El documento de los cien     
 
 ABC.    08/12/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Emociónenlo ÜB los den

La noble, enérgica y justísima nota que ayer emitió la Junta de Jefes de Estado Mayor sobre el manifiesto

que un centenar de oficiales y suboficiales hizo público en la noche del sábado nos eximiría realmente de

emitir mayores juicios, ya-que en ella se resume y condensa la seria descalificación que nuestro periódico

comparte íntegramente sobre tal texto. Si añadimos a ella éste editorial es porque la gravedad del hecho

exige algunas clarificaciones y porque el honor de la Prensa —que no quiere desmerecer a ningún otro

honor—está en juego. Por ello nos sumamos también a la opinión expresada por el señor Fraga al afirmar

que se trata de un «documento inadmisible en el fondo, en la forma y en la oportunidad». Inadmisible en

el fondo porque en él jlo se dice la verdad. Los periodistas no somos impecables. Y es muy posible que a

lo largo de los años pasados pudieran acumularse unas cuantas anécdotas de gestos, frases o tratamientos

que hubieran podido molestar a estamentos militares. Pero también es muy cierto que la Prensa en su

conjunto —y nuestro periódico está especialmente orgulloso de ello— ha rendido siempre al Ejército todo

el honor que se merece. Reiteradas veces, cientos de veces, nuestros editoriales han subrayado los

impagables servicios que en la lucha contra el terrorismo, en la misma construcción de la libertad, en la

defensa de la Constitución, ha prestado el Ejército a la nación, Reconocemos y elogiamos el heroísmo de

muchos de sus hombres, nos inclinamos ante aquellos que fueron vilmente asesinados, admiramos el

modo´én que han sabido renunciar a sus puntos de vista personales para servir a la nación. Jamás hemos

regateado elogios ni para sus merecimientos ni para ninguno de los símbolos, de los que se sienten

legítimamente "orgullosos, A veces, sí, hemos criticado a algunos elementos que forman parte del

Ejército. Pero lo hemos hecho siempre precisamente en la medida en que sus: actos se alejaban de sus

deberes como militares. Lo mismo que criticamos hoy un documento no porque haya sido firmado por

oficiales del Ejército, sino porque, al firmarlo, han violado tan seriamente las propias Ordenanzas del

Ejército. Ningún militar puede sentirse herido por esa crítica, ya que todo militar debe sentirse herido

antes que nadie por lo que va contra ese honor del Ejército, que se centra en la disciplina. Inadmisible en

la forma. Porque esa forma se centra en Un grave «acto de indisciplina», como señala la nota de la

JÜJEM. Porque en ese escrito hay una «total omisión de los trámites reglamentarios» y una violación del

artículo SOS de las Reales Ordenanzas. Porque en ese escrito se falta «a la lealtad debida a los mandos y

superiores» y se falta doblemente, ya que dicho escrito —que circulaba por los cuarteles desde-hace

meses—había sido muy expresamente prohibido por los legítimos superiores militares. Inadmisible

porque •—como sigue diciendo la citada nota— en él se «introducen afirmaciones que revelan una

absoluta falta de identidad con los principios constitucionales y con las misiones asignadas a las Fuerzas

Armadas en el artículo 8 de la Constitución». Y-especialmente, inadmisible porque textos como el que

comentamos «afectan a la necesaria unidad y cohesión entre las Fuerzas Armadas» y «pueden producir

una separación o extrañamiento del resto de la sociedad». Nadie diga, pues, que al criticar ese texto

Criticamos al Ejército. Muy al contrario´, al rechazarlo rechazamos la indisciplina, rechazamos la

división, rechazamos la desobediencia a los jefes, rechazamos la separación del pueblo y

del Ejército. Al ..¿chazarlo estamos defendiendo lo que es la misma naturaleza del Ejército y -defendemos

la misma paz de los españoles, que se vería muy seriamente amenazada por todo lo que supusiera una

división en el interior de sus Fuerzas Armadas. Inadmisible también en su oportunidad. Que unas quejas,

que pudieron exponerse a la autoridad legítima y que hubieran sido recogidas por ésta en todo cuanto

tuvieran de justas, hayan sido lanzadas con oportunismo milimétricamente estudiado a la hora más exacta

para enturbiar la fiesta de la Constitución, con el Rey fuera del país, con los españoles disfrutando felices

su puente festivo, muestra que se buscaban metas muy diferentes a una simple queja de unos tratamientos

periodísticos. Si el Ejército tiene quejas sobre tales o cuales excesos periodísticos, cuenta con unos jefes

para expresarlos, cuenta con unos Tribunales para valorarlos. Pero que un grupo minoritario de oficiales

—>¡ien sobre un total de cincuenta mil—lance sus opiniones a la calle saltándose todas las más

elementales normas de la disciplina no parece ciertamente el mejor camino para curar unas heridas, sino

para abrir otras. No trataremos de magnificar ni generalizar un documento triste. Gestos-como éste no

nublarán un ápice la alta estima que el Ejército nos merece ni el reconocimiento de su servicio a la de-

mocracia querida y elegida por los españole^ La rápida reacción del Alto Mando militar nos demuestra

que la disciplina sigue estando en su sitio. Y esa disciplina nos ha parecido siempre y nos sigue

pareciendo el mismo meollo del honor militar. No se enturbié tal honor por quienes —aun cuando

tuvieran o tengan parte de razón en sus quejas— acuden a la indisciplina para manifestarlas.

 

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