Exhortaciones del Rey a las Fuerzas Armadas en la Pascua Militar. 
 Expectación militar ante el mensaje de Don Juan Carlos  :   
 Sobre el discurso ue pronunciará mañana en el Palacio Real. 
 Diario 16.    05/01/1982.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 27. 

EXHORTACIONES DEL REY A LAS FUERZAS ARMADAS EN LA PASCUA MILITAR ...

En medios militares, y también en los políticos, existe una enorme expectación respecto al discurso que

pronunciará mañana el Rey Juan Carlos, como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, en la celebración

de la Pascua Militar. Este es el principal discurso castrense del Monarca a lo largo del año. Por ello,

ofrecemos a nuestros lectores un breve resumen de los parlamentos pronunciados por el Monarca en las

distintas celebraciones de la Pascua Militar desde su acceso al trono.

EXPECTACIÓN MILITAR ANTE EL MENSAJE DE DON JUAN CARLOS

Sobre el discurso que pronunciará mañana en el Palacio Real

1976: «Que las Fuerzas Armadas sean fuertes y eficaces es tarea de todos»

1977: «Resulta especialmente duro en ocasiones el ejercicio de la lealtad, pero es completamente

insustituible del espíritu de disciplina que debe animarnos»

1978: «También hay que evitar que, desde fuera de las Fuerzas Armadas, se trate de politizarlas»

1979: «El espectáculo de una indisciplina, de una actitud irrespetuosa originada por exaltaciones

momentáneas, es francamente bochornoso»

1980: «Que nadie os identifique con sus propios intereses u os excite a protagonismos inoportunos»

1981: «Constituimos una gran familia sin divisiones ni fisuras, en la que no se consienten infiltraciones

nocivas»

Madrid — Los mensajes anuales que el Rey, como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, dirige todos los

años a los Ejércitos el día de la Pascua Militar, que se celebra el próximo día 6, tan tenido como una

constante la exhortación a la disciplina, el mantenimiento de la defensa del orden constitucional, así como

las aportaciones castrenses a la Patria, con especial recuerdo a las víctimas del terrorismo. Los discursos

más importantes del Monarca se han producido en los dos últimos años, si bien la constante de los

parlamentos del Rey ante los máximos representantes de los tres Ejércitos, en las recepciones del Palacio

Real, ha sido la llamada a la disciplina y el entendimiento entre la gran familia militar, de cuya

pertenencia Don Juan Carlos se ha mostrado siempre orgulloso.

Tarea de todos

En la Pascua Militar de 1976, el Rey afirmó: «Que las Fuerzas Armadas sean fuertes y eficaces es tarea

de todos. Os aseguro que uno de los objetivos al que deseo consagrar mayor esfuerzo es a potenciarlas.

Una estructura profesional en todos los escalones, muy selecta y eficiente, debe encuadrar a nuestros

hombres durante el breve periodo en que se forman y preparan para cumplir su misión durante su

paso.por el Ejército.» En el año 1977, el Monarca insistía en la necesidad de mantener la disciplina: «La

disciplina, difícil de conservar en algunas circunstancias, es el fundamento más firme en el que se tienen

que apoyar nuestras Fuerzas Armadas. Sin ellas no es posible la acción del mando.» «Resulta

especialmente duro en ocasiones —continuó— el ejercicio de la lealtad, pero es completamente

insustituible del espíritu de disciplina que debe animarnos a todos.»

Adaptarse

En el mensaje de 1978 el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas pidió a sus^ componentes «comprensión

para daros cuenta real de las circunstancias .que vivimos y de la necesidad de adaptarse a los cambios

producidos por el transcurso del tiempo, por los impulsos de las nuevas generaciones, por el anhelo de

reconciliar al fin a todos los españoles en un empeño común del que nadie se sienta marginado».

«Serenidad —siguió diciendo— para asistir al proceso que estamos viviendo sin excitación, sin

nerviosismo o precipitación, sin temores infundados, perfectamente seguros de nosotros mismos.»

«Si los militares —concluyó— deben abstenerse de intervenir en los problemas políticos de todos los días

y de manifestar sus personales opciones de aquel carácter, también hay que evitar que desde fuera de las

Fuerzas Armadas se trata de politizarlas.» El año 1979 volvería a insistir el Monarca en la relación de los

militares con los temas políticos: «Mi deseo es que todos sirváis a ese pueblo con el supremo objetivo de

lograr la seguridad de la Patria encerrando también en lo más íntimo de vuestros corazones los

sentimientos y las opiniones políticas personales.»

Bochornoso

«El espectáculo de una disciplina —decía Don Juan Carlos— de una actitud irrespetuosa originada por

exaltaciones momentáneas en que los nervios se desatan, con olvido de la serenidad necesaria a todo

militar, es francamente bochornoso.» La utilización de las Fuerzas Armadas por parte de algunos sectores

políticos fue uno de los ejes del discurso del Rey en el año 1980. En aquella ocasión, y tras señalar el

dolor que sentía sobre las victimas del terrorismo que habían alcanzado a los propios militares, Don Juan

Carlos dijo: «Que nadie utilice vuestra noble actitud como instrumento a emplear en el sentido que a cada

uno convenga. Que nadie os identifique con sus propios intereses u os excite a protagonismos

inoportunos.» Y seguía el Monarca: «Que nadie interprete vuestro silencio como signo de que no tenéis

nada que decir. Que nadie confunda Ja serenidad con la inhibición ni la calma con la apatía. Que nadie, en

fin, olvide que la disciplina inspira tanto prudentes abstenciones como puede impulsar actuaciones

decididas, si se determina —por quien legal v constitucionalmente deba hacerlo y no en virtud de

interpretaciones subjetivas—, que están amenazados los valores esenciales cuya defensa os encomienda

nuestro ordenamiento jurídico.»

Punto de equilibrio

En aquella ocasión, el Rey también señaló: «Os exhorto también a que continuéis siendo justo medio, el

punto de equilibrio entre los exagerados movimientos pendulares que a veces conduce al apasionamiento

de nuestra raza». «El camino de las Fuerzas Armadas —concluyó— es evidente: cumplamos con espíritu

de sacrificio, con disciplina y abnegación, unidos en el más estrecho compañerismo, los deberes que en el

orden a la consecución de aquella utilidad pública hemos de compartir con el pueblo español. Porque el

Ejército es pueblo, nace del pueblo y defiende a la Patria, que es el pueblo y sus pueblos.» Por último, el

núcleo central del discurso del Rey en la Pascua Militar del año pasado —mes y medio antes del golpe del

23-F- fue la petición de que en la gran familia militar no haya divisiones ni fisuras y que en ella no se

consientan infiltraciones nocivas. El Monarca recordó la felicidad que supone la confianza en la seguridad

de´ nuestro destino nacional, la certeza absoluta del mantenimiento de la unidad de España, la superación

de las dificultades para lograr la estabilidad, el optimismo de cara al porvenir, la dignidad de la profesión

militar y el respeto al pueblo «del que procedemos y al que servimos».

Sin divisiones

El Rey dijo también que es felicidad «comprobar que entre nosotros se mantiene siempre la disciplina,

que el compañerismo es auténtico, que constituimos una gran familia sin divisiones ni fisuras, en la que

no se consienten infiltraciones nocivas». Más adelante volvió a insistir a sus compañeros de armas a no

mezclarse en actividades políticas distintas de esa «política elevada que a todos interesa, la gran política

de la grandeza de Es.paña y de la vigilancia permanente de su seguridad». Dijo también el Rey que

«disfrutar la tranquilidad y vivir en paz sin que se especule con vuestras intenciones o se imaginen hasta

vuestros pensamientos». Concluyó el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas exhortando a sus miembros a

la unidad y al respeto a las normas constitucionales con fe y confianza en los mandos y «alentados

siempre por la esperanza y la ilusión, conseguiremos juntos superar las dificultades inherentes a todo

periodo de transición y alcanzar esa España mejor».

 

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