Autor: Gil-Robles Gil-Delgado, José María. 
   En el umbral del nuevo año     
 
 El Imparcial.    12/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

EN EL UMBRAL DEL NUEVO AÑO

LA mayoría de los españoles ha vivido las últimas semanas de 1977 con una sensación de congoja, de

confusión y de temor. Estos dos últimos años los problemas de la transición habían acaparado la atención

pública, y el hecho de que se fuesen resolviendo progresivamente daba a todo el proceso un tono de

esperanza. Ahora, superada la fase más difícil de la transición hacia un sistema democrático, habiendo

entrado las cuestiones constitucionales en vía de acuerdo, recobran la primacía y saltan al terreno de la

actualidad la crisis económica y sus consecuencias. Crisis profunda y de solución difícil y penosa, donde

se mezclan factores coyunturales, tanto propios como de la economía mundial, con otros específicos de

nuestra estructura, económica. Crisis en la que aún no hemos tocado fondo, por lo que los sucesivos

paquetes de medidas parecen no surtir efecto alguno, e incluso, empeoran la situación. Crisis llega a su

punto álgido en un momento en que el cambio de sistema empieza a poner en cuestión costumbres,

actitudes y situaciones adquiridas.

Nada tiene, por tanto, de extraño que cunda la desconfianza y el temor ante un panorama que no se ve

claro. Una vez más, la incertidumbre demuestra ser un poderoso factor de inquietud y de temor, y una

ayuda inapreciable para quienes quisieran dar marcha atrás al tiempo.

Urge disipar cuanto antes ese ambiente. Los pueblos necesitan ilusión, necesitan metas y objetivos hacia

los que dirigir sus afanes, proyectos realizables que estimulen el esfuerzo común. En un sistema

democrático esta necesidad es aún mayor. La democracia consiste precisamente en que el pueblo asuma

la responsabilidad de su propio futuro: es cabalmente lo contrario de dejar el porvenir en manos de un

solo hombre o de confiar el porvenir a una reducida minoría.

Quienes obtuvieron en las pasadas elecciones la posibilidad de seguir en el poder tienen que explicarnos,

de manera creíble y comprensible por todos, cómo se preponen gobernar en 1978, qué pasos proyectan

dar y hacia dónde nos quieren llevar. No basta con el programa hecho público antes del verano, ni con el

Pacto de la Moncloa. El programa ya ha sido incumplido en materia tan importante como las elecciones

municipales, que el Gobierno se comprometió solemnemente a convocar antes del 31 de diciembre

último. Más tarde los rumores apuntaron hacia la primavera, y ahora se habla ya del otoño. Con ello no se

consigue más que dar sensación de falta de seriedad, de supeditar los intereses generales del país a las

conveniencias particulares de un partido.

En cuanto al Pacto de la Moncloa, es un conjunto de medidas a corto plazo, que dejan en /a

indeterminación qué modelo final es el que se pretende, hacia qué modelo económico se quiere llevar al

país. Se nos pide un esfuerzo extraordinario para salir del atolladero, pero, una vez surtan efecto esas

medidas en las que coinciden los partidos mas fuertes. ¿qué rumbo se va a tomar? ¿Se pretende retocar,

pura y simplemente, el sistema económico vigente, modernizando alguno de sus aspectos más vetustos e

inoperantes, como pudieran ser el fiscal y el crediticio? ¿O se trata de ir hacia un sistema socialdemócrata

al estilo sueco, con un sistema ordenado y planificado desde arriba por acuerdos entre una gran central

sindical y una gran central empresarial? ¿Se quiere de verdad que el Estado tenga una dosis de influencia

tan fuerte, en todos los aspectos, como en Suecia. o se pretende que sea a través de la fuerza de los

sindicatos en la empresa, incluso por vía de cogestión. como en Alemania, como se busque una mejor

distribución del producto social? ¿Qué papel se reserva a la pequeña y mediana empresa, al movimiento

cooperativo, a la empresa pública?

NO se trata de meras formulaciones teóricas, de especulaciones sin contenido. Son interrogantes que

pesan fuertemente sobre las expectativas empresariales, sobre el ahorro, la inversión y la decisión de crear

nuevos puestos de trabajo o amortizarlos. Y ninguno de los dos partidas más fuertes se ha pronunciado

sobre ellas. UCD, con su. pretensión de mezclar ideologías diferentes, no aclara en cuál se va a inspirar

para orientar la eco, nomia española, o si va a continuar con el puro pragmatismo de enhebrar distintas

medidas a corto plazo para ir tirando, sin ningún proyecto aparente de futuro. En cuanto al PSOE,

tampoco nos ha dicho si, en el caso de que alcance ese poder que contempla anhelante, cuat si se tratase

de breva madura, va a inspirarse en Olof Palme, en Schmidt o en la línea del fallecido presidente Allende.

La responsabilidad de ambas formaciones es grande. La de UCD, porque, hoy por hoy, tiene en sus

manos el poder. La del PSOE, porque es a través de la crítica razonada a la actuación de ese poder,

mediante la formulación de soluciones razonables de recambio, como puede erigirse de verdad en

alternativa de gobierno. No basta con decirlo: es necesario que frente a las vacilaciones continuas del

Gobierno, a su ausencia de proyectos de futuro que vayan más allá de mantenerse el mayor tiempo

posible, la oposición demuestre que no se tratará de un simple cambio de hombres ni tampoco de un salto

en el vacío.

Quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones pensando a meses o años vista saben que el

presidente Suárez cumplió eficazmente, incluso brillantemente en muchos aspectos, su cometido de ir

liquidando un sistema y abriendo paso a otro. Pero se dan cuenta también de que

ese cometido le ha desgastado profundamente, que cada vez hay menos que liquidar y más que construir,

y que sus últimos meses han sido una cadena de concesiones de debilidad, salpicada de rabotazos de

represión. Intuyen que para la consolidación del sistema democrático y de la propia Corona, para eliminar

una serie de corruptelas y de disfunciones que perjudican al propio orden económico vigente, es

conveniente que gobierne la única izquierda que hoy, y aquí, puede gobernar, es decir, el PSOE. Pero no

quieren aventuras y desearían tener la seguridad de que será un socialismo a la europea el que llegue al

poder.

Es posible que esas seguridades hayan sido dadas en la medida en que es factible hacerlo. Si no es así,

pronto se darán, y tendremos un paso más en el cambia gradual pero profundo que hemos vivido en estos

dos últimos años.

Los demócrata-cristianos hemos contribuido de modo importante, hasta el pasado 15 de junio, a hacer

posible ese cambio. Frente a todos los agoreros y los apóstoles del catastrofismo, hemos apostado por la

esperanza, por el buen sentido del pueblo español, proponiendo continuamente soluciones racionales y de

concordia: amnistía, elecciones libres para unas Cortes Constituyentes, reconocimiento de los derechos de

las distintas comunidades políticas que componen España, acuerdo de todos los partidos y sindicatos

sobre un programa económico, etcétera.

Nos proponemos seguir haciéndolo. Advertimos a su debido tiempo la gravedad de la situación, y por eso

ni nos ha cogido de sorpresa, ni nos hace reaccionar con pánico. Empezamos un año difícil y duro, en el

que habrán de consolidarse las bases políticas y económicas de nuestra convivencia futura, al par que se

pagan las consecuencias de impresiones y errores pasados y presentes. Pero el país tiene una asombrosa

voluntad de supervivencia y de entendimiento. A la clase política correponde la responsabilidad de no

desperdiciar este caudal, de abrir caminos y proponer soluciones con audacia y claridad, a la luz pública y

no en cenáculos, para que la andadura se haga con horizontes despejados y se disipen las nieblas de la

incertidumbre y el temor.

JOSÉ M.ª GIL-ROBLES GILDELGADO

Secretario de Coordinación,

(Federación DemócrataCristiana)

 

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