Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
 Comentario al proyecto de ley sobre voto de censura y confianza (y III). 
 En busca de la mayoría absoluta     
 
 ABC.    30/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

COMENTARIO AL PROYECTO

DE LEY SOBRE VOTO DE CENSURA Y CONFIANZA (y III)

EN BUSCA DE LA MAYORÍA ABSOLUTA

Por José María RUIZ GALLARDON

Termino oy esta corta serie de apuntes sobre el trascendente tema constitucional de los votos de censura y

confianza. Hoy vamos a hablar de números, porque intento demostrar a ustedes que, tal y como ha

quedado redactado el proyecto de ley, va a ser muy difícil no ya que prospere —eso así nunca—, sino que

ni siquiera se puedan proponer votos de censura, salvo por la minoría del P. S. O. E.

Como ustedes habrán leído en el artículo tercero, 1, del proyecto de ley sólo podrán tramitarse votos de

censura que vayan suscritos por cincuenta diputados o treinta y cinco senadores. Como la U. C. D. no va a

auto-ensurarse nunca y es muy difícil que el P. C. y A.P. sumen sus votos —que, por otra parte, ni aún así

llegarían a 50—, sólo cabe que sea el P. S. O. E. quien proponga la censura o, en otro caso, los miembros

de Alianza Popular, «más» los comunistas, «más» los del llamado «grupo mixto» hasta alcanzar el

número del medio centenar exigido.

Y es ahí donde yo adivino —y ojalá me equivoque— una cierta maniobra cuya sola posibilidad me

considero en la obligación de denunciar ante mis lectores: el número de cincuenta firmas exigidas para

poder proponer —simplemente proponer— un voto de censura en el que no participe el P. S. O.E. exigiría

que miembros regionales —sobre todo del P. N. V.— del grupo mixto firmaran junto a Alianza Popular y

Partido Comunista. ¿Es ello imaginable? Creo que no. Y creo más: creo que, al fijar ese número —tan

caprichoso como otro cualquiera—, se está intentando por parte del Gobierno incorporar a sus filas al

nacionalismo vasco.

Vean ustedes por dónde las matemáticas parlamentarias pueden esconder indicios de prepactos que no

dudo pueden ser útiles para la supervivencia —deteriorada y amenazada— del presidente Suárez. Pero a

costa de pagar altísimos precios. Al menos éstos:

1. Sustraer —todo lo provisional mente que se diga pero en un país, España, donde lo provisional es

proclive a eternizarse— del tema constitucional la discusión del alcance, naturaleza, límites y condiciones

de la autonomía vasca. Se ahorrará así el Gabinete tener que oír alegatos muy duros, más que previsibles

si —como sería lo democrático— el tema se tratara —todo y sólo y con la profundidad debidas— en la

Constitución.

2. Bipolarizar de hecho al país. Sólo el P. S. O. E. y la U. C. D. van a gozar en la práctica de la plenitud

de facultades constitucionales de los partidos entre las que ha de contarse censurar eficazmente— al

Gobierno. Los demás partidos que se las arreglen.

¿Es esto último —la bipolarización— bueno o malo? Yo lo que sí sé y recuerdo perfectamente es que la

U. C. D. nació, y ahí está su reciente campaña electoral para demostrarlo, para no dividir al país en dos.

Bueno, pues ya lo tienen dividido así.

J. M. R. G.

 

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