Autor: Garrigues, Antonio. 
   Frente al terrorismo     
 
 ABC.    30/05/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. MIÉRCOLES, 30

DE MAYO DE 1979 PAG. 3.

FRENTE AL TERRORISMO

EN esta hora sombría, todo menos dejarse llevar del desalíento ni de la exasperación. Con lo uno y lo

otro, y más cuando se mezclan, porque son atines, las cosas que están mal pueden ponerse peor, mucho

peor, pagándose un alto precio de nuevos desórdenes y nuevas victimas. Cuántas veces ha sido asi en ja

historia de España! El desaliento conduce a la Inacción, que es cobarde y funesta; la exasperación, •

acciones irracionales, desentrenadas, que, como una embriaguez, producen una euforia emocional sin

arraigo ni futuro. La acción segura, fuerte, paciente, irrevocable, tiene que proceder de un análisis frio,

sereno, en profundidad, sin acepción de personas, fuerte, apasionado, pero no por el rencor, la

desesperación o el miedo, sino por el amor a la Patria, a la justicia, a la libertad. Hay cosas que se pueden

evitar, pero hay que hacerlas frente, que darles cara.

La democracia es también un dedo, pero un dedo legitimado para elegir a los mejores. Es un contraste

público que se produce tanto en el seno de las Cámaras políticas —no en las camarillas— como en el gran

foro en que convierten al país los medios de comunicación actuales, para que el pueblo conozca y designe

sus líderes, sus guias, que han de conducirle a la paz y a la justicia. Y la libertad tiene que ser defendida

con el ejercicio de la autoridad, por esos líderes que, por estar legitimados democráticamente, tienen que

ejercer el poder con una energía tal que sirva de ejemplaridad y de contención a todos los desafueros que,

en este caso, si que cuadra el decir lo de que vengan de donde vinieren.

Pero la solución hay que buscarla en el seno de la Constitución y de las instituciones vigentes que son,

como todo lo humano, imperfectas y perfectibles. Nada de nuevas aventuras políticas. Nadie puede

desestabilizar la democracia constitucional establecida, nadie más que ella misma, si no ejerce ef poder

que la legalidad vigente ha pueslo en sus manos. Por primera vez en la turbulenta historia democrática de

España, todos los partidos políticos, desde la derecha conservadora a la Izquierda progresista, acatan la

Constitución vigente bajo la forma de la Monarquía parlamentaria. Hay, es cierto, a la extrema derecha y

a la extrema Izquierda, grupos políticos disidentes, pero son muy minoritarios. Como habrá dentro del

sistema infiltraciones y emboscadas y traiciones, pero de lo que no puede hablarse, en verdad, en esta

hora, es de «las dos España». Hay una España diversa, como tiene que ser, pero básicamente unida frente

al terrorismo y a la ruptura de la unidad de la Patria, y gobernable, en su diversidad, trente a los grandes

problemas interiores y exteriores de España, con no más dificultad que en cualquier otro país

democrático.

El terrorismo no es la guerra ni la guerrilla, porque tanto una como otra presuponen un frente, y el

enfrentamiento es precisamente lo que el terrorismo quiere evitar a toda costa. Es una mafia política con

ramificaciones internacionales, que también extorsiona económicamente y que, como toda mafia, está en

todas partes y en ninguna. Su principal cabeza permanece lejos de la acción —protegida por los

Pirineos— y ésto, la acción criminal, se ejerce por gentes desconocidas y en gran parte incognoscible, que

aparecen como normalmente integradas en el cuerpo mismo que tratan de destruir. El terrorismo es un

fenómeno genérico, aunque en cada país, como en el caso de España, tenga características y motivaciones

propias. Por ello, el empleo del Ejército no sirve frente al terrorismo. Y por ser un fenómeno nuevo

potenciado por las nuevas armas y medios de destrucción, las fuerzas de seguridad Interior no estaban

preparadas para combatirlo. Pero lo estarán, porque pueden estarlo y porque tienen que estarlo si España

ha de sobrevivir. Hace falta un nuevo concepto, unos nuevos medios y una nueva táctica.

Pero no basta con eso. Politicamente hay que analizar las causas y las (razones, profundas, por aberrantes

que sean, que mueven al terrorismo; hay que penetrar dentro de él, asi como él entra dentro de la sociedad

vigente, como el gusano en la manzana. En parte alguna existe el mal absoluto. Entre los terroristas de

cualquier signo hay, desde luego, pura criminalidad, como la que se vive desdichada, trágicamente, casi

dia a día, pero, además de causas económicas y ambientales —para la juventud el paro y eI

exhibicionismo de la violencia—, nay gentes que están obcecadas y fanatizadas, pero que creyentes de

una causa Justa, justifican con esa fe y ese Ideal el empleo de los medios, aun los más Inhumanos e

indiscriminados. Por eso, a la acción de las fuerzas d» seguridad y a la indispensable colaboración

ciudadana, que es esencial, hay que añadir la acción política.ç

El sistema constitucional vigente asta respaldado, además de por todos los partidos que tienen algún peso

en et país, por la unidad y la disciplina de todas las fuerzas armadas, por la Influencia pacificadora de la

Iglesia, sin interferencia en la política, por el profundo deseo de paz, de orden y de autoridad que tiene el

libre pueblo español, y su aborrecimiento a la violencia, y por una Monarquía en ta que tanto el Rey como

la Reina se exceden en al cumplimiento del deber. También todo esto hay que decirlo, porque quedarse

sólo con la parte sombría y negativa del momento, aunque se haga de buena fe, por lo que desalienta y

desorienta, coadyuva a la acción terrorista qua es como una cuña que no puede hacer nada frente a un

cuerpo social compacto, fuerte, resuelto. — Antonio GARRIGUES.

 

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