Autor: Urbano, Pilar. 
   El segundo timbrazo del cartero     
 
 ABC.    07/06/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

DOMINGO 7-6-81

Hilo directo

El segundo timbrazo del cartero

Cuando don Paco escuchó el segundo timbrazo, palideció. «¡Maldición, es el cartero, que llama dos

veces!» En cierto rotativo madrileño, donde se traducen fielmente los «quiero» y los «no quiero» del

señor Fernández Ordóñez se pudo leer el jueves «... el segundo timbrazo puede ser de efectos

desconocidos y aun preocupantes para aquel que se atreva a abrir la puerta». Había que imaginarse, a un

lado de la puerta, al joven cartero, Osear Alzaga, blandiendo uña podadora implacable. Al otro lado, al

ministro socialdemócrata hecho un puro pavor y musitando: «¡Esta vez vienen por mí!» ¿De qué se trata?

Se trata de «los chicos de la podadera»,, los «críticos», los «cristianos en cruzada de salvación nacional»,

el tándem lavillista (Osear Alzaga, Miguel Herrero de Miñón) que vuelve a la Carga, mientras el «buda

sentado» permanece inmóvil en su «rol institucional» («el presidente Lavilla ¿sigue expuesto?») El

primer timbrazo fue en invierno, cuando la podadora se abatió sobre el gran jefe Suárez.

Recientísimamente ha comentado don Adolfo, en «petit comité»: «No me fui porque temiese un golpe de

Estado militar, ni por la marcha política del país..., me fui por el acoso de los de mi propio partido.»

0 Para los «críticos», la democratización interna de UCD y la adecuación del partido a la naturaleza de

sus electores, pasaba inexorablemente por la salida de Suárez, de su «fórmula gastada» y de su «carisma

autoritario y omibliguista*. Pero ocurrieron dos graves cosas, cuando la cita ucedera de Palma. Una: que

Landelino se bajó del tranvía en marcha, dobló la banderola de su lide-razgo y dejó a los «críticos» en la

más penosa orfandad. Otra: el lealismo suarista «oficialista» siguió dominando el cuadro de" mandos. Y

Palma fue, a más de un «zoco de intereses e influencias», un «concilio cismático». Y para sorpresa y

descontento de todos, ni se condenó a hereje alguno, ni se canonizó a ningún santo. Todo siguió como

estaba, si bien más desarbolado, más inhóspito, más estepario, más «desalmado» (quiero decir,

literalmente: «sin alma»). Sahagún lanza invectivas prohibitivas contra los Alzagas y Miñones que

mantienen contactos con Fraga, Areilza, Osorio «cara a formar coaliciones». Pero Alzagas y Miñones

siguen cortejando a la derecha de CD. Lo hacen de tapadillo; pero Fraga no se recata de decirlo.

Suárez afirma, sin sonrojo, que «UCD sigue estando conmigo».

Calvo-Sótelo no dice nada. Calla y, espera.

Cita a Alzaga en la Moncloa, y cuando le tiene sentado enfrente —se columpia un rayo de sol, de unas

gafas a otras gafas—, le pregunta: «Y tú, pequeño saltamontes ilustradísimo, ¿cómo ves la situación?»

Entonces Alzaga le dice que él ve la situación muy mal: «Vamos camino de .una estruendosa derrota

electoral. Del 77 al 79 y del 79 al 81 nos hemos ido separando, por días, de nuestro verdadero electorado.

Sobre el papel, y dentro del juego democrático de las alternancias en el Poder, no es tan grave que los

socialistas ganen. Pero podría ser el final del sistema, la muerte de la democracia..., ya sabes, presidente,

las "fuerzas fácticas", el "golpismo"..., todo eso que está ahí. Al margen de los intereses de partido, hay

que plantearse un objetivo urgente: estabilizar el sistema político, potenciando una victoria no-socialista,

moderada... jNo, no estoy hablando de fletar una "gran derecha" como se dice por ahí. No! Se trata de una

difícil operación de doble campo: remorar la UCD y crecer por donde están nuestros posibles votos, para

gobernar con mayoría desahogada. Y para hacerlo tenemos poco tiempo. Alzaga está proponiendo a

Calvo-Sotelo la fabricación del «nuevo centro... con ampliación por derribo»: plataforma sobre la que «el

presidente que manda y lo sabe» podría campear en las nuevas elecciones. Don Leopoldo

enarcó las cejas, por encima de las gafas de concha oscura, y rememora aquella primavera del 77...,

cuando él mismo, desde un despacho de´ la callé de Serrano, hizo un «buñuelo» bicolor que sirvió de

flotador mágico para que Suárez sé echase al agua elec-foral y ganase la carrera. Entonces se guisó un

consocio variopinto entre liberales, demo-cristianos, independientes, socialdemócratas, azulistas,

franquistas... que duró lo que ha durado. Ahora, pontifica Fraga, «desde el Congreso de Palma, UCD

como tal no existe. Lo que sí hay son grupos muy diferenciados entre sí, dentro de ese partido»

Alzaga saca ante don Leopoldo la famosa podadora y dice sin inmutarse: «Hay gente "gastada" en nuestro

partido..., no podemos comparecer ante las urnas con las mismas caras, el mismo proyecto y el mismo

eslogan de "UCD cumple", que haría carcajear hasta a los niños... Hay que buscar gente nueva, dentro y

fuera de UCD..., y hay que fletar una coalición, sí, con la derecha democrática y no golpista que

representan señores como Areilza, Fraga, Osorio, tan homologables en su curriculum y en su programa

con la inmensa mayoría de los nombres centristas.» Luego, abulta el discurso con un argumento numeral:

CD, en el año 79, obtuvo el 5,5 por 100 de los votos. Ahora ronda el 9 por 100. Son votos nuestros que se

van con Fraga, a causa de los calamitosos pasos de UCD y sus Gobiernos sucesivos... y a causa de las

«alegrías progres» que el español conservador rechaza. Es cierto, por otra parte, que algún «equis» por

ciento de Fraga se deslizará hacia Blas Pinar. Pero por la ley d´Hont, que prima a las mayorías, ese 9 por

100 de Fraga si comparece unido a UCD, se convertiría en el 11 por 100 de los escaños. La coalición es

rentable.

Pero surge la gran cuestión: ¿y que harán los hermanos liberales y socialdemócrtas ante esa «yunta»

enderezada a la derecha? A mí me han dicho que los liberales pretenden jugar a la doble expectativa:

UCD-CD, UCD-PSOE. De momento labran su marca, fundan clubs en torno a Antonio Garri-gues

Walker, se reúnen dos veces al mes en gran tertulia: Ahí se puede ver a Camuñas, Fontán, Jiménez

Blanco, Soledad Becerril, Merigó, Víctor Carrascal... Y desde hace pocos días, a Punset, a José Luis Leal,

a Alberto Oliart, a Pérez-Llorca: Pérez-Llorca que, al fin, inicia un movimiento: hacia la presidencia de

UCD-Madrid. Sobre los socialdemócratas, los promotores de la coalición UCD-CD responden rápidos.

«Hay que ponerlos en su sitio: tanto tienes tanto vales: Porque es un disparate que la izquierda de UCD

pese políticamente dentro del partido lo que no pesa sociológicamente fuera, en la calle ¿quién concibe

una "izquierda" como la que capitanea el señor Ordóñez, sin organizaciones de obreros, ni de empleados,

ni de pequeños agricultores... Esta socialdemocracia, de "izquierda" no tiene más que el nombre. Ni

siquiera la ideología. Todas sus batallas se han librado por un afán de ganar imagen progresista o por una

ambición de cargos públicos rentables. Ejercen, en UCD, un chantaje permanente, montado en el vacío...

y ¿qué nos acarrean?, el alejamiento de un fuerte sector de votantes. Dejémosles ir en solitario a las

urnas... y a ver qué sacan.» Pilar URBANO.

 

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