Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
 De ayer a hoy. 
 El lado militar     
 
 ABC.    09/07/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

JUEVES 9-7-81

De ayer a hoy

El lado militar

El teniente del Ejército Magín Fernández Perrero cayó por obra de asesinos mientras abría al público un

quiosco de periódicos en Baracaldo. Cuándo tendrá fin esta tragedia no lo sabemos, porque, ai parecer, es

una tragedia que depende de sus propias leyes. Pero, al margen de esto, descubrimos ahí un delicado

problema que no es sólo militar,´ sino de toda la sociedad española: el problema de que un teniente del

Ejército español tanga que abrir un quiosco de periódicos. La BBC comentaba, a raíz de los sucesos del

23 de febrero, el hecho de que muchos miembros de nuestro Ejército se dediquen a faenas civiles de

índole remunerativa. Lo comentaba la BBC con la seriedad analítica que le caracteriza. La pregunta, que a

muchos puede parecer sarcastica, es si la sociedad trata bien al Ejército. La idea general es otra: que la

sociedad soporta la carga del Ejército que depende dé su autoridad más que de la autoridad política. En

ambos casos el planteamiento es Impreciso. La clave de! problema está en la política militar del

Gobierno. Para muchos esa política es errónea o nunca ha existido. Las reformas de Guerra que proyectó

Azaña tenían por objeto, según dijo él mismo en 1931, dotar a la República de una política militar,

inexistente en nuestro país desde fináíes del siglo XVIIt.. Fuesen o no adecuadas aquellas reformas, lo

cierto es que el hecho denunciado por Azaña era real. Durante el régimen de Franco, debido a las mismas

leyes que rigen las mareas, volvieron a aparecer «formaciones parasitarias» en el seno del organismo

militar, y ese mismo organismo volvió a adquirir una preponderancia política inusitada. Durante cuarenta

y tantos años tuvimos un «Ejército excesivo» para una era de paz como nunca hubo en nuestra historia,

sea cual fuere el juicio que merezca esa paz. Así el insoportable costo social del Ejército hubo de aliviarse

mediante la irrupción parcial del estamento militaren la esfera de las ocupaciones civiles. No hay mayor

honor que el de la conducta adaptada racionalmente al propio oficio. No es otro el honor de las armas. Y

el soporte económico de ese honor es una obligación social ¡nesquiyáble que debe encauzarse mediante

un política militar del Gobierno. Una política que tiene muchas partes, todas ellas complejas, y que los

Gobiernos de la Monarquía nq han osado abordar, o han abordado con timidez e insuficiencia. Porque se

trata de que se cumplan estas palabras de Azaña: «Un oficial ama su carrera, y la ama como todo el

mundo ama su profesión: en cuanto ella constituye el medio de vivir decoroso y decente, y, además, en

cuanto satisface su vocación.» Pero río parece que se cumplan mucho cuando un teniente del Ejército

tiene que ocuparse de un quiosco de periódicos y exponerse a ser blanco de los terroristas fuera del

ámbito dé su oficio, para poder vivir—CANDIDO.

 

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