Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   Tres puntos de referencia     
 
 Ya.    08/12/1981.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

8-XII-1981 La columna

TRES PUNTOS DE REFERENCIA

LOS tres puntos de referencia para entender las convulsiones que padece en los últimos tiempos la

situación española son: el consejo de guerra por los sucesos del 23-F, fijado, en principio, para lebrero; la

entrada de España en la OTAN, prevista para la primavera, y el eventual triunfo de los socialistas en las

próximas elecciones generales, lo que significaría un «salto histórico», que le daría la vuelta a la guerra

civil. En determinados sectores civiles y militares, minoritarios, pero muy activos, se pretende impedir el

juicio de febrero o, si esto no es posible, enrarecer el ambiente para convertirlo en un proceso político a la

democracia. En «clave 23-F» se interpreta por la mayor parte de los observadores el escrito firmado por

un centenar de oficiales y suboficiales protestando, fuera de los cauces ordinarios, del trato informativo

que se dispensa a los militares. Los autores de este «manifiesto» aprovechan para sus pretensiones el

malestar generalizado que existe efectivamente entre las Fuerzas Armadas por este motivo. En las altas

esferas de la Defensa, el hecho, como ha podido comprobar este cronista, se interpreta como un «ordago»,

que en el mus significa empeñar todo en la jugada, y han respondido positiva y fulminantemente al envite.

Ahora se extrema la cautela para evitar movimientos de solidaridad, que es lo que posiblemente se

pretendía. Hasta ahora se ha evitado que cuatro cartas más se pusieran encima de la mesa «para calentar el

ambiente». La partida, con más o menos dificultades, parece que está ganada porque la inmensa mayoría

del pueblo y del Ejército, con el Rey a la cabeza, ha apostado por el orden constitucional vigente.

Estaba previsto que al acercarse la hora del ingreso de España en la Alianza Atlántica, nuestro país sería

sometido a fuertes sacudidas, provocadas desde Moscú. Todo indica que las previsiones se están

cumpliendo y que aán no hemos alcanzado el final de la escalada. Determinadas manifestaciones

callejeras, de signo aparentemente pacifista, en las que participan con los activistas gentes de buena fe; la

ocupación por grupos radicales de izquierda de ciertas delegaciones diplomáticas en el Norte, la virulenta

crisis del Partido Comunista para defenestrar a Carrillo, impulsor del «enroco-monismo», y conocidas

campañas de intoxicación de la opinión pública hacen sospechar que alguien está detrás moviendo los

hilos y financiando la operación. Una vez más se comprueba que los extremos se tocan. En este caso

como una tenaza, para alterar la normalidad democrática, distorsionando la imagen de España en el

exterior y generando la dialéctica del enfrentamiento. El tercer punto de referencia es, sin duda, eí temor

de amplios y poderosos sectores de la sociedad española, y posiblemente también de Washington, tras el

triunfo de los socialistas en Francia y en Grecia, a una eventual´victoria del PSOE en las próximas

elecciones generales. De hecho, hasta que los socialistas españoles no han estado cerca del poder la

transición de la dictadura a la democracia, a pesar de que los problemas reales y las incertidumbres eran

mucho mayores que en la actualidad, se ha desarrollado sin excesivos sobresaltos. Si ahora hubiera un

Gobierno fuerte, de centro, con amplio y sólido respaldo parlamentario y, sobre todo, razonables

posibilidades de ganar las elecciones, el riesgo de desestabilización sería mínimo. El problema está en que

existen fundadas dudas sobre la eficacia de los servicios de información del Estado para responder

adecuadamente a este múltiple reto que nos agobia. Su papel es fundamental en este momento. Desde

luego, el aparato informativo de la Moncloa no funciona y es, por ejemplo, en gran parte culpable de la

mala acogida dispensada al último Gobierno. Puede ser un síntoma.

Abel HERNÁNDEZ

 

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