Autor: Cantarero del Castillo, Manuel. 
   Invitación popular a la moderación     
 
 ABC.    13/12/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

MIÉRCOLES, 12 DE DICIEMBRE DB 1978, PAG. 8.

INVITACIÓN POPUIAR A LA MODERACIÓN

EL resultado del referéndum constitucional ha sido, tal vez, el que más convenía a España y al buen

encanzamiento de la democracia desde sn mismo inicio. Por ello creo que debemos celebrar todos que

haya sido ése y no otro inclinado más sensiblemente hacia el «si» o hacia el «no». Es un oportuno

resultado con el que el pueblo español ha dicho nn suave «no tanto» a las faenas políticas hoy

mayoritarias en el Parlamento y con el que ha aplicado un severo correctivo a las minorías

extraparlamentarias qae se habían opuesto al texto constitucional, tanto por la derecha como por la

Izquierda.

A las fuerzas políticas parlamentarias el pueblo les ha dicho elocuentemente en el referéndum que entre

todas Juntas no han conseguido arrastrar a más de un 57 por 100 del electorado, a pesar de sus campañas

monstruos en pro del «sí», E indirectamente también que, en este momento, no representan más que a una

mayoría simple del pueblo español, que para representarla conjuntamente todas ellas es, sin duda, una

muy menguada mayoría. A las fuerzas radicales que han propugnado el «no», empleándose al cien por

cien y a fondo en ello, les ha dicho que todas juntas no alcanzan a representar un 7 por 100 del electorado,

lo cual es, evidentemente, una representatividad minoritaria en extremo exigua, y máxime si se tiene en

cuenta que se la han de repartir antagónicamente.

Yo he votado y he propugnado el «sí» como mal menor, porque en la Constitución hay cosas que me

gustan mucho y otras, quizá las menos, pero muy importantes, que no me gustan nada. Estoy, por ello,

satisfecho del resultado. Un rechazo del texto constitucional, como ya manifesté desde estas mismas

páginas, hubiese puesto a España en una vía llena de riesgos y probablemente abocada, en su límite, a uno

de nuestros tradicionales y lamentables purgatorios sangrientos. Por eso me han parecido muy bien que

los «síes» hayan sido los justos para que la Constitución salga adelante airosamente, pero sin desatar

ningún tipo de triunfalismo, sin duda gravemente peligrosos para España y para la consolidación y

estabilidad de la propia democracia. A la vez, los «noes» ban sido también los Justos para conjurar todo

desbordamiento del signo contrario y para que quienes los han propugnado recapaciten sobre el escaso

seguimiento real que sus ideas, al menos tal cual las formulan, encuentran en el pueblo español. Bien

sabido es que el mal de qne mueren las democracias es siempre el exceso en la oposición o en el Poder,

sea el mismo de derecha, de izquierda o de centro.

Creo que, en el seno del resultado, no ha producido un curioso y quizá hasta providencial fenómeno de

proporcionalidad correccional, que ha venido a constituir una enérgica y saludable cura general de

humildad que la clase política española estaba necesitando. Evidentemente, la misma sigue sin estar a la

altura histórica del pueblo español, que, tanto en su manera critica de votar como en su ejemplar

comportamiento ciudadano en la jomada del referéndum, ha demostrado de nuevo su madurez y su

equilibrio a pesar, incluso, de la forma en que social y económicamente le viene agrediendo la crisis, ya

casi crónica, que España padece.

Por otra parte, si el respeto a las minorías es, por exiguas que éstas sean, exponente del nivel de desarrollo

democrático alcanzado Por un sistema político, cuando esas minorías, como es el caso, pueden estar

representadas por un 43 por 100 de la población electoral, la exigencia de ese respeto se hace mucho más

ostensible y obliga además a las faenas políticas parlamentarias a una común reflexión, puesto que todas

juntas, como hemos dicho, no parecen representar hoy más que a una mayoría simple del pueblo. En tales

condiciones nes su carácter mayoritario es en extremo precario en su conjunto y muy débil en cada uno de

sus respectivos componentes y. sobre todo, muy provisional, porque hay ese 43 por 100 del electorado

que, en este momento, no se identifica con ninguna de ellas y que podría optar en el futuro por nuevas

alternativas. En un país democrático muy desarrollado y con alto grado de integración, de estabilidad y de

prosperidad, una suma de abstenciones y de rechazos de un 43 por 100 en un referéndum constitucional

puede no tener gran significación, pero en una nación como la española, desgraciadamente transitada por

tantas contradicciones y en una situación socioeconómica como la actual, es para tomárselo muy en serio

porque ello, tratándose además de una democracia recién estrenada, parece un alarmante síntoma de

desdén o de decepción que puede anunciar dificultades muy graves en el futuro.

El resultado del referéndum constitucional, por todo lo dicho, me parece que ha sido el mejor que podría

darse. Y ello, recapitulémoslo para terminar, porque ha resuelto a nivel jurídico el problema del futuro,

porque ha conjurado la acción enconante de los triunfalismos de un lado y de otro y porque, tácitamente,

ha sido un nuevo no a los dogmatismos, atopismos y extremismos en general; y porque, en definitiva, ha

sido, una vez más, por la derecha y por la izquierda, una invitación popular a la moderación y a la

sobriedad política, _ M. CANTARERO DEL CASTILLO.

 

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