Autor: M. A. A.. 
   En sillas de tijera     
 
 El País.    31/05/1982.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

NACIONAL/17

En sillas de tijera

M. A. A.

El algún lugar se ha escrito que los poderes fácticos, después del veredicto de las urnas en Andalucía el

pasado 23 de mayo, han dejado de considerar a Leopoldo Calvo So-telo como interlocutor válido y

vuelven sus ojos hacia el líder aliancista, Manuel Fraga. Desde el punto de vista del protocolo, el análisis

del desfile celebrado ayer domingo en Zaragoza, parece confirmar esas apreciaciones, al menos en cuanto

se refiere a la desconsideración prestada hacia el presidente del Gobierno, a quien corresponde el mando

sobre las Fuerzas Armadas y la presidencia de la Junta de Defensa nacional. Las fotografías de ocasiones

anteriores —en Barcelona, Valencia, Sevilla y Madrid— permitirán evaluar la magnitud de la

ostergación inferida al jefe del poder ejecutivo, en el Paseo de la Independencia de la capital aragonesa.

Es discutible si las máximas autoridades del Gobierno, así como, los presidentes del Congreso de los

Diputados y del Senado y los del Tribunal de Garantías Constitucionales y del Supremo, deben asistir a

una parada militar, como la del Día de las Fuerzas Armadas, de pie o sentados. Pero en atención a la

dignidad de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial que encarnan, les correspondía, en todo caso, una

situación preferente que no se vio plasmada en la tribuna reservada para ellos el domingo. Y si la tabla

señalaba que se les debía dar asiento, la solemnidad de la ocasión rechazaba de plano que fuera en sillas

de tijera, casi con los pies al aire. Y estas observaciones cobran mayor fuerza si se tiene en cuenta que el

presidente y los miembros de la Junta de Jefes de Estado Mayor encontraron este año acomodo dentro de

la propia tribuna del Rey y su familia. Ni siquiera se cuidó de evitar que la silla plegable adjudicada al

presidente del Gobierno quedara situada precisamente detrás de una de las farolas del paseo. Y no

hablemos del puesto asignado a las autoridades autonómicas aragonés que nadie acertó a divisar.

Hace varias semanas alguien que siempre estuvo atento a velar por el pleno reconocimiento dé la

dignidad correspondiente a los po-deres constitucionales advirtió preocupado sobre la necesidad de cuidar

la disposición de las tribunas en el desfile previsto en Zaragoza. No se ha hecho, abandonando la cuestión

como si se tratara de una incumbencia personal del capitán general de la región, Luis Caruana. Ese mismo

abandono debió caracterizar la supervisión de los pormenores del homenaje a la bandera, celebrado el

sábado en la plaza del Pilar, porque de otra manera no encuentra explicación la pobreza de los textos

elegidos a los que se dio lectura por los altavoces. Fuera de estos detalles el desfile fue impecable y la

respuesta del pueblo de Zaragoza, espléndida.

 

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