Ejército y política     
 
 Ya.    26/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

26-X-76

EPITOMA

EJERCITO Y POLÍTICA

LAS declaraciones del teniente general Gutiérrez Mellado, vicepresidente primero del Gobierno para la

Defensa, tienen Jos parten una, sobre la situación política general, y otra, relativa al Ejército) la primera

parte e* muy interesante, pero, naturalmente, es la segunda la que interesa más, dada la personalidad del

declarante.

El teniente general Gutiérrez Mellado desea que no vuelva jamás la guerra civil, que la moderación

prevalezca sobre el extremismo, que se aproveche lo bueno del pasado, pero que se construya el marco

político nuevo; ha señalado la amplitud de este marco (el pluralismo, porque nadie tiene toda la razón), ha

fijado los límites (la violencia no puede admitirse bajo ningún concepto), y al precisar esto ha prestado un

buen servicio a la inmensa mayoría de españoles sensatos, que sé han visto fielmente expresados en esas

palabras.

PERO se trata, además, de un militar prestigioso, y aunque se ha apresurado a aclarar con discreción y

oportunidad que no puede hablar en nombre del Ejército, creemos que la generalidad de sus compañeros

de profesión suscribirían sus palabras.

PUES ha dicho que el Ejército no está para hacer política ni quiere hacer política y que a él le gustaría

"que nos dejasen un poco más tranquilos". A nuestro juicio, es la aspiración de un Ejército que se

considera al servicio de la nación, pero no de esta o aquella opción concreta de Gobierno. La

consecuencia rigurosamente lógica es su despolitización, que, naturalmente, como ha puntualizado el

teniente general, no excluye las opiniones personales, pero exige que cada militar se olvide de ellas

cuando se pone el uniforme por Imperativo de la "unión sin fisuras" ni "baches generacionales" que debe

caracterizar a la gran familia castrense. Recuérdese que hubo guerra civil porque la política entró en los

cuarteles y el Ejército se dividió.

TERMINEMOS con una reflexión. Escribía BaImes, hace más de un siglo, que el poder civil no es flaco

porque el militar sea fuerte, sino a! contrario: el poder militar es fuerte cuando el poder civil es flaco. Es

el mismo pensamiento que el historiador norteamericano Payne obtiene de su largo estudio sobre los

militares y la política en la España contemporánea: el Ejército se convirtió en factor fundamental de la

política, no tanto por ambición de los militares como porque se creó un vacío de poder que alguien tenía

que llenar.

UNA buena política excluye por sí misma todo peligro de militarismo; una política irresponsable lo atrae.

Realícese serenamente la evolución política que el vicepresidente primero del Gobierno ha expuesto y

esos temores que a veces saltan a las páginas más sensacionalistas de la prensa se quedarán sin base.

Cuando la mesa está bien asentada, nadie piensa en volcarla.

 

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