Autor: Vignau Miró, Alfonso. 
   El caballo del Rey     
 
 Diario 16.    30/05/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

OPINIÓN

30^mayo-8 i/Diario t.6

ALFONSO VIGNAU MIRO

El caballo del Rey

La sombra de los acontecimientos de febrero queda al fondo del homenaje a las Fuerzas Armadas que se

celebra en Cataluña. A ello hace referencia este artículo, en el que se distingue «entre dos formas

diferentes y aun opuestas de entender y practicar el patriotismo».

La elemental, un poco ajada ya y folklórica del teniente coronel Tejero, y la más evolucionada y

relativista de los más cultos. Que en aquella larga noche de los tanques y de los transistores se asomó a

los medios de comunicación mediante el periodismo de choque y contragolpe de la radio, que viene a ser

la infantería de los medios de comunicación de masas.

En este planteamiento de tesis y antítesis patrióticas, sólo el Rey podía realizar una síntesis válida de

urgencia. Y pudo hacerlo porque aquella tarde en que el país se encontró de pronto con las alas

legislativas y ejecutivas recortadas, Don Juan Carlos tenía todos los transistores encendidos.

También los históricos, pues la Monarquía parece estar especialmente diseñada para sintonizar todas las

longitudes de onda patriótica posibles, sin relegar ni despreciar ninguna por escasamente convencional

que parezca. A don Manuel Azaña —a cuya viuda visitó nuestro Rey en México— le hubiera fallado sin

duda este golpe (o mejor, estos golpes plurales y prorrogados) porque con su sarcasmo invencible´ de

hombre culto y universitario unidimensional hubiera emparejado a Tejero simplemente con la no menos

simplemente María del serial radiofónico y lacrimoso.

Escucha y señales

A don Manuel Azaña el golpe le hubiera sorprendido en su opuesta simplicidad de profesor desdeñoso

escribiendo un artículo para la «Revista de Occidente» o pergeñando un decreto-ley. Y aquella tarde

.había que estar a la escucha de todas !as señales y en los mandos del teclado del poder militar, que son

muchos y muy difíciles de dominar. Como lo estuvo el Rey.

La segunda síntesis que logró el Rey aquella noche fue la —todavía más complicada— de conectar la

Jefatura del Estado con la Jefatura de la Generalidad sin que saltaran chispas ni se fundieran los plomos y

fusibles que responden de los circuitos delicadísimos que integran a Cataluña y lo catalán en el Estado.

No se olvide que nuestro primer presidente, Maciá, había sido también teniente Coronel del Ejército; y

que su rebelión de Prats de Molió a poco de establecerse la Dictadura, aspiraba a conectar también, a

despecho de la disciplina militar, con los orígenes belicosos de este país. Lo que nos lo devuelve al cabo

de casi sesenta años como a otro Tejero de signo contrario y patriotismo menos simplista . por lo

periférico, republicano y sentimental. Aunque no menos levantisco. Y destinado a triunfar, por añadidura,

a despecho del quijotismo, tan español por catalán y excesivo, de su desplante.

De ahí que las apaciguadoras palabras del Rey a Jordi Pujol en la larga noche de Jos teléfonos, los

tricornios y los tanques, puedan y deban ser objeto, como las pastorales que difunden los obispos en el

norte, de «segundas lecturas» oportunas.

El Capitán General de los Ejércitos Nacionales no se dirigía, ciertamente, a un honorable «bbtiguer» pro-

vinciano y asustadizo.para reconfortarle. El «tranquilo, Jordi, tranquilo» de este Rey que se las va

sabiendo todas en la difícil asignatura intranacional que la Monarquía sintetiza y abrevia en su persona,

no era un aliento, sino un ruego.

La Generalidad

El primer Rey de España que por lealtad a su padre no ha sido simultáneamente Conde de Barcelona,

pedía calma al representante de una institución más antigua que la propia Monarquía española —la

Generalidad—, cuyas tres primeras sílabas, que el catalán pronuncia en sordina, en beneficio de las dos

últimas, restallantes cómo un chocar de espuelas, poseen inequívoco acento militar.

Pese a sus arquitecturas gótico-civiles y a las espardeñas de sus mozos de escuadra, no es ésta una

institución que circule de paisano por la historia de España. Las estrellas de plata del corcel de San Jorge

podían —y quizá debían— encabritarse aquella noche.

El Rey lo sabía y actuó en gran conocedor de las posibilidades y las limitaciones de los medios, los

mensajes y sus destinatarios. Telefoneó a Pujol y le llamó, familiarmente, «Jordi». Antes había enviado

un telex a Milans del Bosch, pero se guardó muy bien de llamarle «Jaume».

Milans del Bosch, descendiente de seis generaciones de generales de raíz patronímica catalana, debió

descifrar en seguida que tenía que habérselas con el penúltimo descendiente de Jaume I el Conquistador y

envió a encerrar sus tanques transistorizados. Así fue como «medió» la Corona en la noche del 23 al 24

de febrero y cómo el medio se transformó en mensaje.

En 1904, el abuelo del Rey, un Alfonso XIII casi adolescente, desfiló por el paseo de Gracia montado en

un caballo blanco. Fue una primera aproximación a la idiosincrasia estética y renacentista de este pueblo

que llamaba ya a sus reyes «conquistadores» cuando. Castilla estaba todavía en las advocaciones menos

turbulentas de la «sabiduría» y la «santidad».

Pero en 1905, un puñado de oficiales de Caballería, excedidos por un chiste de Juncedá en el semanario

satírico «Cu-Cut», irrumpió en las redacciones de dicha revista y de la «Veu de Catalunya» causando el

consiguiente estrago.

La boina de la

La historia, lenta y despaciosa en otros pagos, se le ha amontonado a Cataluña en cien años. Tal vez por

eso . Castilla puede permitirse el lujo de mantener a orfebres hidalgos del idioma que saben llevar la

boina, como Delibes; mientras que su homónima Cataluña estaba todavía en el acarreo, labriego y

esforzado; en la incontinencia frutal y renacentista de Josep Pla, un Montaigne con boina de cazurro

impenitente de las letras.

Pero bajo_ esta boina impresentable y sabia del Ampurdán se alumbró cierto día el consejo más sensato

que un Rey de España pudo escuchar jamás:

«Su abuelo, Majestad, entró en Barcelona subido en un caballo blanco. No están los tiempos para estas

cosas, por desgracia. Cuando tenga que hacerlo Vuestra Majestad, procure entrar, en Cataluña cabalgando

el corcel, arisco e indómito, del catalán.»

El consejo no fue echado en saco roto. Este Rey de cuatro estrellas que a veces se niega a recibir a los

generales para departir un rato con. los escritores, debió recogerlo en su boina de parachutista de la

historia de España.

A su prudencia y gallardía debemos en el entretanto que.el foso.de desconfianza y recelo que va del asalto

a las redacciones de los Joglars, pasando por la Semana Trágica, pueda llenarse con los frutos de la estima

y la comprensión. ´Que madurarán, a buen seguro, a lo íargo de este Día de las Fuerzas Armadas que para

mañana se anuncia en Cataluña. Como un rayo de sol tras la tormenta.

 

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