Autor: Dávila, Carlos. 
 Informes profusamente difundidos entre los militares. 
 Intoxicación en los cuarteles     
 
 ABC.    24/05/1981.  Página: 11-12. Páginas: 2. Párrafos: 15. 

NACIONAL

Informes profusamente difundidos entre los militares

Intoxicación en los cuarteles

Por Carlos DAViLA

En ios últimos días del mes de marzo, los buzones de las casas militares de Madrid y de muchas

provincias españolas recibieron una extraña publicidad: un legajo de cuarenta y dos folios,.mal

fotocopiados, con este título: «informe general extraordinario para las Fuerzas Armadas. Causas del

malestar militar.» Era éste el tercer mensaje del mismo tipo que los profesionales de la Milicia recibían

desde que un 23 de febrero Tejero asaltó el´ Palacio del Congreso de los Diputados y durante diez

segundos justos1 hizo sonar las metralletas con fuego real.

En dos informes anteriores, muy inferiores en calidad conceptual, demagógicos y torpes en redacción, los

mismos recipendiaribs fueron literalmente «intoxicados» con una historia irreal .de la dimisión de Adolfo

Suárez y con otra en Ja que, con desfachatez indisimu-jada, se pretendía implicar a la Corona en la

intentona golpista del señor Tejero Molina. Estos dos informes no han tenido, pese a la rapidez con que

fueron gestados y difundidos, mayor incidencia en las Fuerzas Armadas; otra cosa ha sido, desde luego,

eltercero de ellos, al que me refiero-en principio, considerado por los expertos como un modelo de

«dossier» dirigido, destinado a instaurar una hábil terapéutica de convencimiento. Desde que se tuvo

noticias de su existencia comenzaron las investigaciones, y hoy puede pensarse que existen pruebas

notables de queen su elaboración han participado elementos civiles y militares y que ha contado con una

financiación adecuada;^ quizá —como se me ha dicho en algún círculo— con el «dinero que sobró del

golpe».

«ESPIAR A LAS FAS»

Los redactpres del Informe, conscientes de la perentoriedad de su intento, incluyen inteligentemente en

estas páginas todo un capítulo en el que denuncian el acoso que han sufrido en ciertas épocas algunos

militares, de conocida filiación ultraderechistá, y urgen, con lenguaje impositivo, que es especialmente

machacón en los folios finales, a que cese la persecución hacia los elementos sospechosos de

involucionismo. En síntesis, Jos redactores advierten que «no se puede espiar a las FAS», en un capítulo

dedicado a desacreditar al Centro Superior de Información de la Defensa, al que se le achaca

protagonismo «en el ataque más peligroso a las FAS». Es precisamente esta acusación una de las causas

que se esgrimen en el informe como determinantes del malestar militar. El CESID, como se recordará, fue

especialmente criticado a raíz del golpe de Estado por su inoperancia y aún no ha conseguido, que se

sepa, relanzar su imagen de organismo útil como herramienta informativa imprescindible en el.Ejército

español. Precisa^ mente anteayer se ha nombrado un nuevo director del CESID.

Cualquiera que pueda leer este «dossier», tan inteligentemente preparado, puede sacar algunas

conclusiones —que no son, precisamente, con las que termina el informe— que coinciden todas en la

magnífica capacidad de influencia subliminal que ha conseguido el grupo encargado de cuidar, tiasta el

último detalle, todos y cada uno de tos capítulos de este folleto fotocopiadp. El grupo redactor ha querido

conseguir, al menos, tres objetivos: constatar su proclamada neutralidad ante cualquier sistema político,

recabar la atención general sobre los desmanes conque la demo-erácia se ha cebado en ías Fuerzas

Armadas y «elevar» la responsabilidad de los acontecimientos del 23 - F hasta las más altas instancias del

país.

«NUEVA» DEMOCRACIA

Puede decirse que en los cuarteles, donde este monumento a la «intoxicación» ha sido

«convenientemente» difundido, los tres mensajes han sido singularmente percibidos. La mayor destreza

política de los redactores estriba, precisamente, en lograr consenso sobre su afirmación literal: «Es un

hecho que la Historia nos muestra, aunque se quiera olvidar, que la antiquísima Institución Militar es

indiferente (con independencia de las simpatías o antipatías personales de sus componentes) tanto a la

forma de Gobierno como incluso de Estado.» Para demostrar ,esta «neutralidad», nada mejor que empezar

el epígrafe titulado: «¿Dictadura o democracia?», con una referencia a una alternativa, al parecer

planteada por el comunista señor Carrillo —no recuerdo tal especie— en la que sé venía a asegurar que la

democracia no puede convivir con «estas» Fuerzas Armadas. El informe va más lejos y afirma con

impropiedad injusta que el partido del Gobierno «también hizo suya esta tesis demostrando, junto con el

resto de los partidos, e! general desconocimiento existente en España sobre sus FAS y siendo la causa

principal de un continuo recelo hacia ellas».

El sofisma empleado funciona a la perfección: primero, se utiliza el nombre del personaje más maltratado

en el informe (luego se dirá textualmente: «Afortunadamente e! Ejército es pueblo sano y el comunismo -

masa envenenada») para conseguir el principio de repulsa contra un político que, particularmente, me

produce singular desagrado; segundo, se pretende advertir que el Ejército es «indiferente», realidad ésta

cierta respecto a casi toda la institución militar salvo, claro está, a los redactores del informe, que se

descubren cuando escriben por tres veces: «¿Es que acaso no hay otra forma de democracia?», «¿es que

no puede haber otros modelos de sociedad deseables?» y, sobre todo, con esta afirmación gravísima a

modo de imposición final: .«Reto a la clase intelectual para que busque nuevas fórmulas eficaces por las

que la voluntad popular pueda ser efectivamente partícipe de! poder, superando las viejas formas

trasnochadas que están demostrando otra vez más su inoperancia y fracaso.» ¿Puede decirse, tras la

lectura de estos párrafos, que no son únicos, que los responsables del informe sean «indiferentes» ante

cualquier sistema? Curiosamente, el último de los textos transcritos literalmente coincide con la tesis de

fondo mantenida por un matutino madrileño trredento en su apuesta por la laminación de la democracia

liberal.

Tienen razón los «informantes» en una, sola de las acusaciones que esgrimen; éí pueblo y el Ejército aún

se desconocen. Esta es una realidad indeseable, fundamentada, sin embargo, en causas distintas a las que

ellos pretenden; no es cierto, como aquí se dice y se desarrolla más ampliamente en otros puntos del

«dossier», que los diferentes Gobiernos de ÜCD se hayan mostrado beligerantes contra las Fuerzas

Armadas. Nada más lejos dé la realidad. Por no abundar en ejemplos farragosos, hay que recordar que las

últimas leyes aprobadas por el Parlamento no son consecuencia directa del golpe de Estado del 23 de

febrero; antes bien, fueron pensadas, estudiadas y redactadas mucho antes. Es posible, sin embargo, que

los redactores sé muestren inconformes con la de Reserva activa parangonada por cualquier analista

militar verdaderamente objetivo con las promulgadas en Occidente si analizamos con detenimiento una de

las conclusiones, mejor dicho, imposiciones, que el informe inscribe en su parte final: «Aplicación

inmediata de las leyes de permanencia en e) Generalato a todos los generales en activo, pues

especialmente los situados en niveles más altos han defraudado continuaments a la Institución por temor

inadmisible a perder su "status".»

LOS «AGRAVIOS»

Resulta preocupante, por la hostilidad que alcanzan las acusaciones, el «capítulo de agravios» en que el

informe basa gran parte del descontento patente en el seno de las FAS.

Los principales paganos de estos agravios; sus protagonistas, son los periodistas y los periódicos. Aquí

nadie se libra. Ocho veces en cuarenta y dos páginas se vierten acusaciones graves contra los medios

informativos. Esta es la nómina de vituperios de los que, a juicio de estos manipuladores, han sido

protagonistas jos medios de comunicación social (m. c. s. en las siglas del Informe): «Falsedades,

deformaciones intencionadas de los hechos, campañas antimilitaristas, apoyos a organizaciones

clandestinas militares, fomentó de la indisciplina, desprestigio de los mandos, etc.» En otra ocasión se

dice: «Otro aspecto que muestra la instrumentación política de que son objeto las FAS es la tendenciosa

difusión dada por los medios dé comunicación social (con frecuencia informados por el propio Gobierno)

de asuntos que debían haber permanecido, por el bien de la institución y de la propia nación, reservados.

Por ejemplo, la célebre «Operación Galaxia» o el cese del general Torres Rojas en la DAC, que por e!

escandaloso p injusto tratamiento que se les dio quizá expliquen actitudes y comportamientos

posteriores.»

CERTERO MANIQUEÍSMO

Este pretendido intento, certeramente conseguido según nuestras noticias, de «aliviar responsabilidades»

y cargar sobre Prensa y periodistas el pecado de maldad no se sostiene sobré sus propios fundamentos.

¿Cómo puede sugerirse que la primera intentona del contumaz indisciplinado Tejero debería haber

permanecido «reservada»? E! derecho a (a información, que por supuesto es absolutamente

incómprendldo por los redactores, y que se ejerció en el «caso Galaxia», no puede ser pretexto de golpes

posteriores. Privar a UR país del sistema democrático que libremente se ha dado es un delito que, no

afecta a la institución militar, que debe aguantar la acometida que en su seno realizan jefes sediciosos

como el actual inquiüno del castillo de la Palma, sino que atenta contra la nación entera. ¿Puede decirse

que fue injusto el tratamiento de los periódicos con Tejero o con Torres Rojas? No; fue simplemente

"adecuado^ la gravedad del delito cometido por el primero —constatado por los jueces, recuérdese—, y

del interés que tuvo el traslado del hasta entonces jefe de la DAC a la Gobernaduría Militar dé La Corona.

Pero donde el informe alcanza cotas inadmisibles es en ´la formulación de las responsabilidades derivadas

del golpe. Empecemos por decir que los autores contraponen, inteligentemente, la dictadura franquista —

régimen de autoridad la llaman— al actual democrático, alque, en el mejor de los casos, califican con

definiciones como: degradación-dé la sociedad nacional, desaparición del principio de autoridad, engaño

al pueblo, corrupción escandalosa de la clase política y otras lindezas por e! estilo destinadas a plantear

un arte maniqueo entre malo («esto») y lo bueno «(aquello)». El 23-F (según reconoce e! peligroso

«dossier», «debe hablar la Justicia») se presenta así: «Nos atreveríamos a pedir a todos que antes de

juzgar y "tomar partido" en uno u otro sentido se recuerde que se trata de compañeros con una dilatada

vida militar por entero dedicada a la profesión, en la que habían alcanzado el máximo prestigio, y se

medite sobre las circunstancias en este Informe como factores condicionantes de los acontecimientos.»

«UNA GRAN INSIDIA

Al margen del «prestigio» de Tejero basado en una vida hecha de indisciplina permanente .y de flagrante

«contestación» al mando, es evidente que la mención a las «circunstancias expuestas» habla claramente

de la escasa antipatía que produce en jos redactores del largo panfleto los famosos «acontecimientos». El

informe, después de denunciar nuevamente las «calumnias sistemáticas», la falta de respeto a la Justicia,

los intentos del poder político de manejar a la Justicia y las actuaciones del ministro de Defensa no

ajustadas a los principios del honor militar, como factores «que están siendo rechazados por nuestra

mentalidad castrense», deduce qué la principal experiencia derivada de aquel fatídico día fue el

funcionamiento correcto de la cadena de mando militar: «Cuando se ordenó salir, se salió sin demoras y

sin titubeos. Cuando se ordenó regresar, se cumplimentó disciplinadamente la orden al instante.» Es

cierto, sí, y esta certeza ha sido constatada por todos los medios, incluso los periodísticos, que tanta

afección producen en los autores del legajo, que la cadena de mando no se interrumpió, a pesar del «vacío

de poder» que curiosamente es ha esgrimido cuatro veces en el informe como razón suficiente para la

adopción de medidas extraordinarias. Hay qué recordar a este respecto que ni el Gobierno dejó de existir,

como falsamente dice el «dossier», ni existió otro «vacío»´ que el invocado por el^ bando escrito por el

capitán general de Valencia. El capítulo, somero naturalmente, dedicado al 23-F, termina con una

afirmación rigurosamente falsa: «Esta notable eficacia (se refiere al funcionamiento de la cadena de

mando) ha preocupado hondamente a la clase política, de donde se puede derivar una intensificación de la

labor de descomposición de nuestra institución.» ¿Cabe mayor insidia?

«ELEVAR» LA RESPONSABILIDAD

Pero, se pregunta indirectamente el engañoso documento, ¿de quién es la responsabilidad? Respuesta: «A

mayor nivel, mayor responsabilidad.» Transcribo ahora el párrafo más significativo: «Las continuas

ilegalidades, falta de autoridad, vacío de poder, graves vulneraciones a la´Constitución, etc., motivaron un

creciente descontento (ampliamente expuesto) en el seno de las Fuerzas Armadas, del que fue conti-

nuamente informada la superioridad.» Y en párrafo parte, completa: «La ineptitud o cobardía moral de

ésta fue la causa fundamental que condujo a los últimos acontecimientos, dando origen a una situación de

violencia y a la salida jde los carros a la calle. Sobre ella recae la principal responsabilidad.»

« Está claro: se trata, como dije al principio, de «elevar la responsabilidad de ios acontecimientos» para

que éstos caigan sobre la conciencia de las más altas instancias del país. Así es explicable desde la

zancadiila de Tejero a un anciano valeroso, el teniente general Gutiérrez Mellado, hasta, lo que es más

grave, el índice de conclusiones, imposiciones más bien, conque los redactores terminan su Informe. Son

catorce exigencias, que van desde lo chusco (liberación del vasallaje económico) hasta lo contradictorio

(medidas inmediatas contra la droga) —nada,se habla contra el tabaco y el alcohol— y "la inadmisible

amenaza: «Cese de los jefes de la JUJEM.» Son casi órdenes que terminan en un lenguaje sugerentemente

próximo al utilizado en el régimen anterior: «Solidaridad entre los hombres y las regiones de España», y

con una máxima en mayúsculas, con lo cual los redactores excluyen radicalmente a todo el que no piense

como ellos: «LA VERDAD OS HARÁ LIBRES», esperamos que así sea es mi comentario.

 

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