Autor: Carnicero, Jesús. 
   Estatuto de los Trabajadores, lucha de clases y lavanderías     
 
 Diario 16.    26/10/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Diario 16/26-octubre-79

OPINIÓN

El Estatuto de los Trabajadores es un gran desconocido para todos y se mantiene sobre él una cierta

nebulosa, que tiene visos de continuar con buena salud durante largo tiempo.

Son muchas las interrogantes que se levantan sobre el contenido de esta carta y sobre el complicado

mundo de las relaciones laborales, en el que la claridad brilla por su ausencia.

Estatuto de los Trabajadores, lucha de ciases y lavanderías

La desnuda realidad del Estatuto de los Trabajadores es que apenas se conoce. Y además, todo apunta a

que determinadas centrales sindicales y organizaciones empresariales no quieren que se conozca, al

menos no demuestran interés, en vista de la vaguedad de sus afirmaciones. Por ejemplo^ una central dice

que el Estatuto «es inadmisible porque recorta derechos que los trabajadores ya están disfrutando». Lo

que sucede es que no dice que derechos. Un líder sindical afirma que «introduce un despido aún más

barato», mientras que para los empresarios se trata del «despido más alto de Europa».

Lo que «todos» esperan

Pero todos los indicios apuntan a que esta ceremonia de la confusión en torno al Estatuto, apenas ha

comenzado. A las anteriores declaraciones, ya descritas, el mismo líder sindical había añadido

previamente una declaración antológíca: «No conozco el Estatuto, pero es inadmisible.» Después, se han

sucedido toda suerte de declaraciones y comentarios. Un experto, a quien no parece gustarle el Estatuto,

señala en un matutino madrileño la importancia del pacto

Jesús Carnicero

CEOE-UGT, y dice: «Este acuerdo ha supuesto un paso muy importante en la aproximación de las

relaciones laborales en España.» La fina sensibilidad del experto le lleva a advertir como se aproximan las

relaciones laborales, —¿una con otra?— y ya ha creído detectar los efectos prácticos. Termina con la

esperanza de que «las enmiendas que el proyecto reciba en las Cortes lo transformen en el Estatuto que

todos esperan».

Este canto a la esperanza por parte del experto necesita algunas concreciones: Si por todos se refiere a

empresarios y trabajadores, que son los más directos interesados en las relaciones laborales, habría que

saber si las indemnizaciones deben ser las que quieren los empresarios o las que desean los sindicatos. Si

el derecho de reunión debe conducir al asamblea-rismo o debe de admitir una regulación. Por último, en

definitiva, debe de aclararse si lo que «todos» esperan es un Estatuto que convenga a todos, es decir, a los

españoles en su conjunto, o que deje satisfechos a todos. En este último caso, el experto se quedará sin

Estatuto.

Al Estatuto tampoco le faltan detractores femeninos. En esta ocasión, de un Sindicato Unitario de

Valencia. La verdad es que la propuesta, en este caso, es más coherente. Dice que el Estatuto debe

recoger, entre otros puntos, el derecho de las madres solteras a ser despedidas las últimas, en caso de

reestructuración de plantillas. Debe contener equipamientos sociales, como lavanderías, y debe hacerse un

«Estatuto del Trabajador de las empleadas del hogar».

Preguntas sin respuesta

Entre toda esta maraña de declaraciones y de afirmaciones inconcretas, los españoles no sabemos qué

contiene el Estatuto. ¿Es válido el articulado sobre negociación colectiva? ¿Permite dialogar a

empresarios y representantes legítimos de los trabajadores? ¿Garantiza que este diálogo se podrá celebrar

en .un plano de igualdad entre los interlocutores sociales? ¿En qué medida interviene la autoridad laboral?

¿Garantiza el Estatuto soluciones profesionales a problemas exclusivamente profesionales?...

Contestar a estas preguntas, entre otras, ayudaría a todos los ciudadanos a entrever un poco de luz en la

nebulosa laboral. Pero las respuestas son difíciles. La «pobre novela histórica de la lucha de clases» está

retrasando Ja entrada de España en la Europa sindical y laboral.

 

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