Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   El caso Almería     
 
 ABC.    14/06/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EI caso de Almería

Hoy empieza a verse la causa de Almería en medio de la alharaca del Campeonato Mundial de

Fútbol. Hoy empieza en la misma Almería el juicio por la muerte de tres muchachos, Luis Cobo,

Luis Montero y Juan Mañas, cuando estaban en manos de la Guardia Civil, que, al parecer, los

confundió todo é! tiempo con etarras, hasta que murieron. Porque el hecho es que murieron a

tiros y aparecieron carbonizados. Recordamos vagamente la impresión de aquellas tres

muertes, la reconstrucción del sucesorias diligencias, las acusaciones, las exculpaciones, las

fotos, las temerosas y no siempre oportunas divagaciones en torno a las formas históricas de

represión en Andalucía —no muchos meses después presencié la de unos obreros de la

industria en el pueblo almeriense de Carboneras—; aquellas idas y venidas a una especie de

caseta o casamata donde se sospechaba que las víctimas habían sido interrogadas, las

manchas de sangre, el examen del terraplén por donde se precipitó o fue precipitado el coche

que transportaba a los detenidos. Pero la verdad es que recordamos nada más que un

recuerdo, imágenes de la memoria. Ahora recordamos la última vez que recordamos aquello,

como hubiera dicho el padre de Jorge Luis Borges, que era bor-giano. ¿Cómo aprenderíamos a

mantener algo en un continuo presente quienes estamos condenados a trascurrir, a envejecer?

Las familias de los muchachos muertos desconfían de que los hechos se aclaren, y el abogado

que lleva |a acusación particular está escandalizado de que el teniente coronel Castillo Quero,

a quien se te piden cuarenta y cinco años de cárcel, cumpla en su domicilio la prisión

preventiva y, además, bajo la vigilancia de sus propios subordinados. El defensor del teniente

coronel dice, por el contrario, que es una situación legal, porque esa fue la determinación, legal,

del capitán general de Granada. Sería estúpido negar que existe en la mayoría dé los

españoles una suspicacia hacia la Guardia Civil, y más estúpido aún decir que no tiene

fundamento. Pero ya no corresponde a los ciudadanos deshacer esa suspicacia, sino a la

Guardia Civil misma "y, en último término, al Estado. Desde el teniente coronel Castillo Quero

hasta el teniente coronel Tejero Molina, cada uno de ellos con su específica cualidad de

provocación de conflicto, a lo que hay que añadir la «obediencia debida» de los números,

irremediablemente las razones para ia suspicacia son sólidas, y no sería justo ni convincente

arrojar esas razones a ia penumbra insistiendo en un equívoco que de vez en cuando estalla,

cada vez con mayor virulencia. No sería justo y conveniente para nadie, y menos para la

Guardia Civil, Porque acaso la Guardia Civil se ve atenazada entre las viejas ordenanzas de la

Guardia Civil caminera y la comprensión moderna, en general, del derecho público´ e incluso de

algunas de sus normas positivas. Y todo el sacrificio, disciplina y generosidad en el

cumplimiento del deber, que han sido las notas características de la Guardia Civil, junto con los

esfuerzos inteligentes de modernización que realiza el teniente general Aramburu Topete,

pueden esfumarse si la Guardia Civil continúa manteniendo unas fórmulas de acción que en

estos tiempos no son otra cosa que un negativo de su auténtica faz.—CANDIDO.

 

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