Autor: Cabellos, Carmelo . 
   A las puertas de un otoño incógnita     
 
 Diario 16.    02/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 30. 

Diario 16/2-septiembre-79

A las puertas de un otoño incógnita

Carmelo Cabellos

El otoño politico ya está aquí, aunque el meteorológico se deje esperar algunas semanas. El paréntesis de

las vacaciones estivales ha tocado a su fin. Quien más, quien menos, a su vuelta a casa, concluida la

correspondiente operación retorno, echa sus cuentas. Son las previsiones de un curso difícil que está a la

vuelta de la esquina. Y también los políticos.

El panorama económico-social va a ser un indudable protagonista de los próximos meses, aún sin

desechar importantes acontecimientos políticos que van desde la aprobación parlamentaria de importantes

leyes que prefigurarán nuestra convivencia futura hasta hechos como el congreso extraordinario del PSOE

de finales de mes, un reto que los socialistas se tienen planteado y cuyo alcance completo no es fácil de

prever.

Ahí está Adolfo Suárez, de nuevo, encerrado en su despacho del palacio de la Moncloa, tras su descanso

de un par de semanas en, para algunos, un polémico yate de pabiellón británico. Y, con é1, en su mesa,

una abultada agenda de problemas urgentes: unos, atractivos para un político, como es el nuevo papel a

jugar por España en la política exterior; otros, los largos retos de casi siempre, como es la crisis

económica y su conexos problemas sociales.

Es evidente que hay algunos apuntes de soluciones. Sobre esa mesa están los folios flamantes del

programa económico Abril-Leal esperando el baño de bautismo parlamentario. Ya cuenta con los

correspondientes recelos previos de la izquierda -aún no suficientemente argumentados, aunque haya

razones para ello- y con una bendición «sub conditione» de la gran patronal. Incluso los pequeños y

medianos empresarios han puesto alguna esperanza en esos papeles.

Ante esta situación, hay un hecho que destaca dentro de la atonía política que ha reinado las últimas

semanas. El documento que, en relación al programa económico, ha hecho público la CEOE más que una

critica contundente al programa Abril-Leal, ha lanzado algo más simple, pero que traduce todo un

diagnóstico de la manera de actuar del Gobierno: un voto de confianza, condicionado precisamente a que

las promesas se cumplan y no queden en el cesto de las buenas intenciones.

La política económica no puede desligarse de su concatenante en el mundo laboral. Las prisas políticas, la

necesidad de abordar algunos problemas muy directamente relacionados con la propia Constitución, como

ha sido el caso de los Estatutos de autonomía para Euskadi y Cataluña, ha impedido, en numerosas

ocasiones, dejar ver el bosque de otros problemas más inmediatos.

La regulación de las relaciones industriales y laborales sigue en el aire. Y ahora está a punto de estallar la

tormenta con el anuncio de un otoño caliente por parte de las centrales sindicales. Y sólo cuando estalla la

tormenta nos acordamos aquí de Santa Bàrbara. Y esa santa señora no es otra cosa que la ineludible

necesidad de poner orden en el mundo laboral.

La Constitución prefigura unas pautas de comportamiento que será necesario seguir. Las relaciones

laborales tienen aún demasiado tufillo franquista, un halo de intervencionismo estatal y un maremagnun

en el comportamiento de las centrales sindicales.

La legislación básica debe aprobarse con urgencia y con la misma rapidez poner a punto toda la

normativa de desarrollo. En el Congreso espera para ser debatido el proyecto de Estatuto de los

Trabajadores, sobre el que pesa un importante acuerdo UGT-CEOE. Pero hay otras cuestiones

importantes, como la regulación del derecho de huelga o el «loc-kout», que precisan una imperiosa

regulación.

BUSCAR EL PACTO

Junto a estas necesidades básicas de orden normativo existen otras de un carácter más politico. Sindicatos

y patronal coinciden en la necesidad de establecer un marco de acuerdos de actuación que deberán servir,

no sólo para sacar adelante y con cierto «consenso» esa legislación, sino, lo que es más importante, su

puesta en práctica.

El problema está en la mediación que buscan en el Gobierno. La ensoñación de una reedición de los

pactos de la Moncloa es, a todas luces, impensable. Lo lógico en un sistema de economía libre como el

que consagra la Constitución para España, es que se eviten al máximo los intervencionismos de todo

orden.

Un buen precedente de lo que se podría y debería hacer está en los acuerdos lanzados este verano entre la

CEOE y la UGT, cuyos efectos han comenzado a sentirse en la formulación y resolución de algunos de

los conflictos que han tenido lugar las pasadas semanas. Sin embargo, este acuerdo parcial ha servido

para alimentar las rivalidades entre la central socialista UGT y la comunista CC OO. La situación del país

no está para librar batallas de poder permanentemente. La excesiva politización de las actuaciones de las

centrales sindicales es uno de los males de raíz. Es más, el descenso que se viene produciendo en las

afiliaciones a las centrales tiene ahí su origen más directo.

Evidentemente, el nivel de competencia entre estas y otras centrales no ha estado en servir una mejor

infraestrucutra para la defensa de los intereses de los trabajadores. Y, a medio plazo, nadie se deja dar

gato por liebre.

Parlamentario, a trabajar

Esta semana próxima el Parlamento reabre también sus puertas. De hecho, la Cámara Alta ha venido

consumiendo estos días un breve periodo extraordinario de sesiones. Pero es al Congreso al que le

corresponde elaborar un programa de urgencias legislativas.

En el Congreso hay ahora mismo un buen paquete de proyectos de ley. Pero no todos gozan de la misma

importancia ni urgencia.

Y en este paquete, además de los proyectos de desarrollo constitucional más urgentes -como es el caso del

Tribunal Constitucional o la regulación del Poder Judicial-, debería insertarse toda la regulación

sociolaboral.

A la hora de elaborar esas prioridades es posible que se vuelva a caer en una permanente obsesión de

nuestros legisladores: el electoralismo permanente latente, que ahora se agudiza ante la premura de los

referendums vasco y catalán y las subsiguientes elecciones a los respectivos Parlamentos autónomos.

Se impone la necesidad de activar una tregua en los intereses partidistas para poder, así, sacar adelante a

este país de sus ya petrificados problemas que comienzan a convertirse en algo que no tiene remedio.

Decían los expertos en cuestiones franquistas que el general dividia los problemas en dos bloques: los que

el tiempo ha resuelto y los que el tiempo resolverá. Ahora, evidentemente, no se puede trabajar a cuarenta

años vista.

El reto socialista

Otra de las indudables causas del desconcierto reinante está, sin duda alguna, en la subsistencia de la

crisis del PSOE. El latente y abierto enfrentamiento existente entre radicales y felipistas impide que el

primer partido de la oposición clarifique plenamente sus posiciones en la política general del país.

Es más, en el congreso extraordinario que los socialistas celebrarán a finales de este mes no sólo se debe

sustanciar la polémica de la definición del Partido Socialista, sino que también se deberá aprobar la

estrategia a seguir por el PSOE en los próximos dos años. Si los socialistas no encaran a fondo el

problema y optan por soluciones híbridas, nada se habrá solucionado y la política de este país seguirá

siendo un juego de adivinos que pasan la vida intentando despejar incógnitas de todos los colores.

Tanto a los propios socialistas radicales como a numerosos observadores políticos les ha llamado la

atención la actuación seguida por Felipe González desde el final del XXVIII congreso. El líder socialista

ha dejado que sus propuestas vayan avaladas por otros y ha quedado voluntariamente apartado de la

polémica. Como ya lo hiciera en alguna otra ocasión, puso mar por medio recorriendo varios países

americanos.

Ahora, sin embargo, en las últimas semanas previas al congreso, inicia una gira por las distintas

federaciones socialistas para explicar su postura. Esa campaña de clarificación era necesaria y es de

esperar que lo mismo hagan los críticos.

Pero lo que temen estos últimos es -como calificó uno de los dirigentes de este sector- que Felipe prepare

un golpe bonapartista, una especie de arreglo del congreso en los días previos. En cualquier caso, el

PSOE debe asumir el reto teniendo en cuenta todos los elementos que constituyen un partido, incluidos

sus electores.

La otra escalada de ETA

Ha habido, por otra parte, en la semana que ahora concluye una cuestión que no debe pasar desapercibida,

pese a la cotidianeidad que estas noticias producen, desgraciadamente. La última escalada de ETA que,

por ir a la desesperada, puede producir peores consecuencias.

Dos hechos, los asesinatos de los últimos días y la campaña en favor de los llamados refugiados vascos,

convergen en una campaña mayor en contra del Estatuto vasco. Ambos pretenden generar una nueva

espiral de violencia sin fin siguiendo el efecto de la provocación y la contraprovocación. El objetivo

obvio es que la ETA busca un apoyo popular que se le escapa de las manos.

Y da la casualidad de que los llamados refugiados o son simplemente emigrados voluntarios al Pais

Vasco-Francés o simples etarras que siguen buscando en Francia el refugio a su impunidad. Ninguna ley,

ni ninguna argumentación política, obliga a nadie al exilio. Sólo algo tan elemental como el Código Penal

que persigue a los delicuentes, como ocurre en cualquier país civilizado

 

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