Pacto para la democracia     
 
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Pacto para ia democracia

CIVISMO y moderación. O si ustedes prefieren, paz y equilibrio. Estas son las palabras qa« definen y

resumen la jornada electoral de ayer. Paz y civismo en la manera ejemplar que los españoles,

desacostumBrados al sufragio en la lucha política, han usado para acercarse a las urnas, pació en lo que se

refiere al alto porcentaje de votantes como en la normalidad pacífica coa que se han desarrollado las

votaciones en todos los lugares de la España peninsular e insular, incluidas aquellas regiones más

industriales y conflictivas. Moderación y equilibrio en la significación de los sufragios, no sólo por la

concentración del voto eia las grandes opciones electorales, sino también en lo que pueden éstas

representar en su homologación con las tendencias políticas que boy predominan y gobiernan en la

Europa occidental y libre. Porque para interpretar justamente el voto de las dos principáis facciones del

socialismo, e incluso el pequeño porcentaje que se perfila para el Partido Comunista, habrá de tenerse

muy en cuenta que ni siguiera el comunismo español ha realizado una campaña radicalizada en posiciones

marxistas. El marxismo, aun aquel que mantenga sus metas clásicas e inequívocas para coyunturas futuras

mas favorables, se ha presentado ante el electorado disfrazado o convertido sinceramente a la

moderación.

Aunque a la hora de escribir este editorial de urgencia disponemos solamente de los escrutinios sobre un

40 por 100 del censo, no es presumible que las cifras que hemos ido conociendo desde las primeras horas

de !a madrugada alteren notablemente los porcentajes de votos atribuidos a los partidos y coaliciones. Son

cifras que confirman, aproximadamente, los sondeos realizados previamente a Ia_ votación, mucho más si

se completaban con una adivinación razonable del destino de los votos que se presentaban basta última

hora romo indecisos o vacilantes.

La Unión de Centro Democrático se perfila como minoría mayoritaria, cabalgando sobre unas cifras que

no permitirán el predominio absoluto en las Cámaras, consciente perfectamente dé iniciar el camino

primero de la recién nacida democracia por ana llanura alejada de los escarpados y peligrosos

extremismos. La fuerza de un socialismo, de larga tradición en nuestro país, creador de una propaganda

inteligente y eficaz y que se presenta cercano —al menos, en sus planteamientos— a lo que en la Europa

libre se entiende por socialismo democrático, resultaba también previsible. El porcentaje d« ese 25 por

14)0 que presumiblemente va a obtener el P.S.O.E., y que podía llegar a un 30 por 100 si se produjera la

unidad con el P.S.P.» es un índice, por un lado inevitable, y por otro, diríamos que necesario para

mantener e! deseado equilibrio entre intereses sociales }" la proclividad creciente hacia metas de justicia

social acorde con el grado de nuestro progreso y nuestra prosperidad, qnt deben mantener los índices de

crecimiento alcanzados en los años que ahora dejamos atrás. Por fin, una derecha que quizá necesita una

labor de poda y decantación para constituirse en una opción conservadora, moderna y civilizada, queda,

notablemente alejada de las dos fuerzas primeras, pero suficientemente nutrida como para ofrecer en un

futuro la necesaria alternativa, mueho más si se considera que ha sido la gran acusada y acosada en estas

elecciones, en las que lia tenido que cargar con el lastre de una situación que ya ha pasadlo, con su haber

y su debe, a la Historia.

Ante un panorama electoral COMO el que nos ofrecen las primeras cifras, el pacto para, sacar a España

de ía situación económica y social en que se encuentra se hace imprescindible. La democracia no termina

c»n unas elecciones. Todo lo contrario: las elecciones sois el comienzo de la convivencia democrática.

Este será el momento en que los líderes y las cabezas de los diversos partidos v coaliciones deben mostrar

idéntica madurez política, idéntico equilibrio e idéntica moderación a la que ha demostrado, hasta puntos

insospechados, el pueblo español. Si la ocasión de ese pacto político imprescindible se malogra, de nuevo

habrá que echar las culpas de la gran ocasión perdida, no al pueblo, sino a sus clases dirigentes. Al fin y al

cabo, la democracia consiste en un día de elecciones y varios años de Gobierno pa/ctado, de Gobierno en

el que todos han de ceder algo en provecho del bien d« todos. Sólo en este supuesto podremos decir con

verdad que hemos conquistado una auténtica democracia. Señores políticos: a la hora de soñar ha

sucedido la hora de contar. A la hora de contar debe suceder la hora de pactar.

 

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