me preocupa.

Y ojalá me equivoque.

J. M. R. G.

 

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