El organigrama     
 
 Diario 16.    18/10/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

El organigrama

Lo que Diario 16 publica hoy no es un catálogo de golpistas, sino un interesante documento de trabajo

policial. Queremos dejar esto muy claro desde el principio, antes de que se nos acuse de fomentar

sospechas e insidias en torno a personas honorables. Tres razones nos han impulsado a publicar el

complejo y quizá algo confuso organigrama que el lector encontrará en la separata central, una vez

verificada al más alto nivel su autenticidad. En primer lugar, se trata de un valioso y significativo

testimonio escrito de las convulsiones que en el bienio 80-82 vienen presidiendo la historia de España. En

segundo lugar, contiene sustanciosas revelaciones sobre las interconexiones entre personas e instituciones

a menudo implicadas en iniciativas desestabilizadoras. Su difusión supone, por último, aportar un

elemento básico para poder valorar la tarea desarrollada por la discutida Brigada Antigolpe. Un somero

examen del índice onomástico de los personajes, incluidos en el organigrama, sugiere ante todo que el

rigor no ha sido precisamente la virtud quintae-sencial del comisario Emilio Sánchez y sus hombres.

Junto a los nombres de una serie de golpistas convictos y confesos y de otros individuos a los que todos

cobijaríamos bajo la famosa frase de Laína: «Tenemos la convicción moral, pero no las pruebas»,

aparecen personalidades que no sólo son ajenas a cualquier intento desestabilizador, sino que lo

combatirían rotundamente. La falta de discriminación en la enumeración de unos y otros nos parece una

imperdonable ligereza en un documento dirigido al ministro de Interior, por muy confidencial que sea.

Especialmente acientífico nos parece en concreto la inclusión en el organigrama de los supuestos

contactos establecidos en su día por el teniente general González del Yerro, entre los que se incluyen a

políticos de pétreas convicciones democráticas y al más liberal y progresista de nuestros´grandes

banqueros. Sin descartar intenciones más retorcidas, resulta de una frivolidad enorme —tal y como ya

editorializamos hace meses— convertir en blanco de sospechas a un alto militar, por el simple hecho de

que demuestra un especial anhelo de comunicarse con la sociedad civil. Más allá de estos enojosos

aspectos formales erróneos, el organigrama tiene el enorme acierto de atreverse a corporizar, por primera

vez, la intuición, tantas veces rozada por diversos observadores, de que el gol-pismo es algo más que la

sucesión espontánea de una serie de brotes de irracionalidad aislada. Ojalá nunca tengamos la ocasión de

comprobar hasta qué punto existe un contrapoder subterráneo, listo para emerger y hacerse con los

resortes políticos y militares del Estado a la menor ocasión propicia, pero trabajar en torno a esa hipótesis

nos parece una actitud mucho más realista y eficaz que seguir instalados en el limbo del voluntarismo, por

el que tan cómodamente transitan Calvo-Sotelo y Oliart. De acuerdo con esta versión policial, el golpismo

sería una especie de pulpo de mil tentáculos, empeñado en infiltrarse y teñir con su influencia el mayor

número posible de instituciones de la vida nacional. Insistimos en que la materialización concreta de tal

teoría ronda a veces los linderos del absurdo —así las genéricas menciones a la CEOE o al Opus Dei—,

pero en otros casos resulta reveladoramente certera. Nos sentiríamos más ´que satisfechos si de la divul-

gación de todo ello derivara una mayor cautela y prevención por parte de las numerosas personas de

buena voluntad que, dentro y fuera de los cuarteles, dentro y fuera de este discutible organigrama, están

siendo diariamente contactadas y conectadas por quienes aspiran a teñir de sangre y oprobio el horizonte

de la Patria.

 

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