Autor: Sánchez Mazas, Rafael (***). 
   Amenació la democracia     
 
 Pueblo.    16/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

AMANECIÓ LA ESPAÑA, tiene, desde ayer, ana concreta y conocida radiografía política, que irá perfilándose a lo largo de la jornada, pero que no será conocida con matemática exactitud hasta el día 21, cuando se hagan públicos por la Junta del Censo los resultados finales. No tratándose del enfrentamiento de dos bloques, como de hecho sucedió en las elecciones de 1936, el Centro Democrático, que encabeza el presidente, Adolfo Suárez, ha logrado mayoría relativa en eí Parlamento, seguido por el Partido Socialista Obrero Español, que ha alcanzado lugar muy importante en la nueva realidad política.

Le siguen Jos otros tras partidos que, sin exceso, pueden llamarse «grandes», como son Alianza Popular, Partido Comunista y Partido Socialista Popular, y desde ahí comienza algo como tuia Vía Láctea de pequeños grupos, algunos de los cuales pueden incluso no alcanzar representación alguna en el Congreso y en el Senado. Al filo de la mañana se acusaba una aparente mayoría conjunta de todos los grupos de izquierda, pero no es fácil calificar así ni al Partido Nacionalista Vasco ni al Equipo de la Democracia Cristiana, otro de los grandes derrotados de las elecciones de 1977. España no se ha partido por gala —o por desgracia— en dos, sino que se ha expresado &Iéc-toralmente con una- pluralidad de grupos que permite medir al valor real de cada uno ant« el electorado. La «sopa de letras» se ha acabado.

RECORDABA, pocos días hace, Péter Hillmore, uno de los comentaristas del «Guardian» de Londres, que en Inglaterra se han efectuado desde IS36 diez elecciones generales y 524 elecciones parciales, mientras que en España no había habido elección democrática alguna en el mismo plazo. Esta comparación hacía creer a algunos observadores que el comportamiento electoral de nuestro pueblo iba a ser violento, o al menos muy apasionado, mientras que la realidad ha sido precisamente la contraria. Aparte de los mínimos incidentes que pueden producirse en unos cuarenta mil colegios, la jornada ha sido absolutamente pacífica, como si loa españoles hubiésemos tenido la misma práctica electoral que loa ingleses a lo largo de los pasados cuarenta años. Ua solo partido, la Unión del Centro Democrático —más bien una coherente coalición de grupos y personas—, tendrá indiscutible mayoría relativa en la Cámara, seguido apretadamente por el P. S. O. E-, que se convierte así, aunque otra cosa haya podido gritarse en algunos actos, en la «oposición de Su Majestad», y de desear es acepte este gran pape) que los españoles le han asignado. Ahora se trata no sólo de hacer una Constitución, sino de lograr ua Gobierno eficaz ante los temas vitales que ia nación tiene planteados. Para que España resuelva ,sus problemas hará falta la colaboración de todos, y nada sería más erróneo que impedir la buena marcha de un pueblo que tantas esperanzas ha puesto en la democracia.

PERO lo importante desde hoy no es sólo la necesidad de colaboración y entendimiento entre los partidos para que podamos ser una próspera Suecia del Mediodía y no una desgraciada Italia del Oeste, sino que esos partidos acepten el veredicto de las urnas con total propósito democrático, sin que ninguno trate de convertir su triunfo relativo en un desorden público o en una toma de poder desde ía calle. Es notorio que para garantizar el orden no sólo durante las elecciones, sino después de ellas, está en marcha la Operación Ariete, y nada sería más peligroso qué se intentase la violencia contra aquellos que tienen la fuerza como oficio y pueden probar que saben emplearla. El pueblo español ha mostrado ayer que desea el normal funcionamiento de las instituciones democráticas, y todos han de acatar ese veredicto sin alzar aquí o allá banderas separadas o proclamar por su cuenta estatutos o normas especiales que sólo las Cortes tienen facultad para legitimar a lo largo de sus próximos debates. Va a hacerse una Constitución, pero partiendo de los cimientos del país y no absolutamente «ex novo», cortar si 36 millones de españoles hubiéramos salido ayer desde la nada. La historia es patrimonio de todos, desde don Pelayo hasta después de Adolfo Suárez, lo mismo que al otro lado de los mares es de todos la. historia norteamericana --también con una gravísima guerra civil por medio—, desde Washington hasta Cárter, pasando por Lincbln y Davis. Hacer la quinta Constitución de este siglo será tarea urgente, pero más lo es aún que los españoles estemos bien gobernados. Lo reclaman una situación económica muy seria y el creciente fenómeno riel paro. Aparte de que ninguna Constitución resolverá por sí sola y como una varita mágica los problemas nacionales.

Tenemos dé ello larguísima experiencia desde !a Constitución de Cádiz, LOS nombramientos de senador hechos ayer por el Rey, así como la, designación del nuevo presidente de las Cortes, completan antes de la apertura d© la nueva legislatura la operación reformista, que tuvo como primera etapa el referéndum del 15 de diciembre, y que ayer superó el último de sus grandes obstáculos. Todos y cada uno de los partidos ha asumido ayer ante eí pueblo un compromiso histórico de gran magnitud, y el primero, el P. S, O. E., tan favorecido por la atención del electorado. La opción socialista es uno de tos grandes fenómenos de nuestro tiempo, pero ese socialismo nace no sóio de una posición de partido, siao del ansia general de mayor socialización de la vida que hoy se observa en todas las naciones, y muy singularmente en las desarrolladas. Una colaboración —que no es preciso sea conjunción:— entre el Centro y el socialismo puede dar a la política española que ahora nace esa orientación social que tan patente se ha hecho ayer en ios más pacíficos comicios de nuestra antaño agitada vida democrática. Para en. trar, de verdad, en otra era se requiere la colaboración de todos para que el «nuevo horizonte» anunciado por Suárez comience a ser realidad desde este verano. La frase kennediana — allí fue >la nueva frontera»— no ha sido lanzada al viento, sino recogida por él sentir colectivo de un pueblo que parace desear la socialización de las cargas y de las responsabilidades. Una Monarquía democrática y moderna puede ser lograda desde estas premisas básicas.

NO ha sido apoteósico —incluso podía ser conveniente que no lo fuese—, el triunfo de Suárez, pero es notorio que los españoles se han pronunciado por la moderación que trazó el presidente del Gobierno, y que cuantos 93 aparten de esa moderación y del justo medio podrían perder la con. fianza de sus electores, qué, desean una acción parlamentaria lo más solidaria posible, y no convertir al país en un campo de Agramante. No ha sido la dé ayer una jornada como el 14 de abril, que nos dividió en republicanos y monárquicos, ni como el .16 de febrero que nos desgarró en marxistas y antimarxistas}..ya caskeon las armas en la mano Ahora se trata de apretar ía solidaridad, de suavizar las aristas, de impedir los enfrentamientos y, sobré todo, de cortar por lo sano toda acción violenta y colérica en la calle. Cuanto comprometa a la democracia, daña a todos, y cierra el futuro que ayer se trazó desde las urnas con rasgo indeleble y que deseamos perdurable. España se ha despertado democrática en esta 16 de junio, y desilusionar a nuestro pueblo podría hacer tal democracia difícil o inviabíe. La democracia ha amanecido, y ninguna sombra debe empañar tan jubilosa alborada.

 

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