Autor: Aguilar, José. 
 La cultura española y los cambios políticos/9. 
 Esperanzas de Andalucía     
 
 El País.    11/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

EL PAÍS, martes 11 de septiembre de 1979

La cultura española y los cambios políticos/9

Esperanzas de Andalucía

El cambio de régimen se ha traducido en Andalucía por un aluvión de iniciativas culturales, frenado por

una escasez de medios impresionante. Al mismo tiempo, el florecimiento del regionalismo ha provocado,

a nivel de producción cultural, numerosos y dispersos movimientos de búsqueda de la identidad andaluza,

aún no muy clarificada. Y los andaluces, tanto los trabajadores manuales como los culturales, se ven

obligados muchas veces a la emigración: Antonio Gala, que ha mostrado grandes preocupaciones por

definir qué es la cultura andaluza, es, entre otros escritores andaluces de la emigración, un buen ejemplo

de lo segundo... El momento es, en cualquier caso, de esperanza. Así lo ve, desde Sevilla, José Aguilar.

El desarrollo cultural de Andalucía aparece trabado, en principio, por una falta de formación tan grave o

más que la que afecta a otras comunidades españolas. La pervivencia de bolsas de analfabetismo —en su

acepción simple de no saber leer ni escribir y mucho más en la versión definida por la Unesco, las

deficientes comunicaciones, la deserción de gran parte de la élite intelectual y la debilidad e ignorancia de

la burguesía autóctona son algunos de los factores que impiden un desenvolvimiento cultural aceptable.

Es evidente que una población estrujada por carencias materiales de primer grado y en la que sólo un 13%

de los ciudadanos -según datos oficiales— lee un periódico una vez a la semana, no constituye el mejor

caldo de cultivo para la creación de cultura. Si a todo ello se une la falta de apoyo oficial a las iniciativas

más prometedoras que han surgido en los últimos años, el resultado podría parecer desalentador, sí no

fuese porque en la base hay una demanda cultural creciente que da pie a la esperanza.

Sin necesidad de remontarse al pasado, lo cierto es que hoy mismo hay una nómina importante de

productores de cultura andaluces... que ejercen fuera de Andalucía.

Para José Luis López, viceconsejero de Cultura de la Junta de Andalucía, la falta de infraestructura y de

medios de desarrollo es lo que explica la penuria cultural de esta región y expulsa a los productores

intelectuales, al igual que a los manuales, hacia otras zonas de mayores posibilidades.

Hay potencialidades

Si pasamos de la literatura o la comunicación a otros sectores, no hay mayores motivos de optimismo, no

puede hablarse de que haya un teatro o un cine andaluz ni una música andaluza. «Los intentos que existen

aún no han logrado descender al origen de los nuestros, a identificarnos como pueblo, que es lo que de

verdad ayudaría a forjar una cultura andaluza», comenta Manuel Rodríguez-Buzón, responsable de la

obra cultural de la Caja de Ahorros San Fernando, de Sevilla, y ex delegado de Cultura en esta provincia,

y concluye: «Tenemos que empezar por la a-e-i-o-u, porque todo está por hacer.»

Lo que sí hay son mimbres para hacer el cestón, es decir, potencialidades, iniciativas, instrumentos

humanos. No se puede olvidar, por ejemplo, la genuina aportación a la música española que hoy

representan grupos como Triana, Alameda, Guadalquivir y otros, o la labor teatral de Mediodía, La

Cuadra y Esperpento, o la obra de algunos narradores andaluces. Pero su problema es el mismo: todo

tiene que hacerse fuera de Andalucía, no se les ayuda y las entidades que podrían financiar parte de la

vida cultural andaluza, como las cajas de ahorro, sólo ahora empiezan a volver de anteriores deserciones.

Pero no es sólo en la cultura convencional donde se hallan múltiples posibilidades. En la acepción de

cultura como expresión de una forma de vida específica, Andalucía tiene una riqueza increíble, aunque en

peligro de extinción, por el crecimiento económico de los últimos años: artesanía, cerámica, folklore,

romerías...

La búsqueda de la identidad

Existe también inquietud a todos los niveles, lo que permite igualmente hablar de perspectivas

esperanzadoras. El proceso autonómico y el resurgir de una conciencia regionalista o nacionalista -que

hasta eso necesita ser debatido en Andalucía— ha generado un movimiento cultural, especialmente entre

los jóvenes, que responde a dos preocupaciones básicas: la intención de hacer cultura para la mayoría, y la

obsesión por bucear en los signos de identificación histórica, social, artística, etcétera, de nuestra

comunidad. Resulta que los andaluces queremos saber quiénes somos.

En los últimos tiempos han aparecido así cientos de entidades culturales, se han organizado semanas en

los más apartados rincones —a veces sin mucha idea de por dónde empezar—, las asociaciones de

vecinos y numerosos concejales de cultura de los ayuntamientos han propiciado actividades de la más

diversa índole. Son varios miles los centros de cultura que funcionan actualmente en la región con una

vida irregular. Todos estos esfuerzos son los que hay que unir en un trabajo común, que requiere

obviamente la ayuda material de los organismos públicos y privades correspondientes, la colaboración de

partidos y sindicatos, que hasta ahora no. tienen política cultural digna de ese nombre (más bien tratan de

hacer política con la cultura) y que los creadores dejen de preocuparse tanto por preservar su propia

imagen y se fundan en esa obra por Andalucía. Obra que, en cierto modo, es la que intentó el Congreso

de Cultura Andaluza, que hoy languidece a la espera de que se cree un patronato representativo de todos

estos sectores que hay que unir en un solo proyecto, o que, como quiere el presidente Escuredo, la Junta

de Andalucía se haga carga directamente de su dirección. Quizá, el congreso se hizo un planteamiento

demasiado ambicioso, quizá no aglutinó todas las voluntades precisas (apareció muy vinculado, en

principio, al PSA), o las dos cosas a la vez. El caso es que hoy sus trabajos están, la mayoría, paralizados

y no es posible reanimarlos mientras el problema financiero no entre en vías de solución. Como dice su

coordinador, Emilio Pérez Ruiz, «queríamos que el congreso durase dos años y va a empezar de verdad

después de esos dos años». Un esfuerzo también ambicioso y digno de elogio es el representado por la

gran enciclopedia de Andalucía, dirigida por José María Ja-vierre, que ahora va por su fascículo 23, con

cierto éxito de público y resultados desiguales. Y será muy positivo, si cuaja, el proyecto de organizar un

seminario permanente de historia de Andalucía, bajo el patrocinio de la Junta y la dirección del eminente

historiador Antonio Domínguez Ortiz.

 

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