Autor: Fernández Santos, Ángel. 
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 TVE: La sordera de un fósil     
 
 Diario 16.    16/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

TVE: La sordera de un fósil

A. Fernández Santos

En la llamada "nueva España" nuestra televisión, sigue siendo la misma de siempre, con todos sus siglos

de esclerosis a cuestas. Es. ciertamente, difícil desengrasar una maquina de esta especie, ideada no sólo para estar quieta, sino también para sembrar la quietud*

Ayer, un país —observado por ei mundo entero— hervía, y ese su supuesto espejo que es la televisión seguía en sus trece, es decir, en el limbo de las rutinas adquiridas. Nada quiso saber de la calle, de la gran protagonista del día. Encerrada en sus "estudios" y en BU "centro de información", explicándonos morosamente el funcionamiento interior del suministro de noticias, nuestra TV se olvidó de que hay otras noticias taa vivas o más que los escuetos datos estadísticos que esperaba darnos en la madrugada: los rostros de sus compatriotas y destinatarios, pues en ellos estaba el sello de la libertad, cuando menos soñada. El colorido, incluso en blanco y negro, de unas colas en las que se agolpaba un pueblo en trance de recordar lo que nadie ha podido hacerle olvidar; 3a espontánea relajación de aquellas esquinas físicas y morales que en otros acontecímientes estuvieron crispadas. La vida, en suma la eterna gran ausente dal cementerio televisivo español.

Machacaron a nuestros pobres niños durante todo el día, mientras sus papas votaban, con una kilométrica sesión no infantil, sino enanil. Y luego, cuando mandaron a los españolitos a la cama a esperar en la inconsciencia otra nueva inconsciencia para un nuevo día, se dedicaron a aburrir a los adultos españoles (¿sabe Televisión bien qué significan estas dos graves palabras?) y les colocaron una maratoniana sesión, con bragas, de antigua Nochevieja franquista. Y. mientras tanto, las máquinas de escribir de las redacciones echaban humo, y millones de turnos de vela se establecían en millones de hogares. La alegría y la esperanza iban en serio, pero la TV nos trajo la cursilizada memoria de un Julio Iglesias, de una Karina, o de un Manolo Escobar, para trivializar el trago. Buena gente, sin duda. Pero ¿y los protagonistas realies de la jornada? Desde la redacción de D16 se regalo a los televidentes franceses una larga mesa redonda entre los principales líderes de la izquierda. ¿Por qué no hizo otro tanto nuestra televisión, coa los de la izquierda, fe derecha y el centro con toaos? Demasiado pedir a loa fósiles que se desperecen con una sola ducha de libertad, después de la inmensa invernada.

Algo disonaba, o sonaba a agrio, o, peor aún, a atroz torpeza. Una inteligente entrevista de Eduardo Sotillos al recién nombrado presidente de las Cortes, Hernández Gil, quedaba diluida en la agotadora mediocridad de eu entorno, en la pobreza de las imágenes, en la falta de agilidad informativa. Y ei a mediodía, Clara Francia sabía equivocarse en directo con sabiduría de excelente profesión nal, en cambio su Jefe, Azcona, no encontraba la manera de perder dignamente el tiempo, dilatando su intervención con observaciones inútiles sobre un "centro de información", cuyas tripas electrónicas a nadie importaban, y menos que nadie a él. Bs decir, que hubo durante todo el día televisivo «na evidente lógica dé relleno, de no saber qué decir, qué poner, de qué y con quién hablar. Ese es el arte de observar la Historia sin percibir ni uno solo de sus signos distintvos.

Y en las calles, en loa puetolos, en los bares, en loa núdos de la sabduría de la gente, España iba por otro lado, mirando esquinadamente a iinos lejanos aparatos que ao sabian hablar de ella.

 

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