Juraron sus cargos los miembros de la JUJEM. El Rey resaltó ante la cúspide militar los valores que deben regir la convivencia. 
 "Cumplimiento de la Ley, respeto a la libertad y culto a la verdad"     
 
 ABC.    17/01/1982.  Página: 1,7. Páginas: 2. Párrafos: 36. 

DOMINGO 17-1-82

NACIONAL

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El Rey resaltó ante ia cúspide militar los valores que deben regir la convivencia

«Cumplimiento de la Ley, respeto a la libertad y cuito a la verdad»

Juraron sus cargos los miembros de la JUJEM-

Emotivo agradecimiento al equipo saliente por su lealtad

El Rey exhorta a la nueva JUJEM a afrontar con decisión el futuro

«Debemos sentirnos fortalecidos y más conscientes y seguros del futuro que nunca»

MADRID. El Rey Don Juan Carlos recordó ayer, ante los miembros de la cúspide militar, «la suprema

necesidad del cumplimiento de la Ley, el respeto a la libertad y del culto a la verdad». Este nuevo y

trascendente discurso fue pronunciado por Don Juan Carlos en el acto de imposición de las grandes

cruces de Carlos III a los tenientes generales que han sido relevados en la Junta de Jefes de Estado Mayor,

poco después de que en el Palacio de la Moncloa juraran sus cargos los nuevos componentes del máximo

órgano de la cadena de mando militar. En sus palabras, el Jefe del Estado retomó las ideas fundamentales

que vertebraron su intervención en el acto solemne de la Pascua Militar celebrado hace unos días, y

resaltó la escala de valores por la que debe regirse la convivencia nacional. Exhortó a la nueva JUJEM a

afrontar con confianza y decisión su tarea en los próximos meses. «Hemos de sentimos fortalecidos y más

conscientes y seguros del futuro que nunca», dijo el Rey. Recalcó también la necesidad de comunicación

dentro de las Fuerzas Armadas y entre los máximos representantes de éstas con el Gobierno de la nación,

y en este sentido destacó el papel de los Consejos Superiores de los tres Ejércitos. Rechazó una vez más

de manera impl/cita los posibles intentos de intoxicación de la familia militar, subrayando que «no serán

admisibles los actos que, desatendiendo y eludiendo las vías naturales de exposición y comunicación,

puedan crear estados de inquietud o desorientación en la propia milicia y en la pacífica convivencia de los

ciudadanos en general». El acto de toma de posesión de la nueva JUJEM se había celebrado una hora

antes en el Palacio de la Moncloa, bajo la presidencia de Calvo-Sotelo, recordó la tarea que les espera

«será de continuar el proceso acometido por sus antecesores con su mismo espíritu y con la intención de

servir al pueblo español, a la indisoluble unidad ,de la nación española con pleno acatamiento a la

Constitución». Por su parte, él teniente general Lacalle agradeció los nombramientos por la confianza

depositada en ellos. Por primera vez los miembros de la cúpula militar juraron «guardar y hacer guardar

la Constitución». Inmediatamente después y en el Palacio de la Zarzuela, e! Rey impuso las condecora-

ciones concedidas a los tenientes generales Ignacio Alfaro, José Gabeiras, Emiliano Alfaro y almirante

Luis Arévalo. Asistieron al acto el presidente del Gobierno, el ministro de Defensa, la nueva JUJEM y los

Consejos Superiores de los tres Ejércitos.

DISCURSO DEL REY

Don Juan Carlos pronunció el siguiente discurso:

«Esta reunión con los Consejos Superiores de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, que tanto me satisface y

que quisiera poder celebrar con más frecuencia a través del año, coincide con un relevo importante que se

acaba de producir en la cúspide de la cadena del mando militar. Esa importancia, sin embargo, no resta

normalidad al hecho, pues es característica en la Milicia esta figura del relevo. Relevo de los que han

realizado un esfuerzo éneo-miable, de los que han alcanzado un destacado objetivo, de los que han

cumplido satisfactoriamente una misión. Por eso quiero iniciar mis palabras dando las gracias al

presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor y a cada uno de éstos, los tenientes generales Ignacio

Alfaro Arregui, José Gabeiras Montero, almirante Luis Aré-valo Pelluz y teníenle general Emiliano

Altara Arregui, que acaban de ser sustituidos, pues tendré siempre muy presente el acierto y la eficacia

con que han ocupado sus cargos durante un período en el que no han faltado las dificultades y los

momentos de tensión. Dificultades que han sabido vencer atinadamente y momentos de tensión que

superaron con la máxima lealtad a las Fuerzas Armadas, al Gobierno de la Nación, a su Rey y a España.

Mi gratitud, pues, para ellos, que, además, han sabido recibir con la elegancia característica en los

caballeros la decisión que les afecta. Y para ellos también el deseo de que la suerte y el éxito les

acompañen en ios futuros cometidos que se les encomienden, pues su experiencia, su capacidad y sus

conocimientos han de ser aprovechados en ei servicio de la Patria. A los que han sido designados para

sustituirles en sus puestos, la expresión de mi confianza y 4a esperanza de que continúan la labor iniciada

por sus antecesores, con el mismo tesón, igual disciplina e idéntica fidelidad a la institución que encarno,

e inspirados en todo momento por el amor a España. Mi enhorabuena más cordial a los tenientes

generales Alvaro de Lacalle Leloup, Ramón de Ascanio y Togores, almirante Saturnino Suanzes de la

Hidalga y teniente general Emilio García-Conde Cenal. No es que nos encontremos en los umbrales de

una España distinta, pues hemos de considerar que en las Fuerzas Armadas cada día es una continuación

del afán y el trabajo del anterior y un motivo de sucesiva perfección para el siguiente. Pero este nuevo

equipo que desde ahora va a ocupar la "cumbre" del mando militar de los tres Ejércitos, como

continuación de la labor de sus predecesores, ha de mirar con optimismo y decisión al panorama que se

les presenta, con la solución adecuada de difíciles perspectivas a las que habremos de enfrentarnos en

algunos aspectos, con la iniciación de negociaciones importantes en el. ámbito de la política militar

internacional y con el desarrollo de la reorganización en marcha. Todo ello exigirá una dedicación

especial, unos profundos estudios y una permanencia más prolongada en tan elevados cargos.

Estoy seguro de que con su espíritu, con su entrega y con la colaboración decidida y entusiasta de cuantos

están a sus órdenes, obtendrán ios resultados más satisfactorios. He recordado en estos días el momento

en que tuve el placer de reunirme con vosotros el pasado año, inmediatamente después de, que las Fuerzas

Armadas, con su serenidad y su buen sentido, dominaron unos acontecimientos delicados para ellas y para

España. Y os ponía de manifiesto en mis palabras la necesidad de reflexión y la conveniencia de meditar

detenida y profundamente sobre la propia conducta y sobre la conducta de las Fuerzas Armadas como

conjunto. Si siempre es necesario, hoy es más imprescindible que nunca ´comprender la situación de cada

uno y tener conocimiento per* fScto de los propios derechos y obligaciones como individuo y como

corporación. Y no ignorar las facultades que las disposiciones legales conceden a los demás para

observarías y acatarlas disciplinadamente. Es característica en la milicia que aquella persona u órgano

colegiado de quien se solicite opinión o asesoramiento los emita con la mayor lealtad o sinceridad. Pero si

la resolución no :se acomoda a la propuesta y los informes no son vinculantes, también es norma obligada

en el ámbito militar la de entregarse con entusiasmo a! cumplimiento de la orden recibida, que es preciso

asumir plenamente y sin reservas. Esta reflexión que ahora os pido, como máximos representantes de los

tres Ejércitos, la solicito asimismo —como hice en aquella ocasión— dé todas las autoridades, :de todas

las instituciones, de todos los estamentos sociales, de todas las fuerzas políticas, de todos los medios de

comunicación, que tan importante papel desempeñan en ja vida nacional y que de manera tan decidida

pueden contribuir a establecer su normalidad o a provocar su excitación.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hagamos examen de conciencia y llevemos también a la conciencia de todos la necesidad suprema del

cumplimiento de la Ley, del respeto a la libertad y del culto a la verdad. Os repito que, a mi juicio, estos

Consejos Superiores deben esforzarse siempre en recoger y reflejar el sentir —justo y reglamentariamente

manifestado— de cuantos componen las Fuerzas Armadas, para trasladarlo, con sinceridad y claridad, a

las autoridades del Estado que tienen a su cargo la gobernación del país y la dirección de la política de

defensa. Pero no olvidemos tampoco —e insisto mucho en ello— que esa información ha de ser mesurada

y correcta, formulada a petición de dichas autoridades o expuesta con serenidad cuando las circunstancias

generales lo aconsejen, sin dejarse influir por supuestos agravios personales o corporativos.

Recientemente tuve ocasión de recalcar esta necesidad de comunicación dentro de las Fuerzas Armadas y

entre los máximos representantes de éstas con el Gobierno de la nación. E insisto en ella porque estoy

seguro de que esta perfecta coordinación nos permitirá robustecer la unidad de los Ejércitos, que han de

engarzarse de manera perfecta en la organización del- Estado, a fin de conseguir el orden, la paz y el

progreso que todos deseamos para nuestra patria. Muchas y muy diversas pueden ser las posiciones y las

líneas de pensamiento y conducta en la sociedad que se define como pluralista. Pero no serán legítimos ni,

por tanto, dignos de aceptación, los propósitos que no arraiguen en la resuelta voluntad de servir a España

dentro del ordenamiento legal que los propios españoles han establecido. Tampoco serán admisibles los

actos que, desatendiendo o eludiendo las vías naturales de exposición y comunicación, puedan crear

estados de inquietud o desorientación en la propia milicia y en la pacífica convivencia dé los ciudadanos

en general. Ante el porvenir hemos de tener plena confianza en nosotros mismos y en las instituciones,

con la seguridad de que cualquier obstáculo será vencido y la justicia se impondrá en todos los aspectos.

En, el año que acaba de terminar a todos nos ha correspondido vivir momentos que no podemos dejar de

recordar como origen de lección y de experiencia. Hemos tenido ocasión de defender la convivencia

nacional, la integridad social, el vigor de las instituciones refrendadas democráticamente y la unidad de

las Fuerzas Armadas.

CONFIANZA EN EL FUTURO

Por mi parte, en la labor que me ha correspondido os aseguro que no me he sentido nunca solo. Las

circunstancias resueltas por vuestro tesón en torno al Rey han probado que la Corona tensa y fortalece los

deseos nacionales de superación, pacifica las divergencias, responsabiliza a los poderes sociales y asume

con capacidad de permanencia el modelo de vida en el que nos comprometimos y para el que hemos

obtenido las adhesiones y los testimonios más resueltos. Esta es la hora, por consiguiente, de no quedar

detenidos por las cicatrices ni por el natural resentimiento que las adversidades hayan podido producir,

sino para que precisamente por ellas nos sintamos fortalecidos y más conscientes y seguros del futuro que

nunca. Con esta confianza, yo quiero ofreceros a todos un abrazo abierto y sincero,; para que lo hagáis

extensivo también a vuestros subordinados, que considero aquí representados por vosotros. Muy

especialmente quiero abrazar a los que habéis cumplido vuestra misión con la mayor dignidad, con

disciplina ejemplar y con una lealtad que no olvidaré nunca. Y así voy a hacerlo al imponeros las grandes

cruces de la Orden de Carlos III, de que os habéis hecho acreedores los tenientes generales Ignacio Alfaro

Arregui, José Gabeiras Montero, almirante Luis Arévalo Pelluz y teniente general Alfaro Arregui.

Muchas gracias a todos y mi esperanza de que repitamos cuanto sea posible estas reuniones. Y como

resumen de mis pensamientos, como compendio de mis sentimientos de siempre, un sola palabra: España.

Ella nos define y nos engrandece. Con ella debemos sentirnos crecidos y comprometidos. No la

defraudemos jamás.»

 

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