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 La Democracia y los españoles     
 
 Pueblo.    16/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

«LA DEMOCRACIA Y LOS ESPAÑOLES»

Jose María Carrascal escribe en «A B C»:

Casi me atrevería a decir que el español es uno de los pueblos que más fácilmente se conduce. Basta

tocarle el corazón o la conciencia. ¿Cómo se explica, si no, la cantidad de veces que le han engañado sus

gobernantes? ¿Cuántas veces le han encandilado con la reforma agraria, con la reforma fiscal, con la

religión, contra la religión, con la revolución, contra ella? Es verdad que de entrada tiene ciertas

características que no parecen encajar en los requisitos demócratas: una apasionada tendencia a lo

absoluto, un enorme sentido de la justicia, un completo desconocimiento de lo qué es la verdadera

democracia. Pero todo ello podría aprovecharse para hacer de él un fervoroso demócrata si se dieran tres

condiciones:

• Líderes honestos que digan Ja verdad y prediquen con el ejemplo.

• Bajar la política de las regiones abstractas al terreno real y una campaña de ilustración sobre lo que es

la democracia, sin mitíficaciones ni endemomamientos, presentándola tal cual es como «n continuo

compromiso.

A los españoles, sin embargo nos han enseñado que po-litica es aniquilar al contrarío. Yi lo hemos

practicado. Tendemos al «todo o nada», e incluso la palabra compromiso tiene una connotación despec-

tiva en nuestro idioma. Se habla de compromiso como de algo inacabado, vergonzante, cuando la vida ,es

un compromiso ininterrumpido con los otros y con nosotros mismos. Aparte de que compromiso viene de

comprometerse con los demás, que es la más noble acepción de la política. La Prensa, que ha desempe-

ñado un papel tan decisivo en traer la democracia a España, tiene ahora ante sí otro no menos importante:

explicar su verdadera naturaleza, un delicado equilibrio de derechos y responsabilidades —y conso-

lidarla— practicándola. Desde el 16 de junio los españoles vamos a tener otro peso específico. Si no

sonara tan rimbombante, diría que subiremos un escalón en la impalable clasificación de eategorias

humanas. Pero por la ley del equilibrio universal, que se aplica también a los espíritus, lo que ganamos

en libertad lo perderemos en obligaciones, y conviene estar advertidos de que la democracia no es una

fórmula mágica, a votación no va a resolver nuestros problemas, va sólo a darnos la posibilidad de

resolver entre todos. El éxito o fracaso dependerá ya sólo dé nosotros.

 

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