La bandera de todos     
 
   31/05/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Editorial

LA BANDERA DE TODOS

DE todos fos fenómenos surgidos en ¡a España de la democracia et ñas desconcertante, e! más

inverosímil, el más absurdo 5 ilógico es, sin duda, esa íspecie de recelo, de rechazo que muchos españoles

¡ienten hacia el uso de la >alabr-a «España» y hacia el nismo uso de la bandera nacional.

De pronto, los más se han puesto a hablar tíe «este aaís», de «nuestro pueblo», :omo si el nombre de

España ;e ´hubiera vuelto súbitamente maldito. Más grave es lo Ijue ocurre con la bandera nacional:

alguien que ta col-jara en su balcón en un día íe fiesta sería inmediatamente tachado de «ultra»; y quien se

la prendiera en la solapa 3 en ¡a corbata, oiría •inmediatamente a sus amigos adscribiéndole a un muy

concreto y determinado grupo político. ¿Que ha ocurrido aquí? ¿Alguien se ha apropiado lo que era de

todos? ¿O es que todos abandonaron cobarda-mente lo que les era propio y dejaron en manos de los

menos io que era de todos?

Parece que es bueno plantearse ´tos problemas con crudeza. Porque todo puede consentirse menos esta

colectiva abdicación del sentimiento patriótico. Todo puede aceptarse menos la par-tidización de una

bandera que, incluso por definición, era unificante y no divisora.

Hay, tendremos que empezar ¡por reconocerlo, una especie de dramática ota de pesimismo nacional. Del

or-guílo un tanto patriotero con que antaño sé gritaba aquello de «ser español casi na», se ha pasado a

aquel otro no menos absurdo de que «se es español cuando no se puede ser otra cosa».

No es de hoy el que los españoles hablen mal de sí mismos y de su patria. Ese masoquismo con el que fa-

bricamos nuestra propia leyenda negra y con el que hoy seguimos alimentándola, no 2S evidentemente un

signo de salud.

Tampoco lo es ia crisis de !atrto.tl^TOD._aue_ atravesamos.

También aquí hay una reacción contra el viejo patriote-rismo de quienes se llenaban la boca con el

nombre de España, pero poco hacían por engrandecerla. Pero na puede aceptarse ese viraje de los que

temen que, por amar a su tierra y a su historia, serían menos universales y modernos. «El hombre que más

ama a su patria es e! más cosmopolita», decía Alfred Tennyson. Y ahí está toda nuestra historia para

mostrar que, sin excepción, han sido los españoles más españoles ¡os que, al cabo, resultaron siempre más

universales.

Estas dos tentaciones—la ola de pesimismo nacional y la crisis de patriotismo— son muy especialmente

graves en esta hora en la que, nos guste o no, nuestra nación se juega su futuro destino .en.libertad.. Y

nada sería más grave que colocar en un platillo de la balanza los conceptos de democracia, libertad y

modernidad y unir en el ntro ´&s ideas de nación, dictctdura y cerrilismo.

El único patriotismo retrógrado es el falso patriotismo. «Hay —escribió Ramón y Cajal— un patriotismo

infecundo y vano: el orientado hacia el pasado. Y hay otro fuerte y activo: el orientado hacia el porvenir.

Entre preparar un germen y dorar un esqueleto, ¿quién dudará?»

De eso se trata: de preparar el germen de ia España futura, una nación de españoles a la vez libres y

patriotas, democráticos y apasionados amantes de su nación.

En la búsqueda de esta síntesis es imprescindible el cuidado de los símbolos nacionales. Los símbolos no

son, evidentemente, la nación; pero una nación no vive sin símbolos. Y cuando en un país empiezan

´¿´"olvidarse, quemarse o despreciarse los símbolos, pronto toda la nación será digna cíe ser olvidada.

Por eso es imprescindible que la bandera nacional vuelva a ser lo que siempre fue: la insignia de todos, el

orgullo de todos, el emblema que está por encima de partidos, de regiones, por encima de las también

dignas banderas regionales o autonómicas.

Una bandera nacional precisamente porque es de todos, no está contra nadie. Una bandera enarbolada

para agredir, deja de ser una bandera y se convierte ero una estaos. Una bandera es, por definición, lo que

une, lo que no separa.

•Durante décadas muchos españoles quisieron morir envueltos en una bandera nacional porque habían

entendido que toda bandera es un abrazo. Durante lustros los soldados españoles han besado la bandera al

jurarla, porque sabían que toda bandera «hace familia». Durante siglos ha temblado el corazón de los

mejores españoles al verla en los consulados extranjeros, en los barcos españoles, a (a puerta de las

asambleas Internacionales, en los mismos estadios de fútbol. Al verla se redescubrían españoles, sentían

menor su exilio.

Que hoy la abandonásemos por ingenuos, prejuicios, que hoy la arrinconásemos por una atomización de

banderas regionales, que hoy se la cediésemos a estos o aquellos grupos como permitiéndoles tener la

exclusiva del patriotismo, sería el más grave de los errores históricos. Tal vez el «Día del homenaje a la

bandera» fuera la gran ocasión para recuperar entre todos lo que es de todos. Con ello habríamos dado un

paso de gigantes para la superación de ese grave pesimismo. Con ello, sobre todo, habríamos recuperado

algo tan importante como es si honor.

 

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