Autor: Madariaga y Rojo, Salvador de. 
   La Monarquía, refrendada por la nación     
 
 ABC.    15/12/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

LA MONARQUÍA, REFRENDADA

POR LA NACIÓN

Honra hoy esta tercera página de ABC el última artículo escrito por don Salvador

de Madariaga,

fallecido ayer en Locarno (Suiza). Mañana publicaremos el penúltimo, titulado

"Palabrotas», y el

domingo, en el suplemento, aparecerá un tercero: «El sombrero: copla popular y

comentario". Sobre el

escritorio de nuestro ilustre colaborador ha quedado, sin concluir, un trabajo

en torno a la desaparición del

"Times" londinense.

NO creo equivocarme al decir que la Constitución española de la Monarquía que

nos va a regir, espero

por muchas años, es la primera, que estudiada y votada por un Parlamento

libremente elegido haya

corrido después el albor de un refrendo popular. Ni quito ni pongo Refrendo,

pera afirmo que pocos casos

batirá de un régimen que haya pasado más aduanas. Lo hago constar, porque me

parece que en estas dos

votaciones, la parlamentaria y la referendaria, el verdadero laurel corresponde

a Don Juan Carlos de

Borbón y Borbón. Recordemos aquel refrán nuestro de que «al que no quiere caldo,

dos tazas. A los

españoles que no querían Borbones le dan uno que lo es por ambas ramas, y por

ambos votos de

democracia. Si luego sale mal, la culpa no será de la dosis.

El que esto escribe no vacila en declarar que las elecciones y el refrendo se

han pronunciado como lo han

hecho gracias a los aspectos favorables que ha demostrada poseer el candidato

más expuesto de todos,

guerra era el Rey es decir, la prudencia, el valor, la sagacidad y sobre todo y

ante todo la buena fe. Este

triunfo es a la vez laurel real, pero también laurel popular. Considero que de

las 33 por 100 de las

abstenciones que ha. revelado el voto del día de San Nicolás (quizá descontando

la mitad como

inevitables mal ajustes del censo electoral) hay hasta diez o quince por ciento

de republicanos. De ser así,

y es lo más probable, estos no votantes figuran entre los más estimables de la

ciudadanía española. Su

abstención prueba que, si bien no podían votar en pro, por una razón de

principio, al menos no han votado en contra. El signo más claro del triunfo de

la Monarquía constitucional es

que la votación contraria

apenas logra el 8 por 100. Nadie podrá argüir que, esta vez, se ha impuesto la

Monarquía al país por un

mandoble de espadón. * * *

El segundo aspecto de estas dos jornadas que conviene hacer constar es que la

federalización de España

es hoy un principio constitucional aceptado por el pueblo español. Como

quedamos relativamente

pocos que podamos atestiguaré, bueno será hacer constar que la Autonomía de los

pueblos españoles que

la desean está asesorada, y que lo está en sus dos fases: el anverso, que dice

lealtad para España; el

reverso, que dice: lealtad para Cataluña, para el País Vasco, para Galicia, y lo

que venga. No se vaya

nadie a mecer en una hamaca de ilusiones sobre esto. El peligro no está en los

principios (o sea, los intelectos), sino en las conductas (o sea, las pasiones)

de cada cual. Nuestra

esperanza es que pueblo que tal

prueba de madurez política ha dado como la que venga comentando sabrá templar

el ánimo y salvar la

unidad de la más antigua, y más ilustre de las naciones europeas.

Habrá, al leerme, quien crea que olvido lo que pasa en el País Vasco. Vamos,

pues, a ello.

El País Vasco, o sea, las tres provincias vascongadas y Navarra, es la única

parte de España que ha votado

sin la libertad de elección y de información de que ha gozado España entera

menos este rincón. Esto no se

debe a opresión causada por el Gobierno español ni por el gobierno nacional

vasco organizado por el

partido del mismo nombre, sino a una exigua minoría

de jóvenes comunistas que amenazaron con el asesinato a todo vasco que votase o

pro-pagase

información contraria a su modo de ver las cosas.

Quede, pues, claro que los vascos (cuyo total alcanza casi la mitad del censo)

que votaron en el Refrendo,

lo hicieron bajo amenaza de muerte y bajo propaganda falseada por la mentira.

Daré un ejemplo. Quienquiera que haya intentado estudiar el problema vasco sabrá

que el fundador del

separatismo organizado fue Sabino Arana Goirí. Pero ¿cuántos saben que Arana

Goirí en su última

etapa de actividad política abjuró el separatismo y fundó un partido vasco

españolista? Pocos, porque la

E. T. A. les tapa la boca con el revólver. El día 29 de septiembre de 1902 se

publicaba un aviso «para la

formación de una vasta Liga que, a navarros, guipuzcoanos, alaveses y vizcaínos,

se consagre a recabar

de los poderes de Madrid, por las vías legales, la mayor felicidad a que puede

aspirar nuestro país dentro

de la unidad del Estado es-pañol». El que lo publicaba era Sabino Arana Goiri,

que así declaraba

convertirse al autonomismo. ¿Por qué se callan tantos vascos este hecho

indiscutible? A la luz de este

hecho y de tantos otros la votación de los vascos adquiere un valor que confirma

y refuerza no sólo el

españolismo de los vascos, sino su sensatez y su sentido común.

* * *

Una tercera conclusión se desprende también de estos dos días notables de

nuestra historia: la

Constitución no es ni católica, como la del 1876; ni anticatólica, como la del

31, sino respetuosa para con

la Iglesia, a la que pertenecen la inmensa mayoría de los españoles, de otra

religión o sin ella. Así se

cierra en plena paz un período casi bisecular de lucha entre clericales y

anticlericales y libre-pensadores

que hoy nos parece va muy anticipada. Al evacuar la plaza pública y adentrarse

en el edificio sagrado, la

Iglesia gana en el respeto de todos, y podrá dedicar su es-fuerzo a la educación

religiosa de sus feligreses, con no poco beneficio para todos.

Con esta Constitución no parece que haya obstáculo alguno para una política.

inspirada tan sólo en las

circunstancias nacionales de toda suerte, y concebida de modo que no gobierne

una clase en perjuicio de

otra. De Marx acá, las cosas de la economía han pasa-do por una rápida evo-

lución, tal que, para no dar más que un detalle simbólico, es hoy mucho más fre

cuente que antaño que el

obrero posea su propio coche, cosa que en tiempos de Marx (y aún mucho más

tarde) sólo le era posible al muy rico burgués. Hoy la mayoría de los obreros

vive a nivel burgués y

tan lejos están de odiar la

burguesía, que es precisamente burgueses lo que quieren ser, sépanlo o no. Hoy

se ha propuesto en España que los socialistas echan el marxismo por la borda; y

quien lo ha

propuesto es un socialista

inteligente: Felipe González. La Constitución abre la esperanza de que vastas

mejoras sociológicas

permitan en España una Monarquía feliz para todos.

Subsisten, no obstante, nuestros dos problemas más graves: el separatismo

vasco, con su cáncer

terrorista, que es la E. T. A, y el comunismo, con su cara de buen muchacho

y... vaya usted a saber. El

separatismo vasco, sostenido por la Unión Soviética por medio de sus virreyes

africanos, Gadafi y

Burnedian carece de base. Sólo se podrá resolver el caso si el partido

nacionalista vasco logra vencer en la

opi-nión la aberración terrorista de la E. T. A. pues no se ve bien cómo es

posible fundar una nación sobre

el asesinato y la supresión de la verdad. Pero, cuidado. El Gobierno español

no quiere ahogar la sangre

en más sangre, y tiene razón.

El problema comunista es todavía más complejo, la verdad debe ser justa y

reconocer que la actitud del

Partido Comunista Español ha sido elemento de peso en la. resolución pacífica

del problema de la

Monarquía española; y este hecho debe constar. Pero si este partido se empeña en

seguir llamándose

comunista, tenemos derecho a inquirir qué relación tiene con los manejos de los

virreyes soviéticos de

África para robarnos las Canarias y se-parar a los vascos, ¿Qué actitud toma el

Partido Comunista

Español sobre estos casos evidentes de propaganda y armamento para los enemigos

de España?

También tenemos derecho a saber si este partido, que no parece dispuesto a tirar

por la borda la etiqueta

de comunista, está en pro o en contra de que en todo país donde los comunistas

logran el poder se persiga

ferozmente a todos los partidos, incluso a los socialistas, así como todo lo que

permita al país llevar

adelante una política extranjera independiente de la Unión Soviética.

Este es el caso desnudo y exacto que el Partido Comunista Español tiene que

aclarar. Hemos de

recordarle aquí el caso de aquel cura que llevaron ante el juez porque le había

hecho saltar varias muelas

de un puñetazo a un energúmeno que le había abofeteado. «Y no tiene usted

vergüenza, señor cura, un

sacerdote de Aquel que dijo que si te pegan en el carrillo izquierdo tienes que

ofrecer el derecho?» "Sí,

señor juez; ofrecí el otro carrillo, de modo que también me pegó por la derecha;

pero Jesucristo no dice

nada sobre lo que hay que hacer después."

Salvador DE MADARIAGA. De la Real Academia Española

 

< Volver