Autor: Luca de Tena y Brunet, Torcuato (MERLÍN; ABC). 
   ¿Quién se ha alejado de quién?     
 
 ABC.    14/12/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

JUSTES, 14 DE DICIEMBRE DE 1976. PAG. 3.

LA ROSA Y LA ESPADA

¿QUIEN SE HA ALEJADO DE QUIEN?

Por Tortuato LUCA DE TENA

(De la Real Academia Española)

En un reciente artículo titulado «Aritmética y política», y después de proclamar que la Constitución debe

ser acatada y respetada tanto por quienes la votaron afirmativamente cuanto por aquellos que se

abstuvieron o emitieron un voto «no afirmativo», me atreví a proclamar que no sólo el alto índice de

abstención tuvo carácter político, sino también los «noes", las papeletas «en blanco» y hasta muchas de

tas nulas. Y apoyé tal creencia en el hecho de que los votos "no afirmativos» habían crecido -en

comparación con el anterior referéndum- en la totalidad de las provincias españolas, mientras que los

«síes» habían disminuido en todas las provincias salvo en cinco, dándose además la circunstancia de que

en una de éstas en que los «síes" habían crecido (Santander)... ¡en su capítal se emitieron veintitantos mil

votos más que los que registraba el censo! Quiero decir que la abstención hirió gravemente a los síes; mas

no a los noes, ni a los votos en blanco ni a los nulos, que crecieron, sin excepción, en las provincias

españolas. Ello no resto un ápice a la legitimidad constitucional, pero sí es un barómetro utilísimo para

medir la «presión atmosférica» española.

¿Significa esto que se ha producido un desplazamiento de la opinión pública entre una y otra consulta

popular? No. Quien se ha desplazado no es la opinión pública. El creciente dista distanciamiento entre

Gobierno y opinión no se debe a que la opinión se haya movido. Quien se ha desplazado es el Gobierno.

Cierto que U. C. D. no surgió a la vida política con un programa definido, con un catálogo de ideas, sino

con un abanico de pactos entre hombres de distintas tendencias. Sería injusto, por tanto, decir que haya

traicionado a nada ni a nadie, pues carecía de programa alguno al que traicionar. Pero quienes sí tenían su

catálogo de ideas, sus convicciones arraigadas y su fe indestructible en unos principios eran los hombres y

las mujeres que les votaron, y que creyeron ver en los hombres más representativos de esta agrupación un

fiel reflejo de sus tendencias. Y probablemente tenían razón al pensarlo así. O al menos no había razón

aparente para pensar lo contrario. Mas he aquí que -de hecho- los hombres que han gobernado a

España en nombre de U. C. D. han aplicado unas normas, unos procedimientos (en los que en seguida me

detendré), que son contraríos y en algunos casos repugnan profundamente a una gran parte de su propio

electorado.

Lo mejor de U. C. D. fue la aceptación de ana realidad política: la existencia de una izquierda fuerte y la

decisión de hacerla participar en igualdad de condiciones en el juego político de una Patria común. No fue

una «generosidad»: fue el reconocimiento de un derecho. Y en eso estábamos de acuerdo cuantos

votamos afirmativamente la ley de Reforma Política.

Lo peor de U. C. D. ha sido y ea confundir aquel reconocimiento con la cesión a favor de la izquierda de

sus propios criterios. U. C. D. no ha gobernado con el criterio de sus electores, sino con el criterio de la

izquierda. Su norma de conducta ha sido la cesión.

Cedió ante la izquierda en la escandalosa interpretación de que el terrorismo fue más o menos lícito en el

régimen anterior; cedió ante la izquierda en la prematura e inoportuna supresión del Tribunal de Orden

Público; cedió ante la izquierda en la proliferación de amnistías incluso a favor de los delitos de sangre y

de los reincidentes de asesinatos; cedió ante la izquierda en la utilización indistinta del término

«nacionalidades» y «comunidades autónomas» -¡lo que no es lo mismo, Señor!-. Cedió ante la

izquierda al anunciar por boca de su ministro del Interior la destrucción de los archivos policiales. Cedió a

la izquierda vasca, al dar la posibilidad de engullir a Navarra. Cedió sus propios criterios en materia de

educación y familia, al aplicar una tal ambigüedad conceptual en temas fundamentales que lo mismo

puede querer significar pájaro que pez.

El entusiasmo de socialistas, comunistas y otros partidos de izquierda al recomendar el «sí» es

perfectamente congruente. Tan congruente como la apatía, el desencanto y el hastío por parte de la otra

cara de un electorado que no se siente representada por los mismos que eligió.

El 41 por 100 de votos no afirmativos es un índice denunciador del creciente alejamiento entre votantes y

votados. Pero no son los electores -insisto- quienes se han alejado del Gobierno de U. C. D. Ellos

siguen donde estaban. Es el Gobierno de U. C. D. quien se ha ido alejando paulatinamente de los ideales

de sus electores.-T. L. T.

 

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