Autor: Cavero, José. 
   Las reglas del juego     
 
 Arriba.    16/06/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LAS REGLAS DEL JUEGO

UNA publicación semanal, «Opinión», ha hecho «plato fuerte» de su último numero: una propuesta que

han aceptado todas las grandes formaciones políticas que han concurrido a las elecciones legislativas. Tal

propuesta consiste en suscribir un pacto previo de aceptación de los resaltados que hubieran dado las

urnas, «como punto de partida para un juego limpio de la recién estrenada democracia». La verdad es que

la idea, por periodística que resulte, no deja de ser peregrina. ¿Qué menos se puede pedir a unos

contendientes en unas elecciones democráticas sino que acepten los resultados de tales elecciones? Lo

contrario sería una «contradicho in terminis» absolutamente manifiesta. Repugnaría a cualquiera el que

no se aceptaran los resultados de un juego una vez que se han aceptado las reglas de tal juego.

De cualquier forma, debía entenderse que ese pacto no presuponía ni se oponía a la posibilidad de

presentar recursos contencioso-electoráies, toda vez que también esta regla forma parte de las que rigen el

juego.

Sin embargo, tiene el «pacto» algún aspecto más a considerar, confiamos: teóricamente, y salvo esos

contenciosos a discernir por las autoridades judiciales, los resultados que han arrojado las urnas son

indiscutibles. Se ha dado por definitivamente buena la campaña electoral. Lo que es muy de tener en

cuenta, por lo que significa el «borrón y cuenta nueva». Las rencillas que pudo haber provocado la

campaña electoral, y que se debatieron ya amplia, suficientemente, en las tres semanas que se prolongó,

habrán de quedar sepultadas por ese pacto. Lo que no equivale a decir, en cambio, que hayan sido

«sacramentadas» y bendecidas todas las técnicas, fórmulas y manejos posible o presumiblemente

cometidos en la campaña. Ni equivale a decir eso de que «en el amor y las elecciones, cualquier fórmula

es utilizable».

De esa campaña electoral, y de las elecciones, habrán de sacarse en los días siguientes una serie poco

menos que interminable de conclusiones, por extensa que sea la relación de cuitas concretas a las que

deba dedicarse en adelante la mayo, ría triunfadora. Más de una pluma y de una voz han concluido ya en

que la campaña transcurrió, en términos generales, con un clima de buen entendimiento, de buenas

maneras, que para sí quisieran las democracias más experimentadas y con mayor solera. Una oportunidad

más, en suma, para seguir hablando de la madurez de los españoles... Una de las conclusiones que ya, y

antes de que los servicios de limpieza hayan acabado con todos los rastros de la campaña, deben sacarse

de Ja campaña es la conveniencia de tener presentes siquiera algunas de las promesas vertidas para po-

derlas recordar de vez en cuando a sus propagadores. Tanta palabra no ha podido ser vertida en vano.

Jose CAVERO

 

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