Autor: González García, Antonio. 
   "No, señor Solana"     
 
 Diario 16.    16/01/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

ANTONIO GONZÁLEZ GARCÍA

Teniente de Ingenieros

«No, señor Solana»

El oficial firmante del artículo, perteneciente a la XXXV promoción de la Academia General Militar,

muestra su abierta disconformidad con un artículo publicado en estas páginas por el diputado socialista

Luis Solana. El teniente González García, que se declara amante de la legalidad y constitucionalista de

pro, es partidario de superar la «altura del listón» mediante el tamiz de los^estu-dios superiores para

escalar los puestos de mando en el Ejército. No, y rotundamente no. Desconozco la intención que puede

haberle llevado a escribir su artículo «Suboficiales y escala especial», pero, en cualquier caso, mucho me

temo que no haya convencido no ya a los que usted denomina «listillos», y entre los que le aseguro no

incluirme, sino tan siquiera a la mayor parte de los propios suboficiales y tenientes «especiales», e tenor

de lo que de mi partí´ cular «sondeo» entre algunos de ellos he podido deducir. Para empezar, haré una

exposición con la que creo estará de acuerdo. La consecución del empleo de teniente del Ejército para

quienes siguen la carrera militar supone el haber alcanzado un nivel adecuado de conocimientos, de la

misma forma que quien en la vida civil pretende ser arquitecto superior debe también alcanzar un nivel

preestablecido. Estos niveles, cada cual considerado en su entorno particular, suponen la «altura del

listón» —por emplear un símil deportivo—, que habrán de salvar cuantos, individuos deseen llegar a ser,

respectivamente, tenientes del Ejército y arquitectos superiores, no debiendo ocurrir que nadie que no

haya superado dicha altura alcance tales titulaciones.

Nivel exigido

A ningún arquitecto téni-co se le permite obtener el título de arquitecto superior si no alcanza ese nivel

exigido para ello, aun cuando sean muchos sus años de experiencia y cursillos de especializáción en el

área de la construcción. Y cierto es, igualmente, que quien consigue alcanzar el nivel en cuestión no es

considerado luego como arquitecto «especial», como usted muy bien señala, porque ha pasado a ser tan

arquitecto superior como el que más. Paradójicamente, en el Ejército se da el caso de que una prolongada

permanencia en el empleo de suboficial, junto con un pequeño periodo de adaptación —aunque este

pequeño periodo pueda llegar a ser, en algunos casos, de dos años—, en el que por descontado que no se

puede alcanzar el nivel de conocimientos aprendidos durante cinco años de carrera, es más que suficiente

para llegar al empleo de oficial, lo cual, metafóricamente hablando, equivale a pasar el listón por debajo.

Pregunto entonces, ¿no cree usted que, de alguna forma, la persona que en estas condiciones accede al

empleo dé oficial tiene algo de «especial» Claro está que lo tiene, aunque a la hora de mandar sus órdenes

tengan la misma consistencia que las de un oficial de carrera de igual graduación. Porque no ha de

confundirse la función de mando, que se verifica inexcusablemente según el grado, y no según los

orígenes de quien lo ostenta —y si usted conoce el caso de que un teniente de carrera mande sobre un

capitán que no pertenezca a su escala, me agradaría lo expusiera—, con aquellas otras funciones o

actividades que por requerir una serie de .conocimientos determinados les son encomendadas, de entre

varios oficiales de igual graduación, a aquellos que por haber «superado el listón» los poseen.

Por cierto, que escogiendo ejemplos, debo decirle que es un poco «listillo» —por emplear una expresión

de su léxico particular—, y me estoy refiriendo precisamente al anteriormente aludido del Ejército

francés. Porque, y sin que con ello me manifieste solidario con él, yo le invitaría a considerar el modelo

U.S.A., según el cual la relevancia de los oficiales salidos de la Academia de West-Point y "el carácter de

superioridad que ostentan respecto de sus compañeros de otras procedencias es incuestionable.

Respecto de su queja relativa a que los suboficiales estudiosos y sacrificados no puedan llegar un día a ser

generales del Ejército, creo que también anda un poco desorientado, puesto que cada año varios

suboficiales, en posesión del COU y. de la prueba de acceso a la Universidad, se esfuerzan, en la

Academia General Militar, por pasar el listón que les llevará al empleo de oficial, y cuando esto ocurra,

no serán, a diferencia de los «otros», considerados como oficiales «especiales» y podrán si la edad y otros

condicionantes se lo permiten, al igual que ocurre "con el resto de sus compañeros de promoción,

oriundos de la vida civil, alcanzar la graduación de general, lo que para usted parece constituir la meta de

todo militar, cosa en la que yo particularmente tampoco estoy del todo de acuerdo.

El tamiz

Estos suboficiales son, cuando menos, tan estudiosos como la media de la promoción de la que forman

parte, y mucho más sacrificados, pues en múltiples ocasiones se trata de personas casadas y con hijos, que

han de separarse durante cinco años —en el mejor dé los casos— de su familia para recluirse en un centro

de enseñanza, quedando sometidos a las severas imposiciones de la vida académica. Creo que se

cómprenme que para acceder a los altos escalones del escalafón haya de pasarse, como condición

primaria, por el tamiz de los estudios superiores, pues el prestigio de los propios escalones así lo exige,

independientemente de que ésta no sea condición necesaria y suficiente, sino sólo necesaria. No es lógico

que un suboficial que no pase por ese tamiz alcance el generalato, de la misma forma que resultaría

sorpréndente que un capataz «a secas», y entiéndaseme este «a secas» con la mejor de mis intenciones y

respeto para los capataces, llegase a erigirse en decano del Colegio de Arquitectos Superiores.

Apunte, por tanto, en su agenda de alternativas una más,´ suficientemente explicada a lo largo de este

comentario, con muchos años de rodaje y resultados positivos suficientemente demostrados, Se dará

cuenta de qué esta «nueva» alternativa no es sino la que usted designa como A y que parece ser la

propugnada por su grupo parlamentario. Me temo entonces que no estén descubriendo nada que no sea

del dominio público, o al menos que debiera serlo de aquellos que se consideran expertos en materias

militares.

 

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