Autor: Marco Linares, Victoria. 
   Majestad, ejército y democracia     
 
 El Alcázar.    28/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Majestad, ejército y democracia

Es bien evidente que quienes mes invocan la democracia son los primeros en atacaría si eso /es conviene,

igual que se cultiva el desatino y la injusticia como provocación al Ejército.

Pero aun así causa perplejidad cierta noticia publicada en un diario de Las Palmas, según la cual se

anuncia, bajó el pretexto de dar allí una conferencia, la posible visita a Fuerteventura de quien, al ser

juzgado recientemente por un Tribunal Militar, dejó de ser el comandante Otero para convertirse en señor

Otero.

Aquel que durante el juicio según dicen testigos presenciales afirmó que antes de un año sería éste quien

estaría en el banquillo y él quien los juzgaría, o unas palabras con el mismo sentido; pues, que nosotros

sepamos, ninguno de los periodistas autorizados a presenciar el juicio aludió a ellas en sus crónicas,

probablemente porque, no existiendo ya censura de Prensa, se ha perdido el acicate de la indiscreción

periodística y no hay referencia publicada que permita repetirlas aquí de forma más exacta.

Ahora bien, la llegada del señor Otero a Puerto del Rosario, donde la presencia de la Legión y el gran

número de familias legionarias debe aproximarse al porcentaje de la población civil, es una abierta

PROVOCACIÓN al Ejército, porque ANTE TODO ES ATENTATORIO A LA MAJESTAD REAL,

cuya magnanimidad se pretende convertir en injusticia para volver en su contra, aprovechando que su

amor a España y a todos los españoles intenta hacer conciliable que conformara unos no sea

necesariamente disgustara otros.

Como va se pretendiera hace un año, con su visita al Sahara, en la que espontáneamente arriesgaba tanto

sin esperar nada, puesto que ya contaba con el Ejército, cuando, tras su promesa, se intentó por todos los

medios convertir el orgullo en vejación para destruir asila fuerza del binomio Monarquía y Ejército.

Por ello, no deja de ser alarmante oír que se vuelve a invocarla disciplina sin razón aparente para aludir a

ella, cuando hacerlo es como reconocer que pueden necesitaría quienes han dado siempre ejemplo de ella.

Y no deja de ser alarmante, pues da que pensar lo que se puede estar incubando igual que con la venta del

Sahara, cuando al comprender que no se contaría con la "complicidad" del Ejército, se procuró hacer de la

disciplina una especie de anestesia neutralizante con la que adormecerte.

y, sin embargo, ahora puede ser justa esa exigencia déla disciplina porque, al hablar tanto de democracia

—aunqué pocos la entiendan, a juzgar por la disparidad de conceptos con que se la define—, si en líneas

generales democracia es una mayor justicia, serla infamante, incluso, una medida ígúalatoria dentro del

propio Ejército, sin diferenciar a leales ni a rebeldes, al que jamás se desvió del deber o al que se puso un

precio y olvidó la lealtad jurada, pues esto sí que no sería ejemplar, ni estimulante, ni mucho menos

democrático.

Pero al mismo tiempo, lo contrario sería una discriminación, y una discriminación a la inversa, por tanto,

lo más humillante, porque irla precisamente contra aquellos que dentro de la carrera de las armas la

eligieron sabiendo que el servicio a la Patria es vocación de renuncia y no una inversión rentable.

A menos, claro está, que alguien quiera cultivarla injusticia para aniquilarlos conceptos del deber y la

lealtad, por peligrosos e inoportunos, invocando en cambio la disciplina y exigiendo siempre a los

mejores un "más todavía"insaciable, mientras que en otros casos las amnistías conciliatorias pueden

manipularse como estímulo de impunidad.

Porque amo en el Rey y el Ejército a la más arta representación de mi Patria, yo apelo al cumplimiento de

esas leyes que mantienen su imagen inatacable, y, con el derecho que me asiste como a un español más,

denuncio, aquí y ahora, este doble atentado con que se quiere transformarla clemencia real en injusticia

para atacar la dignidad de las Fuerzas Armadas, que, por ser la garantía de nuestra continuidad en la

Historia, son el primer objetivo de cuantos, hablando de olvido y clemencia, río han sido capaces de

perdonar la nuestra.

Victoria MARCO LINARES

 

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