Autor: Sánchez-Gijón, Antonio. 
   Defensa y confusión presupuestaria     
 
 ABC.    08/12/1981.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

MARTES 8-12-81

OPINIÓN

Defensa y confusión presupuestaría

Es de esperar que el Libro Blanco de la Defensa que se está preparando ponga orden en la. confusión que

preside la presupuesta-ción de inversiones en la defensa nacional. A fa vista de los documentos y

memorias que se presentan a las Cortes para su aproba-úón, los diputados no pueden sino andar a ciegas

en cuanto se refiere el aumento del Poder armado del Estado, medido en términos materiales.

Padrinos de-esta confusión son a! unísono el Ministerio de Hacienda y las tres ramas de las Fuerzas

Armadas; el primero, porque aún no ha facilitado la normativa y metodología unificadas en relación con

el seguimiento y control de los programas, dentro de cada presupuesto anual, con lo que tos cuarteles

generales de los Ejércitos tratan de adivinar lo que se espera de ello en cuanto a formulación de ios

presupuestos; las tres ramas de tas Fuerzas Armadas porque, en e! capítulo dé inversiones materiales, que

es e! que debe de formularse en programas, operan todavía como entidades independientes, como si

apenas existiese un Ministerio de Defensa, del que deberían de salir ¡as demandas presupuestarias

derivadas de (as exigencias de la defensa nacional, planteadas en el plan estratégico conjunto y en el

objetivo de fuerza conjunto. Responsable en última instancia de este estado de cosas es el propio

Gobierno, cuya política debe de ser ejecutada a través de! ministro de Defensa. Esa política, en cuanto se

refiere a inversiones, ha sido errática a lo largo de un período muy corto da años; dos años después de

aprobar el real decreto ley 5/77 por el que se asignaban al «presupuesto de material» incrementos anuales

del 31,2 por 100, se dio un recorte de 10.500 millones de pesetas al incremento debido en 1960 y de

13.776 millones en 1381. Introducido el «presupuesto por programas» hace cuatro años, éste sigue siendo

tan incompatible con et presupuesto tradicional como el primer día, pues no se puede programar

inversiones que son por naturaleza a largo plazo, si se carece de la normativa adecuada y de la suficiente

coordinación entre los Ministerios de Hacienda y Defensa, y de éste con los cuarteles generales de ios

Ejércitos. Estos últimos no armonizan la formulación presupuestaria de sus inversiones; en el documento

sometido a las Cortes, «Estructura de programas y memorias», los programas del Ejército de Tierra

vienen descritos en términos minuciosos y bien detallados, pero care-een de la previsión inversora (entre

varias decenas de elementos de programas, sólo tres parecen cuantificados en términos monetarios); por

el contrario, la información que el Ejército del Aire y la Marina dan sobre sus programas es muy escasa

en cuanto a.sub-programás y elementos de programas, aunque .vienen glpbalmente cuantificados.

El Ministerio de Defensa cuenta con una Dirección- General de Armamento y Material, que no ocupa, ni

puede ocupar, tal como está concebida, el rasgo que le correspondería corrió: órgano central para la

selección y programación de los elementos´de guerra necesarios a un: solo y único objetivo de fuerza

cortjuntó, que debería inspirar cualquier preferencia de cada Ejército en particular por sus sistemas de

armas y por sus equipos de combate. Al frente de esa Dirección General se halla un general de división,

que por muy capaz que sea no puede adquirir la influencia y autoridad necesarias para afectuar decisiones

que son formadas en última instancia por los tenientes generales y almirante que controlan sus respectivos

Ejércitos. Es más, la dotación presupuestaria de esa Dirección General no le permitirá convertirse en el

centro de investigación avanzada que establezca los criterios tecnológicos y organizativos más aptos para

inducir un esfuerzo de modernización armonizada en los tres Ejércitos. Otra manifestación de esta

patología es la escasa estimulación que el presupuesto de Defensa presta a la programación de los planes

de fabricación de las industrias de armamento, la mayor parte de las cuales, como se sabe, son propiedad

del Estado a través del Instituto Nacional de industria. En efecto,. la división de Defensa del INI ría

formulado un pían estratégico a diez años (un período razonable, para él desarrollo y producción de

sistemas o de elementos de, sistemas de armas), pero ignora qué parte de los fondos aplicados a los

programas de potenciación y modernización de los Ejércitos serán asignados a la compra de servicios de

dicha división, hasta después de que los Presupuestos del Estado son aprobados por el Congreso y logra

negociar con los cuarteles generales de los Ejércitos la prestación de dichos servicios. Las cantidades

implicadas en todas estas cuestiones no son marginales; el presupuesto de 1982 asigna 138.101 millones

para inversiones, de las que unos 98.000 mitlones se aplican directamente a proyectos destinados al

aumento de la luerza. Tampoco sería tarea baladí reforzar, mediante una acción enérgica de la Dirección

General de Armamento y Material, bien coordinada con las industrias de Defensa nacionales, .la

participación española en la producción de elementos de guerra de nuestros Ejércitos: en 1982, el 61 por

100 de las inversiones de la Marina y casi el 100 por 100 de las. de Aviación en sistemas de armas irán al

etfránjéró (!a peculiar formulación de ¡os programas del Ejército de Tierra no permite calcular este

porcentaje). Toda la crítica anterior, debe de compensarse con un reconocimiento honrado de!

crecimiento regular de los gastos de material con respectó si los de personal, y dentro de aquéllos de los

de inversiones con respecto a los de sostenimiento. En efecto,-si ios de material representaban el 38 por

100 de! presupuesto de Defensa en 1978, en 1962 ese porcentaje es del 49,3 por 100; por otra parte, las

inversiones se mantienen en una proporción razonable respecto de los gastos de material (algo mas de dos

tercios y algo menos de un tercio páfá sostenimiento). Dentro de las estrecheces presupuestarias de la

Defensa, nada impide que nuestras Fuerzas Armadas den un salto cualitativo considerable en cuanto

empiecen a disiparse las últimas resistencias y obstáculos a un plan de modernización ya puesto en

marcha hace algún tiempo, y que sólo espera para cumplir el ciclo de sus previsiones a que el Gobierno

ejerza toda la autoridad política que merece esta importantísima área de su actividad: la defensa nacional.

Esperemos, pues, el Libró, Blanco de la Defensa.— Antonio SANCHEZ-GIJON

 

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