Autor: Dávila, Carlos. 
 Injustificable ausencia de los diputados. 
 El Grupo parlamentario de UCD, al borde del cisma     
 
 ABC.    24/06/1981.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

NACIONAL

ABC/ 7

Injustificable ausencia de diputados

El Grupo parlamentario de UCD, al borde del cisma

MADRID (Carlos Dávila). El divorcio y el Reglamento del Congreso de los Diputados han puesto a UCD

al borde mismo del cisma, de una escisión provocada, según parece, por quienes ya no quieren continuar

en un partido quebrado no por causas exógenas (según la fácil explicación de los intérpretes del oficia-

lismo), sino por las continuas tensiones, la nula solidaridad y-la escasa coherencia ideológica de un

colectivo partido hasta en tres o cuatro grupos. Hay en UGQ, ahora mismo dos grupos estratégica y

políticamente enfrentados en una dinámica de choques continuos que no pueden frenar los dirigentes del

partido. Ni Rodríguez Sahagún, ayer justamente descompuesto por la irresponsabilidad de los casi

cuarenta diputados que se ausentaron ostentosamente (algunos estaban en el bar) a la hora de decidir,

nada más y nada menos, que la continuidad de los grupos regionales como colectivos parlamentarios; ni

Rafael Calvo, estrellado, con toda la carga de su buena voluntad y de su honestidad evidentes, contra unos

políticos absolutamente irreconciliables; ni, mucho menos, Herrero de Miñón, indiscutible en su calidad

política y contestado, con toda justicia, por un grupo parlamentario al que tiene irritado. Los

socialdemócratas y los democristianos no son, sin embargo, más que la punta de iceberg dé una crisis

imparable que no parece tener fin; El divorcio y el Reglamento no son sirio dos portadas que encubren el

interés de muchos diputados de disolver e! partido. Y en paz.. Los cuarenta parlamentarios, la mayoría

democristianos y liberales, que provocaron con sus antidemocráticas ausencias una auténtica crisis

parlamentaria, son los mismos que el lunes apoyaban a Osear Alzaga en sus declaraciones histriónicas

contra Fernán-.dez Ordóñez. La historia de la derrota de la enmienda del Senado es el relato más tortuoso

que ha vivido el Congreso de los Diputados en los últimos tiempos. Desde la negativa del ministro

Ordóñez a aceptar la convocatoria del grupo parlamentario para llegar a una solución de compromiso, las

presiones de los centristas más conservadores que veían en la cláusula dé dureza un seguro contra un

divorcio para ellos demasiado progresista, hasta la no comparecencia de Javier Moscoso, miembro

reputado de la facción so-cialdemócrata, a la hora de defender la enmienda que tuvo que plantear

brillantemente Escartín, hay una serie de torpezas y malas intenciones —entre las primeras no debe

olvidarse la falta de firmas bajo el escrito de Herrero solicitando votación electrónica— que son

difícilmente justificables e inteligibles. Está es la historia, en definitiva, de un patinazo centrista que ha

contribuido, todavía más, a descomponer el colectivo que aún se agrupa bajo las siglas del partido

gubernamental. En la borrasca parlamentaria hubo ayer otros protagonistas: los diputados de! PSOE,

obligados por la dirección del partido a romper un pacto parlamentario, nacido con la intención de

regularizar, normalizar y hacer viable la vida política en el Congreso de los Diputados. No es la primera

vez que los socialistas abjuran olímpicamente de sus compromisos. Con ocasión del Estatuto gallego

hicieron una cabriola impresentable y dijeron «diego» donde previamente habían dicho «digo». Esto no es

serio. Ni siquiera las palabras componedoras pronunciadas en el último momento por el portavoz Peces-

Barbá pudieron arreglar el incumplimiento socialista. Él PSOE que fue impulsor —esto hay que recor-

darlo— de la desaparición del PSÁ como grupo parlamentario, no quiso ayer culminar sus pactos y

escudado en la increíble fuga de los centristas trato de explicar lo que, en resumidas cuentas, fue

simplemente una práctica de dudoso gusto parlamentario. El Reglamento del Congreso ha sido devuelto a

la Comisión correspondiente. De nuevo comenzará una extraña gestación fedacctonal, que culminará —

esta vez seguro que sucede esto— con un entendimiento de los dos grandes partidos nacionales con vistas

a racionalizar el funcionamiento de la Cámara. Ayer se estuvo a punto de hacer in-viabie el desarrollo de

las sesiones plenarias por culpa —como queda dicho— de la incom-parecencia de unos y del

incumplimiento de otros. Un diputado del Centro afirmaba con razón: «Estamos a punto de alumbrar la

CEDA», y quería alarmar con ello a cuantos .entre sus compañeros desean caer en la tentación de!

fraccionamiento: por ejemplo, los democristianos empeñados en gozar de mayoría con una patente que

políticamente tieoe, en estos momentos, muy escasa venta. Alguna fórmula se deberá buscar para hacer

mínimamente «transitable» un partido en bancarrota. No, desde luego, la convocatoria de otro Congreso,

de una cita extraordinaria, propiciada por algunos, que serviría de tan poco como las dos precedentes.

Una, porque los clamores y ei entusiasmo cegaron los problemas. Otra, porque las disidencias eran tan

fuertes que no hubo posibilidad de ganar la batalla del entendimiento. Calvo-Sotelo, visiblemente enojado

por el comportamiento de su grupo parlamentario, no comparecerá hoy a la reuniórvque previamente se

había programado. El tema de debate era el rompimiento de la disciplina dé voto. Calvo-Sotelo tuvo ayer

que calmar- dimisiones (una, la del miembro del Comité Ejecutivo del Grupo, José Ramón Pin) y serenar

los ánimos. Como ya, indefectiblemente, -tendrá que hacer en un futuro muy próximo.

 

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