Autor: Galinsoga y Ros, Francisco M. De. 
   Democracia y Fuerzas Armadas     
 
 ABC.    12/06/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

TRIBUNA PUBLICA

Democracia y Fuerzas Armadas

No es después del día 23 de febrero, sino desde mucho tiempo antes, cuando aparecen o surgen artículos,

crónicas, comentarios referentes, de una u otra forma, al tema de la democracia y concretamente a la

actitud que ante ella existe o pueda existir en las Fuerzas Armadas y a lo que se entiende o puede

entenderse por ta expresión muchas veces usada de «democratización del Ejército». Bien sabe Dios que

no pretendo sentar cátedra, ni mucho menos creerme que cuanto diga pueda constituir un dogma

tndiscutido e indiscutible. Sí puedo asegurar que se trata sencillamente de la manifestación abierta y

responsable de cuáles son las ideas de un viejo militar (viejo por edad y por antigüedad, que no por

pérdida de entusiasmo ni de amor a la profesión) en asunto de tanta trascendencia para las Fuerzas

Armadas y, to que es más importante, para nuestra Patria: España.

No he entendido nunca que democratizar el Ejército (y cuando empleo este nombre p el de Institución

Militar io hago en el sentido amplio que comúnmente se usa, englobando en él a los tres elementos que

integran las Fuerzas Armadas) sea hacer que cualquier decisión o medida que haya que adoptarse por

cualquier escalón jerárquico, tenga que ser consecuencia de la mayoría que se alcance tras la iniciativa de

sus subordinados o de la consulta que se les haga. Sí es democratizar el Ejército permitir y hasta impulsar

y abn´r los cauces para que todo militar pueda, individualmente, en forma respetuosa y siguiendo los

conductos reglamentarios, hacer llegar a los escalones con la adecuada capacidad de decisión las

propuestas o sugerencias que fundadamente crea que de aceptarse redundarían en beneficio del servicio,

de la eficacia operativa o funcional de su unidad, o de la moral y del adecuado bienestar de sus hombres.

No debe entenderse que es democratizar el Ejército llegar a establecer que la designación de los que han

de ostentar los mandos de las unidades, centros o dependencias fuese asunto que decidir por la elección

de los que habrían de ser sus subordinados, o aún por la de éstos y la de sus compañeros. Si, como reza un

artículo de nuestras Reales Ordenanzas, «ta justicia debe imperar en las Fuerzas Armadas de tal modo que

nadie tenga nada que esperar del favor ni temer de la arbitrariedad», no creo que haya nada en contra de

que a unas Fuerzas Armadas se les considere democráticas cuando en ellas existe un sistema legalmente

establecido por el que gracias a la realización de cursos, al estudio ponderado de los informes personales,

a la clasificación realizada con todas las garantías posibles de objetividad y justicia respecto a aptitudes,

capacidad, méritos demostrados, etc., se llega a la asignación de determinados destinos o mandos a la

promoción al almirantazgo o af generalato a quienes se consideren más capaces; en pocas palabras, a la

selección o elección necesaria para colocar al hombre adecuado en el puesto adecuado. La Institución

Militar es, a mi juicio, democrática si en las Ordenanzas que constituyen su regla moral y el marco que

define tes obligaciones y derechos de sus miembros se les permite a éstos hacer peticiones, interponer

recursos por vía administrativa o judicial y poder llegar hasta el Rey con la representación de su agravio.

Y no obsta a esta idea democrática el fijar las condiciones de que las peticiones hayan de ser individuales

y en los casos y con las formalidades previstos en la Ley, ni que el derecho al recurso sólo pueda ejercerse

repecto a aquellas resoluciones que afectándoles personalmente las considere contrarias a derecho, ni que

para llegar hasta el Rey, el que se crea agraviado, haya de hacerlo por sus jefes y con buen modo, después

de no lograr de ellos la satisfacción a que se considere acreedor. Son democráticas las Fuerzas Armadas

cuando sus componentes de modo individual y como colectividad, se sienten exclusivamente consagrados

al servicio de la Patria y están imbuidos de que la razón de ser de la existencia de aquéllas es la defensa

militar de España dentro del conjunto global de la defensa nacional que es deber de todos los españoles.

Sin que deje de ser democrático el Ejército porque en él rijan los principios de disciplina, jerarquía y

unidad, ya que ellos son características indispensables para conseguir la máxima eficacia en su acción.

Es democrática la Institución Militar cuando en ella no sólo se reconoce el derecho a la libertad de voto,

sino que en sus Ordenanzas se establece taxativamente que los mandos han de dar las debidas facilidades

para que los que de ellos depen-idan puedan, real y efectivamente, ejercerlos; igual que cuando se ordena

que el militar debe respetar cualquier opción política o sindical de las que tienen cabida en el orden

constitucional. No deja de ser democrático, sirtotnas bien todo to contrario, que igualmente se ordene a

tos militares que mantengan su neutralidad no participando en actividades políticas o sindicales,

ni toleren las que se refieran al ejercicio o divulgación de opinio-nes concretas de partido o grupos

políticos o sindicales dentro de los recintos militares, con el necesario complemento para tal neutralidad

de no poder estar afiliado, ni colaborar en ningún tipo de organización política o sindical, asistir a sus

reuniones ni expresar publicamente las opiniones que sobre ellas puedan tener. No dejan de ser

democráticas las Fuerzas Armadas que consideren que la disciplina, que es un factor de cohesión que

obliga a todos por igual, debe ser entendida como norma de actuación que exige mandar con

responsabilidad y obedecer lo mandado, y que con la adhesión racional del militar a sus reglas, junto con

el sentimiento del honor, inspirado en una recta conciencia, garantiza la rectitud de conducta individual y

colectiva y asegura el cumplimiento riguroso y exacto del deber. Son democráticas las Fuerzas Armadas

que, así como Su Majestad el Rey, que es nuestro Comandante Supremo, se considera y quiere ser y lo es,

como bien lo demuestra tantas veces como es necesario, el Rey de todos los españoles, no se consideran a

sí mismas como un ente aislado y distinto de la sociedad, sino que están insertos en ella, que deben

acatamiento a la Constitución, que forman parte de) pueblo español, al que han de servir y del que deben

recibir estímulo y apoyo para garantizar la soberanía e independencia de la Patria y para defender su

integridad territorial y el orden constitucional en que legítimamente se estructura el Estado. Por último, y

quizá debería haber empezado por ello {sobre todo teniendo en cuenta que muchos puedan no llegar hasta

aquí en su lectura por mis pocas cualidades para hacerla interesante), quiero decir que después de emplear

hasta el exceso y el abuso en la reiteración del término democráticas o no democráticas, mi opinión, mi

idea, es que no hay Fuerzas Armadas democráticas o Fuerzas Armadas no democráticas; simplemente

hay, nada más y nada menos, Fuerzas Armadas Españolas. En relación con los calificativos no me resisto

a dejar de contar una pequeña anécdota: cuando en la Comisión que redactó el proyecto de Reales

Ordenanzas para las Fuerzas Armadas, que tuve el honor de presidir, estábamos en las primeras fases de

sus trabajos, una persona, no militar y sí muy querida y respetada por mí, me dijo un día: «Supongo,

Paco, que haréis unas Ordenanzas de derechas.» Lo que nosotros pretendíamos presentar, y creo

sinceramente que lo conseguimos, era un proyecto (luego convertido en ley) de unas Ordenanzas sin

calificativos: ni de derechas, ni de izquierdas, ni de centro, ni de ningún grupo político, sino unas

Ordenanzas que tuviesen por objeto preferente el de exigir y fomentar el exacto cumplimiento del deber

inspirado en el amor a la Patria y en el honor, disciplina y valor. Para mí, el mejor calificativo al que

todos debemos aspirar es que estas Reales Ordenanzas resulten eficaces para la consecución de ese

objetivo y por la acertada comprensión y leal respuesta a la única razón de ser de las Fuerzas Armadas: la

defensa militar de España, nuestra Patria.

Francisco M. de GALINSOGA Y ROS

General de división de Infantería de Marina

Presidente de la Comisión dé las Reales Ordenanzas

ABC es independíente en su línea de pensamiento y no acepta necesariamente como suyas las ideas

vertidas en ios artículos firmados.

 

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