Pueblo y Ejército     
 
 ABC.    30/05/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Pueblo y Ejército

Es difícil, por no decir imposible, separar la imagen de un pueblo, de una colectividad nacional, de la

imagen de su Ejército, de sus Fuerzas Armadas. Desglosar y separar al pueblo de la milicia tiene su

dificultad insuperable en dos hechos de significación íntimamente recíproca: la salud moral de la

colectividad y la sensibilidad de lo castrense para el pulso social de cada día, amén de su capacidad para

asumir y representar lo que el pasado y las generaciones precedentes construyeron, decantaron y

definieron.

Indudablemente la patria es cosa de los que la viven, pero también de los que, viviéndola, la hicieron. Es

una fundación secular en la que cada pueblo existe y que al pueblo define. Es la patria un ente de razón y

de emoción a la que el pueblo sirve de un modo específico a través del Ejército, y de una manera-genérica

en su trabajo de cada día y en la ejemplaridad de su convivencia. Por eso la relación entre pueblo y

Ejército, aparte de tener expresiones entrañables como las que enmarcará mañana la Ciudad Condal, es

una relación entraña que surge de su identidad, os decir, que reposa en algo infinitamente más sustantivo

que en una identificación ocasional. Para identificarse habrían de ser cosas distintas.

La identidad pueblo-Ejército tiene una expresión propia y emocional-mente definida: la bandera. «Enseña

de la patria y símbolo supremo de su unidad y de la plena convivencia nacional», decía ayer el teniente

general Ignacio Alfaro Arregui, presidente-de la Junta de Jefes de Estado Mayor, en declaraciones a la

agencia Efe con motivo del Día de las Fuerzas Armadas que el domingo se celebra en Barcelona. «El

homenaje a los Ejércitos que desfilan delante de Su Majestad, mando supremo de las Fuerzas Armadas y

primer soldado de España —ha añadido el ilustre militar—, es también el del homenaje de los Ejércitos a

los hombres y mujeres que, sin uniforme militar, aportan su esfuerzo, cada uno en su profesión y en sus

obligaciones, a la grandeza de la patria.»

Nos parece tan evidente y tan ajustado a la realidad lo que Alfaro Arregui manifiesta en su declaración,

que re-. sulta muy fácil comprender la magnitud de los esfuerzos y lo reiterado de la intriga que se aplican

a la tarea de buscar un imposible divorcio entre las Fuerzas Armadas y el pueblo, so pretexto de políticas

tan interesadas como partidistas. El propio sentir y el mismo fervor popular con que mañana los españoles

de Barcelona y de Cataluña toda participarán, estamos seguros, en la´ celebración del Día de las Fuerzas

Armadas, será un testimonio preciso y tajante de la salud moral de nuestro pueblo, del entero pueblo

español, y, por consecuencia, de su capacidad para garantizar esa unidad esencial que habrá de permitir la

superación de las presentes dificultades.

La libertad y la discrepancia en política, intuye el pueblo y sienten las Fuerzas Armadas con el Rey,

encuentran su fecundidad cierta en la conciencia de los límites que se derivan de la unidad nacional. Así

ocurre y se observa en las democracias más ricas en libertad y más estables en su continuidad. En cierto

modo, pues, .también cabe entender la celebración de mañana en Barcelona como una referencia

entrañable en la que deben reparar la totalidad de los partidos y el conjunto de los mandatarios que

representan las opciones, contingentes siempre,´ por las que se realiza nuestra libertad política. Vale

también decir que se trata, en este Día de las Fuerzas Armadas, de una ocasión magistral para que todos

reparemos en lo evidente: ni la unidad de la patria, ni la bandera ni ,1a Corona son negociables. No son

materia para el tráfico común de la política.

 

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