Con el recado de su afecto     
 
 Diario 16.    01/06/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Con el recado de su afecto

Estamos seguros que el gran despliegue otorgado por los medios de comunicación a los actos castrenses

del fin de semana habrá hecho pensar a algunos periodistas y políticos que nos hemos puesto de acuerdo

para «dorarles la pildora» a los militares.

Vistas las cosas fría y lejanamente, podría alegarse que ésta es, además, una táctica correcta: si tenemos al

Ejército contento y satisfecho de su importancia social, será rnás difícil que incurra en nuevas tentaciones

golpistas.

Pero, igualmente, sería verosímil la tesis contraria: cuanto mayor protagonismo se conceda a las Fuerzas

Armadas, mayor será el riesgo de que se acostumbren a tener una influencia decisiva en el rumbo del

proceso político.

Es posible que algo de todo esto haya funcionado en nuestros subconscientes, pero con la mano en el

corazón creemos que el factor determinante de la enorme relevancia que este año ha tenido el Día de las

Fuerzas Armadas ha sido un impulso mucho más natural y espontáneo.

Políticos y periodistas hemos ido, en realidad, a remolque del entusiasmo que la presencia del Rey y el

homenaje a los Ejércitos han despertado en el pueblo de Cataluña. Un pueblo que no se corresponde en

absoluto con los «clichés» que significan a esos sectores civiles que habitualmente adulan a los militares,

para pasar después a incitarles hacia aventuras anticonstitucionales.

Los catalanes que anteayer honraban expresivamente la bandera de España y ayer vitoreaban a nuestras

unidades de combate son el mismo pueblo que en dos elecciones legislativas y unas municipales ha

votado mayoritariamenté por opciones de izquierda y son también el mismo pueblo que ha dejado el

Gobierno de la comunidad autónoma en manos de un partido nacionalista.

El mensaje de su masiva afluencia a los actos en una ciudad aún conmocionada por el asalto al Banco

Central y apenas cien días después del intento de golpe de Estado, parece meridianamente claro. La

sociedad civil ha tratado de explicar al estamento militar, con el recado de su afecto» que mienten quienes

jornada tras jornada introducen en sus cuarteles su diaria ración de odio impreso: que no es verdad que las

autonomías signifiquen un atentado contra la unidad de España, que es falso que una visión progresista de

la vida sea un obstáculo para alentar un encendido amor a la Patria, que no es cierto que la democracia

esté engendrando ningún tipo de sentimiento anticastrense´.

El pueblo de Cataluña le ha explicado, por el contrario, al Ejército que es precisamente en una situación

como ésta, en la que todas las instituciones son reflejo de la convivencia en libertad, cuando más intenso

puede ser el cariño ciudadano hacia aquellos militares que velando por la Constitución, defiendan la

democracia.

También ha quedado de relieve que no hay fervor patriótico más sentido que aquel que surge sin coacción

alguna, cuando tras los símbolos de la nación puede percibirse una actitud de respeto hacia las ideas y

creencias de todos los ciudadanos.

Lo sentimos por los sembradores de la inquina entre hermanos, pero este fin de semana España, su himno,

su bandera y sus Ejércitos han empezado a ser un poco más el patrimonio de todos.

 

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