El PSOE, en su sitio     
 
 Diario 16.    01/10/1979.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

El PSOE, en su sitio

El Partido Socialista Obrero Español, tras el congreso extraordinario, ha quedado en su sitio. El que

corresponde al partido centenario de la izquierda y, en estos momentos, mayoritario de la oposición. Ni

derechazo ni radicalismo.

Se mantiene la línea tradicional de sus principios ideológicos. De haber renunciado a ellos, el Partido

Comunista hubiera sido el mayor beneficiario. El PSOE debe tener todos los argumentos para ejercer el

hegemonismo en el ámbito de la izquierda. Hasta 1983 ese hegemonismo está avalado por los cinco

millones y pico de votos que le ofrecieron su confianza.

Tampoco hubiera sido positivo para el país que el PSOE invadiera el terreno que le corresponde al centro

por la mera, impaciencia de llegar al Gobierno en unas circunstancias nada favorables.

No deja de sorprender, sin embargo, que Felipe González haya asumido, en esta ocasión, unos principios

ideológicos : que son prácticamente los mismos que aprobó el ´ XXVIII Congreso y que motivaron la

declaración del líder socialista de incompatibilidad con ellos.

Los más destacados representantes del sector «critico» no han podido ocultar su sorpresa al ver que los

«felipistas» hicieron suyas las tesis que venían defendiendo sus antagonistas en estos cuatro meses de

polémica.

El mismo Alfonso Guerra echó mano incluso de esos argumentos para reconducir a su cauce las aguas

socialistas desbordadas el pasado mes de mayo. Indudablemente, en este hombre-motor del PSOE radica

el desenlace del congreso. Desde una posición de culpable por el desaguisado del XXVIII Congreso,

luchó ahora con ahínco para no dejarse arrebatar ni la tradición ideológica del partido ni su aparato

organizativo. Se jugaba la continuidad del gran descubrimiento que ha sido la figura política de Felipe

González, que nadie como él sabe cómo se forjó.

Posiblemente desde esa comprometida posición se vio obligado a calentar al público arrancándole la

ovación fácil con la alusión a Suárez esperpénticamente divisado a la grupa del general Pavía después de

disolver las Cortes. Son los tics del pasado, poco rigurosos ahora, de repartir y retirar patentes de

demócratas.

Clarificada la situación interna del partido, el PSOE ha de lanzarse a hacer su política sin ambigüedades.

Este partido tiene la responsabilidad del gobierno de miles de municipios, controla la segunda central

sindical del país y suma la mayor fuerza parlamentaria de la oposición.

En su discurso de clausura, como secretario general electo, Felipe González dio muestras de haber

asumido esa responsabilidad. Significativa cita de Largo Caballero al margen, el líder socialista encaró el

grave problema de la violencia con gran valentía y claridad. Al terrorismo no eludió ponerle nombres y

apellidos: ETA, GRAPO y bandas fascistas. Y a las tentaciones antidemocráticas las llamó lisa y

llanamente golpismo.

Esta política responsable y madura es la que se espera del PSOE. Los socialistas han de abandonar esos

hábitos adquiridos en la clandestinidad que les conducen a realizar una política testimonial y no una

estrategia de incidencia real en la sociedad. Al tiempo de ofrecer su proyecto político, les corresponde

ejercer su parcela de poder como segundo partido de este país.

El polémico congreso extraordinario ha terminado sin vencedores ni vencidos, afortunadamente. Si los

principios ideológicos resultantes han sido de síntesis, la dirección del partido, aunque monocolor, ha

incorporado hombres valiosos -ahí están los nombres de Sotelo y Maravall- que no atienden a la

mera adesión.

 

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