Texto íntegro del mensaje del Rey a Fuerzas Armadas. 
 Don Juan Carlos: "La voluntad de los Ejércitos no puede ser otra que la de la nación"     
 
 El País.    07/01/1982.  Página: 13-14. Páginas: 2. Párrafos: 61. 

Texto íntegro del mensaje del Rey a las Fuerzas Armadas

Don Juan Carlos: "La voluntad de los Ejércitos no puede ser otra que la de la nación"

"Que nadie pretenda erigirse en salvador del resto de sus compatriotas contra la voluntad de éstos"

El rey Juan Carlos cerró el acto solemne de la conmemoración de la Pascua Militar, celebrado en el

palacio Real de Madrid, con un importante discurso dirigido a los representantes de la milicia y de

las fuerzas de Seguridad del Estado, «no sólo como Rey, sino también en el papel de Jefe supremo de las

Fuerzas Armadas». El discurso, cuyo texto íntegro ofrecemos a continuación, comienza en términos de

felicitación y agradecimiento al conjunto de las fuerzas allí representadas, para pasar a continuación a

analizar profundamente el momento político militar. El Rey finalizó invitando a la confianza en el sistema

democrático.

Queridos compañeros: Hay ocasiones en que los acontecimientos que se han producido o se están

produciendo parecen poner un matiz delicado y difícil en el cambiente de un acto tan tradicional como el

que hoy celebramos. Un acto que debiera caracterizarse tan sólo por la alegría y la satisfacción que

supone el hecho de encontrarnos reunidos los representantes de las Fuerzas Armadas y de seguridad del

Estado, como continuación de una costumbre arraigada en la milicia, para escuchar la felicitación de

uestro Rey, dentro de una atmósfera distendida, de compañerismo y de camaradería. Y lo cierto es que

nada puede impedirme esta alegría y esta satisfacción, porque os aseguro que prevalecen y prevalecerán

siempre sobre cualquier otro sentimiento, sobre cualquier inquietud o sobre cualquier situación

supuestamente complicada. Pero tal vez, aparte de mi felicitación en esta pascua militar, esperéis de mí

alguna manifestación concreta sobre temas que nos afectan, efectuada no sólo como Rey, sino también en

mi papel de jefe supremo de las Fuerzas Armadas, que la Constitución me confiere y que tanto me honra.

Y no quisiera defraudar la posible expectación existente. Si el valor puede demostrarse en muchos

sentidos y de muchas maneras, yo desearía hoy tener presente esa definición dé que el valor consiste en

buscar la verdad y decirla. Porque lo delicado y lo difícil se convierte en normal y pierde su carga de

previsión y de incomodidad cuando se tiene la decisión de pensar alto, de sentir hondo y de hablar claro

de lo que se piensa y de lo que se siente.

Gratitud a las Fuerzas Armadas

De esta forma quiero hoy dirigirme a vosotros. En primer término para expresar mi gratitud más sincera

hacia el conjunto de las fuerzas que representáis. Os doy las gracias por la lealtad con que os habéis

comportado en momentos decisivos del año que acaba de terminar y por la disciplina con que estáis

asistiendo al profundo y necesario proceso de transformación de nuestra sociedad, de nuestra

organización política, del sistema general del Estado en el que esas fuerzas están incluidas y al que deben

acomodarse ineludiblemente. Os doy las gracias también por vuestro sacrificio y por vuestra serenidad,

pues habéis sufrido en la propia carne los zarpazos del terrorismo criminal y soportado a veces la

incomprensión, la atención exagerada o el desenfoque sensacionalista de vuestra realidad. Para nadie es

fácil asimilar los cambios que constituyen una conmoción evidente en un estado decosas que ha de

adaptarse a otro diferente exigido por los tiempos que vivimos y por la voluntad mayoritaria del pueblo

español.

Dificultad de adaptación

Pero esa dificultad de adaptación no afecta tan sólo a las Fuerzas Armadas y a las de seguridad, sino

también a muchos otros sectores de nuestra sociedad. Importantes sectores con destacadas y distintas

influencias en la vida del país y que no siempre saben conservar el equilibrio, mantener la prudencia

ni graduar el ejercicio de la libertad. Es natural, a veces, que el contraste entre el pasado y el presente

origine tensiones, produzca excesos o cause sorpresas, que han de ir limitándose y normalizándose con

el transcurso de los años. En este deseo ciframos nuestra esperanza. Para que se realice es preciso dar

a cada institución, a cada grupo, a cada sector, el tratamiento adecuado. Y cada uno de ellos, a su vez,

ha de aprender también a conceder a los demás el tratamiento que necesitan y que se les debe.

Momentos de irritación y desánimo

Si se viven momentos de irritación, de molestia o de desánimo, no es válido ocultar la cabeza bajo el

ala y tratar de desconocer lo que sucede. Al contrario, hay que buscar sus causas y encontrar los remedios.

Es preciso analizar antecedentes históricos, descubrir psicologías, profundizar en sentimientos y en

maneras de ser. Nuestras Fuerzas Armadas forman un bloque sólido y unánime en su manera de pensar

sobre los temas fundamentales, aun cuando pueda haber matices distintos y opiniones diversas en cuanto

a la forma de expresar esos pensamientos o de juzgar otras materias secundarias. Porque si los ejércitos

pueden poseer un pensamiento propio, su voluntad no puede ser otra que la de la nación. Y la

coincidencia presenta un carácter de generalidad indudable, sin qué se pueda establecer una línea

divisoria entre los distintos grados, entre las distintas generaciones, entre los que ostentan acciones

guerreras en sus hojas de servicios y aquellos a quienes se concede la suposición fundada de su entrega,

de su sacrificio y de su valor. A los veteranos y a los jóvenes les une una comunidad de sentimientos y de

ilusiones.

No olvidarla guerra civil

No se puede olvidar —y quiero decirlo claramente, aunque estemos ya muy alejados de la lucha que

enfrentó a dos Españas, de sus antecedentes y de sus consecuencias— que en esa guerra civil, trágica y

dolorosa, pero plenamente real, las Fuerzas Armadas, que no obtuvieron beneficios notables después de la

victoria, sirvieron a su patria durante muchos años con espíritu de sacrificio, con lealtad y disciplina. Y

esas Fuerzas Armadas estaban acostumbradas —eso sí— al mayor respeto, a la más destacada

consideración, a la protección de su dignidad por los sectores oficiales y por todos los demás sectores de

la nación. La imprescindible libertad de expresión; cierto revanchismo en los juicios y en las opiniones;

los obligados cambios en los métodos de tratamiento público de los temas militares; la imposición del

silencio a los que desempeñan esta honrosa profesión; hasta el despego de quienes pudieran estar teme-

rosos de que se les impute una adhesión al pasado, han tenido que causar gran sorpresa e impresión en los

hombres que forman los ejércitos de España. Y no sólo en quienes tomaron parte en la contienda, sino

también en las generaciones posteriores que se han incorporado a las filas de aquéllos, con los mismos

ideales, respetada por los conciudadanos a los que han de servir, unida por el compañerismo y cimentada

en la disciplina, con la elevada misión de defender a su patria a costa del mayor de los sacrificios, si les

fuera exigido.

Necesidad de integrarse en la organización política

Todos debemos estar orgullosos de nuestras Fuerzas Armadas: el Rey, como su jefe supremo; el Gobierno

y las demás instituciones de la nación que cuentan con ellas para la defensa de la soberanía e

independencia de España, de su integridad territorial y del ordenamiento constitucional; el pueblo

del que los componentes de las Fuerzas Armadas proceden, en el cual están integrados y al que deben

servir, Y las Fuerzas Armadas han de esforzarse siempre en ser merece-, doras de ese orgullo nacional, a

la vez que lo sienten ellas mismas por estar al servicio de una nación cuya historia constituye una

sucesión interminable de acontecimientos gloriosos. Mas, al mismo tiempo que se´les pide una entrega

leal y disciplinada, es preciso guardarles toda la consideración que merecen y respetar la alta misión que

nuestra Constitución les encomienda, sin establecer sobre ellas una particularidad especial en el trato

enérgico de sus actos erróneos, en el comentario descalificador de sus acciones o en la sanción rápida, que

no por ello es más severa o ejemplar. La disciplina debe exigirse tanto más a quien mayor obligación

tiene de observarla e imponerla. Pero esta exigencia no puede olvidar nunca ni la justicia ni la generalidad

en un rigor y en una autoridad que ha de abarcar a la nación en su conjunto. Los militares españoles, los

soldados españoles, siguen manteniendo el espíritu de aquellos antepasados suyos que, a decir del poeta,

«todo lo sufren en cualquier asalto; sólo no sufren que les hablen alto».Y los ejércitos constituyen la

institución sobre la que, en último término, descansa la seguridad de la nación. Por eso, en mi papel de

arbitro y moderador del funcionamiento regular de las instituciones, yo pido, de un lado, a los militares de

los tres Ejércitos y de las fuerzas de seguridad, que hoy representáis los aquí reunidos, que os percatéis de

la importante misión que os corresponde, así como de la necesidad de integrarse en la organización

política que se ha dado el pueblo español y que precisamente debéis defender. Se ha dicho que el mejor

profeta del mundo es el pasado. Todo el respeto, pues, para el pasado que forma parte de nuestra historia

y del que tantas experiencias se pueden deducir. Pero toda la entrega también a la legalidad vigente, que

os corresponde mantener. Al mismo tiempo, de otro lado, es necesario que, de acuerdo con el texto, y

sobre todo con el espíritu que encierra el artículo 176 de las Reales Ordenanzas, los componentes de las

Fuerzas Armadas sean protegidos por la ley contra amenazas, violencias, ultrajes o difamaciones que

tengan por causa u origen su condición o actividad militar. El Estado ha de velar en todo momento por los

intereses de las Fuerzas Armadas, por su prestigio y por su fama, porque se trata de la institución que le

sirve con absoluta devoción y porque ha de compensar las limitaciones que las leyes establecen para el

ejercicio de sus propias acciones reivindicativas. El poder es la capacidad de obtener obediencia. Pero la

obediencia no siempre se obtiene por la fuerza, sino por la autoridad. Las calumnias sobre el 23-F. A

través del año que hace poco ha terminado hemos tenido ejemplos de fuerza que no quiero ni eludir en

este día, ni tampoco insistir en su recuerdo para aumentar una preocupación ya existente y a todas luces

perjudicial. Pero no puedo ignorar —aunque quisiera hacerlo— las campañas que se han desatado, los

panfletos y las hojas repartidas profusamente entre los militares, la planificación de unas versiones de los

hechos ocurridos, con las que se ha pretendido intoxicar y desorientar a las Fuerzas Armadas, con la

mentira como lema, la confusión como método y la afrenta como objetivo. Nadie habrá podido escuchar

de mí la menor protesta ni descubrir el más insignificante esfuerzo por defenderme de unas calumnias

que merecen tan sólo el más rotundo de los desprecios. Nadie habrá podido dudar de mi serenidad y de mi

prudencia, porque pensaba, y pienso, que no debo descender a rebatir falsedades ni justificar conductas.

Pero permitidme que hoy, en esta Pascua nuestra, cuando estoy hablando a queridos compañeros de armas

en un tono de confianza y de sinceridad, deje una breve pero profunda constancia tanto de mi dolor por

los lamentables procedimientos que algunos utilizan como del agradecimiento hacia cuantos han sabido

rechazarla propaganda insidiosa y mendaz. Una vez más, repito que confío ciegamente en que la verdad

se abra paso por encima de todo y resplandezca para iluminar hasta los más recónditos entresijos de unos

acontecimientos que de manera tan directa afectaron a la vida española, y concretamente a las Fuerzas

Armadas, en el año 1981 De este tema en sí, repito, es del que quisiera abstenerme de hablar con detalle,

porque creo que ya se ha comentado con exceso y se ha dado publicidad a muchos extremos que no

pueden ser favorables ni oportunos cuando está pendiente la actuación de la justicia militar, en la que

ciframos toda nuestra confianza. Lo que sí parece necesario es evitar la obsesión en el recuerdo, la

reiteración en los comentarios sobre el tema, la dificultad de vivir sin dejarse influir por un episodio que,

aun siendo importante y significativo, no puede ni afectar a todas las Fuerzas Armadas —como no sea

para acreditar la lealtad de su conjunto— ni condicionar nuestro presente y nuestro futuro.

Petición de comprensión

Un año más os pido reflexionóos pido sinceridad, os pido comprensión. Os pido tengáis siempre presente

que la disciplina verdadera no se limita a los gestos externos, a las expresiones formularias, a las actitudes

de superficial subordinación y acatamiento. La verdadera disciplina no es la del que calla siempre, pero

no se convence nunca, sino la de quien conserva en su ánimo la necesidad interior de cumplir la orden

recibida, aunque contradiga su propio criterio. Es preciso exponer respetuosa y reglamentariamente

sentimientos y opiniones con decisión y con claridad. Pienso que en estos momentos que vivimos es

necesario, con más intensidad que nunca, mantener una comunicación permanente dentro de los Ejércitos

y que esta corriente informativa circule en un doble sentido: desde los superiores a los inferiores, para

informarles, proporcionarles aclaraciones y directrices, transmitirles impresiones y consignas y recabar

sus sentimientos. Y desde los inferiores a los superiores, para poner de manifiesto, ordenada y

subordinamente, sus inquietudes, sus dudas y su manera de pensar, sin abandonar jamás el conducto

regular ni tratar de producir la impresión de que aquéllos no se sienten adecuadamente representados y

defendidos por éstos. Esta doble trayectoria debe contribuir a mantener y robustecer la unión de todos los

componentes de las Fuerzas Armadas sobre la base de una sinceridad compatible con la más estricta

disciplina. Y a su vez, los más altos mandos de los Ejércitos y de las fuerzas de seguridad deben exponer

con la máxima franqueza, orientada al bien de estas instituciones y, en definitiva, de España, sus propios

sentimientos, y los sentimientos de cuantos están a sus órdenes, a las autoridades que tienen a su cargo

la política militar y la gobernación del país.

Consejo a la autoridad política

Nadie duda de que a esas autoridades del Estado corresponde la dirección política, dentro de la cual están

incluidas como un factor más —un importante factor, desde luego— las Fuerzas Armadas. Pero esas

autoridades saben que para tomar las decisiones oportunas y eficaces en materia de defensa y en

materia militar nada es mejor que escuchar la opinión, el criterio y el asesoramiento de quienes por su

profesión, por su experiencia y por la misión que tienen encomendada están en condiciones de

proporcionar, con lealtad y sinceridad, las informaciones pertinentes. Yo quisiera que nos enfrentáramos

al año nuevo con esperanza y sin recelos, firmes e inconmovibles en nuestra unidad. Reconozcamos los

aspectos positivos que pueden descubrirse en la resolución de algunos problemas nacionales, como el

terrorismo, la inseguridad ciudadana, el ordenamiento autonómico, el panorama de la economía o los

conflictos sociales.

Confianza en el sistema democrático

Confiemos en el perfeccionamiento sucesivo del sistema democrático que se ha dado el pueblo español y

observemos siempre el mandato de la mayoría, porque el respeto al derecho ajeno es la paz. Que nuestras

virtudes militares estén en todo momento llenas de contenido y que el honor, la palabra, la verdad, el

compañerismo, el sacrificio y la abnegación, la dignidad y el amor a la patria no constituyan conceptos

vacíos, sino que se pongan siempre de manifiesto en las acciones de todos. Que el patriotismo no se

considere como exclusiva de algunos ni que nadie pretenda erigirse en salvador del resto de sus

compatriotas contra la voluntad de éstos/libremente expresada. Porque el patriotismo no es hijo del amor

propio, sino —como decía Jovellanos— «el noble y generoso sentimiento que estimula al hombre a

desear con ardor y a busca: con eficacia el bien y la felicidad d> su patria tanto como la de su mism¡

familia; que le obliga a sacrifica no pocas veces su propio interés a interés común; que uniéndole es

trechamente a sus conciudadanos interesándoles en su suerte, le aflige y le conturba en los males pú

blicos y le llena de gozo en 1 común felicidad». Yo estoy seguro de vuestro patriotismo y en él confío

para bie¡ de España. Y quiera Dios que en este día d la Pascua Militar, que en el año qv ahora comienza,

vosotros y vues tras familias, los que hoy estái aquí presentes y cuantos sirven a 1. patria en toda la

geografía españo la disfrutéis de la paz y de la felicidad que de todo corazón os deseo Y ahora gritar

conmigo: ¡Viva España!».

 

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