Estatuto de los trabajadores     
 
 ABC.    26/07/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. JUEVES, 26 DE JULIO DE 1979.

ESTATUTO DE LOS TRABAJADORES

Incluido en la Constitución, para ser desarrollado, definido, como norma legal, figura el Estatuto de los

Trabajadores. Pero también, en otro artículo, establece la Constitución un modelo o sistema de economía

de mercado. No parece requerir este modelo ley derivada concreta porque será el resultado del conjunto

legislativo que regule la economía en todos sus aspectos y entre ellos, con relieve principal, las reteciones

laborales; relaciones de los trabajadores, y de los sindicatos en su caso, con las empresas.

Basta este brevísimo planteamiento para resaltar, sin más aportación de adjetivos, la importancia del

Estatuto de los Trabajadores. Su importancia y su dificultad. Porque es evidente que dicho Estatuto, si se

aprueba de acuerdo con las actuales pretensiones de las centrales sindicales, será contrario al sistema de

economía de mercado; y si respeta el sistema de economía de mercado, al menos en sus líneas

fundamentales, será impugnado por los sindicatos.

Frente a tal opción se encuentra ya el partido que gobierna, y, en consecuencia, el Gobierno mismo, aun

antes de presentar en el Congreso el proyecto de Estatuto de los Trabajadores y de afrontar el debate

parlamentario correspondiente.

Es una opción decisoria. La economía española no tiene ninguna otra posibilidad de recuperar su ritmo

perdido y su pulso agonizante que no sea la implantación urgente del sistema de economía de mercado,

con todas las libertades económicas inherentes a él, sean o no bien acogidas por los sindicatos. No hay

otra salida, ni hay otro camino, excepto resignarse a la regresión económica de un modelo socialista. Pero

esta actitud, adoptada por un Gobierno y un partido que no son socialistas, sería una aberrante

incongruencia.

El problema se reduce así, en el fondo, a la capacidad política que tenga UCD—desde el Gobierno y en el

Parlamento— para afrontar, como otros partidos políticos europeos lo han hecho en circunstancias

análogas, la oposición sindical. A la que no faltará, por cierto y desgraciadamente, el apoyo de los par-

tidos vinculados directamente con las centrales sindicales.

No será lucha fácil, pero se puede y se debe ganar. La intensa preocupación de la inmensa mayoría de los

españoles ante la gravísima situación económica respaldará al Gobierno. Y, por otra parte, no es empeño

político imposible redactar y defender un Estatuto que establezca, en España, una situación laboral

equiparable a la que existe en países europeos cuya prosperidad económica, aun en estos tiempos de

crisis, quisiéramos para el nuestro.

Más pronto o más tarde, también la democracia española tendrá que afrontar una seria dialéctica con los

sindicatos. Porque sin negarles sus derechos legítimos, no es posible aceptar que se conviertan en un

Gobierno paralelo o en un poder que desplace de hecho a los poderes constitucionales.

Por las particulares circunstancias en las que se ha producido el cambio político en España, la exaltación

sindicalista es muy acentuada. Pero deberá moderarse —incluso por propio convencimiento de los líderes

sindicalistas— o se agravarán aún más el paro, la inflación, las quiebras empresariales...

 

< Volver