Día de las Fuerzas Armadas. 
 Del blanco real al rojo y amarillo  :   
 Así nació la bandera de España, constitucional desde 1978. 
 Diario 16.    30/05/1981.  Página: 10-11. Páginas: 2. Párrafos: 26. 

DÍA DE LAS FUERZAS ARMADAS

30-mayo-81/Diario 16

DEL BLANCO REAL

Únicamente en la Segunda República se cambió de emblema nacional

Así nació la bandera de España constitucional desde 1978

Fue en 1785 cuando tras un concurso al que se presentaron doce dibujos originales cuando se enarbola

por primera vez la actual bandera española, la bicolor, a quien la Constitución democrática de 1978

describe´ asi: «La bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja,

siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas.» Es el punto 1 del artículo cuarto.

Hasta llegar a estar asi definida, la bandera de España ha pasado por diversas fases históricas desde que

tras cincuenta y ocho años como pabellón exclusivamente naval de la flota de nuestro Reino, se decidiera

darle la categoría de bandera nacional.

En el Museo Naval del Cuartel General de la Armada pueden verse los doce dibujos que acudieron al ´

concurso establecido por el rey Carlos III con el fin de encontrar un pabellón que debía desde entonces

caracterizar a los buques de la Armada, a los mercantes y a todas las embarcaciones del país.

Abandonado el tradicional color blanco de sus enseñas que por uso dinásti-—se se vonia utilizando,

Carlos III aceptó la propuesta de doce- diseños de bandera que le hizo el entonces ministro de Marina,

almirante ´frey Antonio Valdés.

Por real decreto dado en el palacio de Aranjuez, el 28 de mayo de 1785, el entonces rey de España acordó

elegir para los buques de guerra la bandera «dividida a lo largo en tres listas, de las que la alta y la baxa

sean encarnadas y del ancho cada una de la cuarta parte total y ia de enmedio amarillo, colocándose en

ésta el Escudo de mis Reales Armas reducido a los quar-teles de Castilla y León con la Corona Real

encima...».

El uso cada vez más extendido por los ambientes navales de la nueva enseña sería plenamente potenciado

poco más de medio siglo después por la bisnieta de Carlos III. Isabel II, en 1843, cuando aún no contaba-

más que con trece años de edad, mantuvo la bandera rojigualda, abandonando también el color blanco de

su dinastía.

República

En las posteriores etapas´ políticas por las que ha atravesado nuestro país desde entonces, únicamente en

la Segunda República se cambió de emblema nacional, pasándose de la bandera roja y amarilla a tricolor

republicana. El siguiente Gobierno (Junta de Defensa), en agosto de 1936, en Burgos, tras la contienda

civil, restablecería el uso de la bandera ahora reconocida,.por la; Constitución.

La razón que, llevó a Carlos III a cambiar el color blanco dinástico por el rojo y el amarillo, rompiendo

así la tradición borbónica iniciada por su padre, Felipe V, en 1707, no se fundamentó en criterios

heráldicos, ni siquiera históricos.

La combinació-n de ambos colores, rojo y amarillo, destaca notablemente y es muy visible desde lejos,

sin lugar a equivocaciones con otros pabellones enar-bolados por otros barcos en alta mar. Esta fue la

verdadera motivación que llevó al monarca español de aquellos años a cambiar de bandera.

El resto de criterios de tipo heráldico e incluso históricos que con el paso de los años se han venido

buscando para argumentar la decisión de Carlos III son pues equivocados y únicamente ha buscado otra

justificación a lo que fue una mera decisión estratégica. Especialistas en estos temas e historiadores como

José Almirall, Fernández Duro, Cánovas del Castillo, etcétera, así lo reconocen.

Las gestas

Entre los hechos históricos en que se menciona más insignemente a la bandera española está en uno de los

primeros lugares la batalla de Trafalgar. Aquel combate naval de 1805. Las glosas históricas recuerdan

aquella gesta en sus capítulos principales.

«En el combate naval de Trafalgar —recuerda Antonio de San Martín en «Glorias de la Marina

Española»—, a bordo del navio español "Santa Ana", que mandaba el veterano Ignacio María de Álava,

seriamente dañado por los cañones del barco inglés "Royal Sovereing", iba el alférez de navio Blas de

Alfeirán, quien al ver que su comandante estaba gravemente iherido, toma el mando del "Santa Ana" y no

permite que se arríe la bandera ni, por tanto, se rinda su buque ante la superioridad del ataque enemigo.»

En esta misma batalla el vasco Cosme Damián de Churruca, al frente del «San Juan Nepomuceno»,

lucharía denodadamente contra el «Oread Ncmgth» de la escuadra del almirante Nelson. El guipuzcoano

Churruca recibiría en su carne una bala de cañón que le fracturaría el muslo, pero no abandonaría la

batalla.

Des angrándose en cubierta, ordena que le levanten y para cortar la .hemorragia introduce su pierna

herida en un barril de harina y continúa ordenando fuego a discreción. «Si oís decir que mi navio es

prisionero, creed firmemente que he muerto», diría el bravio comandante de Motrico.

Los narradores de la época recogen cómo Churruca manda cargar los cañoneé de ambas bandas y al

dispararlos hunde a dos barcos enemigos, aunque se causa grandes daños a sí mismo. La bandera seguía

flotando, sin haber sido arriada, aunque el entorno era desolador.

Churruca perecería en la batalla y ante su altanera gesta los propios enemigos ingleses inclinarían sus

espadas en tributo de admi-jración y respeto al bravo comandante del «San Juan Nepomuceno».

Antes de este hito en la historia de la actual bandera española cabe hacer mención, aunque sólo sea de

pasada, a dos hechos en los que la presencia de la enseña de aquellos tiempos es destacada por los

historiadores. El estandarte de Castilla, que en 1492 llegó a tierra del Nuevo Mundo, enarbolado por

Cristóbal Colón en nombre de los reyes Isabel y Fernando. El otro episodio destacado forma parte de la

batalla de Lepante, de 1571, en la que los «distintivos» de don Juan de Austria y los reales ocupaban sitio

distinguido en las naves.

«Manto poderoso»

En la historia más reciente cabe fijar un hito en.el primer día del mes de enero de 1860. Aquel comienzo

de año no había sido muy feliz para el general Juan Prim y sus tropas. En la batalla que ese mismo día se

debía entabjar entre el militar español y tropas moras, en el/lugar africano conocido por Los

Castillejos/todos los pronósticos estaban a favor de «los locales».

Los cronistas narran así aquella mañana: «De repente los ojos del general Prim se fijan en el abanderado

del Regimiento de Córdoba y brilla, de súbito, en su semblante una ráfaga de inspiración. Se lanza ´sobre

la bandera, la coge, la tremola en torno suyo;; espolea a su corcel y se coloca, de nuevo, a la cabeza de

todas las tropas gritando: "¡Soldados!, vosotros no podéis abandonar esta bandera, que es la de la Patria.

Yo voy a meterme con ella en las filas enemigas... ¿Permitiréis que él estandarte glorioso de España caiga

en poder de los moros? ¿Dejaréis morir solo a vuestro general? ¡Soldados..., viva la reina!"

Tal fue —concJuye la narración de la época— la célebre batalla de Los Castillejos y el poder mágico de

la bandera roja y gualda de España fue suficiente para la victoria y el amor profundo de los soldados a

ella.»

La bandera, en épocas tan beligerantes, servía- de manto poderoso que ahogaba las dudas o temores

revitalizando las decaídas fuerzas de los soldados. De ahí, quizá, el sentido más militarista con que se

recuérdala bandera de todos los españoles.

Ha sido:a raíz de las guerras, como queda patente en esta crónica, como se ha ido conociendo y

ensalzando el valor de la bandera que desde 1978 está reconocida y defendida por la norma máxima del

vigente régimen político de nuestro país.

Por este motivo, en las últimas fechas los diversos grupos políticos que están en el Parlamento en

representación del pueblo español han puesto en marcha una campaña de acercamiento y defensa de la

bandera roja y gualda, como símbolo de unión y representación de .todos los españoles.

 

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