Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
   Las Fuerzas Armadas y la Constitución     
 
 Ya.    08/12/1981.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Carta abierta

Las Fuerzas Armadas y la Constitución

Querido director:

No voy a escribir que todo esto se me antoja demencial porque, como decía el conde de Bugalla!, cuanto

más indispensables parecen, tanto más cuidado hay que tener con el uso de las palabras fuertes.

Pero, ¿queda aquí todavía alguien que crea que lo que está ocurriendo es lo que tenía que ocurrir y que no

hay nada que reclame remedios nuevos y rectificaciones urgentes? ¿Hay alguien que crea que el actual

marasmo político puede resistir indefinida e impasiblemente el aumento de las tensiones entre las Fuerzas

Armadas y el aparato? ¿Adonde podemos dejarnos arrastrar si nos empéñanos en que la única terapéutica

que puede aplicársele a la ininterrumpida serie de alifafes de que estamos siendo víctimas es la de los

reglamentos, o los códigos, o los castigos? ¿No le parece a usted, y perdone, que quizá haya llegado la

hora de abordar en serio la idea de que no son sólo los «ultras» hoy, como ayer eran los «rojos», sino que

somos todos los españoles, apenas sin excepción, quienes tenemos que hacer acto de contricción?

Es como hacer un Día de la Constitución, lo cual me recuerda el comentario de Bernard Snaw cuando

alguien propuso que se hiciera en Inglaterra el Día de la Madre. «Eso está muy bien —dijo el autor de

«Santa Juana»—, porque así podremos olvidarla todos los demás días.» Con un Día de la Constitución, y

echando la culpa de lo que pasa a los «ultras», en vez de aceptar que, en cuanto a la culpa, la tenemos

todos y, en cuanto a la Constitución, mejor que jalearla un día es respetarla todo el año, aquí asumimos

que ya todo está hecho y al que se resista a creerlo te zurramos sin piedad con el látigo («trágala, perro»)

constitucional. Si esto no nos deja satisfechos, procedemos á llamarle «ultra», igual que hace unos años le

llamábamos «rojo», y a meterle, igual que hace unos años, en la perrera. Por si no bastara, elevamos,

ahora, la Constitución, como hace unos años elevábamos las leyes fundamentales a los altares, la

declaramos, como a las leyes´ fundamentales, sacrosanta y creemos, a pies juntillas, que así, y sólo así, es

como se hace una democracia. A nadie, ni al Gobierno, ni al Parlamento, ni a los periódicos, a nadie,

parece ocómrsele siquiera que no baste con vituperarle a alguien de «ultra» y flagelarle con el texto de la

Constitución para demostrar hasta la saciedad, sin que se necesite otra prueba, que está en pecado mortal.

Es un nefando agente del error y no tiene, ni puede tener, la más mínima pizca de razón en cuanto diga o

baga, y en cambio tiene todos sus adversarios. Yo no voy a meterme en esto de los cien oficiales y

suboficiales. Las cosas que afectan a las Fuerzas Armadas son muy delicadas y muy graves, y lo primero

de un periodista .responsable, como yo, y perdone la vanidad, es dejarle su enjuiciamiento a las

autoridades competentes, y esto aunque sólo sea porque por algo les hemos confiado a los militares las

armas. ¿Cómo es, empero, posible que quiera convertirse en un conflicto constitucional la opinión sobre

sus asuntos profesionales de cien españoles expresada con unos razonamientos más o menos convincentes

pero respetables? Ya que son militares, y los militares tienen un reglamento y un código especiales, es

muy posible (o no es posible, qué sé yo) que hayan infringido uno dé ellos o ambos. Ya darán su

dictamen al respecto las correspondientes autoridades y jueces. Pero, ¿qué demonios tiene que ver la

Constitución con todo esto? J2n Inglaterra, en Francia, en Alemania, en los Estados Uñidos no puede

concebirse, es verdad, que cien miembros del correspondiente Ejército salgan con un escrito denunciando

a la prensa, ¿pero puede concebirse que en ninguna otra democracia, que ño sea la española, existan

periódicos que se dedican de un modo sistemático a injuriar a las Fuerzas Armadas y mentir sobre las

Fuerzas Armadas? ¿Es que si alguien miente sobre mí o me injuria, yo no puedo contestar y si contesto

estoy cometiendo un acto inconstitucional? La Constitución, señor director, es la misma para mí, para las

Fuerzas Armadas, para Perico de los Palotes y hasta para los maricas que forman parte oficial de las

manifestaciones. Sostener que a los maricas la Constitución les autoriza a insultar a las Fuerzas Armadas,

pero que las Fuerzas Armadas no pueden contestarles a los maricas es la interpretación más perversa y

más tenebrosa que de una Constitución puede hacerse, y el hecho de que algunos de los medios de

comunicación españoles se atrevan a escandalizarse porque cien militares españoles se vuelven contra los

que injurian al Ejército y subrayen que esto es tanto má´s provocador cuanto que tiene lugar,

«coincidiendo con el día en que se celebra la Constitución», lo que prueba es que los tales medios de

comunicación tienen la idea de que la Constitución es la madrastra de unos españoles y la alcahueta de

otros mientras el Día de la Constitución ¿qué se cree aquí que es si se cree que la Constitución protege a

todos los españoles, menos a los militares? Con unas concepciones tales, con las tensiones entre las

Fuerzas Armadas y ciertos sectores sociales aumentando de día en día, con la Constitución siendo usada

como cabo de vara contra el Ejército mientras el Ejército es dueño de las armas, ¿te ve usted, señor

director alguna perspectiva alagüeña a la ilusión de hacer aquí un país constitucional defendido por el

Ejército que es, precisamente, el meollo del sistema monárquico? ¿Hay nadie que pueda extrañarse de que

la inmensa mayoría de los españoles le hayan vuelto la espalda con indiferencia escalofriante al ocioso

Día de la Constitución?

Augusto ASSlA

 

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